Torrijas de carnaval

¡¡¡Qué ya llegaron los carnavales!!!!! Y una siempre empieza por pensar en el disfraz, primero me subo al altillo a ver que rescato de otros años después te vas poniendo de acuerdo con el grupito a ver que se nos ocurre y a medida que van pasando los años, vas tapando piel y recortando presupuesto. Sobre todo y por encima de todo la comodidad tiene que ser lo primero y que además seamos capaces de combatir el frío porque no me voy a volver a casa hasta que no me apetezca. Luego quedan los disfraces de mis tres hijos. A ellos ya se les ha pasado la fase de súper héroes y me encanta observar su evolución, el mayor ya quiere vestirse con su equipo, todos de mujer y lo mismo se convierten en un ejército de hadas del bosque que en animadoras de la NBA.  El más pequeño aún está dudando pero es curioso como aparecen personajes por casa como Mario Vaquerizo que cualquier avatar del Fornite o que le da por intentar convertir en disfraz un cartucho de papas del Mc Donalds. Lo que les digo, pura evolución. Bye bye Superman, Los Piratas del Caribe o el Increíble Hulk.Con la adolescente son otros asuntos. O sale guapa o no sale. Ella y todas las que la acompañan. Eso sí, la ilusión y las ganas son igualitas para todos. Y yo me sigo maravillando por lo transversal de nuestras fiestas, porque cabemos todos, porque nos divertimos todos y porque somos capaces de convertirnos durante ratitos en aquello que no somos y quizás no seamos nunca. Sin ensayos ni guiones.

Ya tenemos acampando en el salón el costurero, las tijeras buenas, esas que tengo que esconder para que no me las quiten y acaben recortando trabajos de plástica y me las dejen llenas de pegamento y ya se ven los restos de hilos por todas partes. También hemos salido ya dos veces a comprar tubitos para la pistola de silicona.

Entre tanto mi hijo el pequeño me pregunta –Mamá ¿y este año no hay torrijas? Y es que son pocos todavía los carnavales sin mi abuela. Reconozco que pago aún un alto precio en tristeza cuando cocino sus recetas, pero es que no nos saben los carnavales sin sus torrijas y entonces saco la libretita donde llevo apuntado todo lo que ella me enseñó. Empiezo a leer y de las letras salen los olores y la memoria se me llena de imágenes de aquellas tardes que se convertían en una fiesta improvisada. Mis primas aparecían con el tupper vacío (mi abuela jamás prestaba un tupper) y se los llenaba de torrijas. Terminaba cansada y con dolor de rodillas pero con la sonrisa más bonita del mundo puesta en su cara.

Y es que mi hijo tiene razón, hasta que no hacemos las torrijas, no empiezan para nosotros los carnavales porque son el olor y el sabor de estas fiestas…. Y mucho me temo que esta tradición ya ha calado en los míos y que así seguirá siendo, espero que por mucho tiempo más.

Por este orden, preparamos las torrijas, terminamos los disfraces mientras mojamos la torrija en miel de la virgen del Carmen, nos pintamos y a la calle que ya mi abuela me lo decía, al carnaval hay que dejarlo venir como viene que cada cual se disfraza del disfraz que le conviene

INGREDIENTES:

– 6 Huevos
– Entre 400 ó 500 grs de harina de esponja
– 1/2 kg de Azúcar blanca
– 1/2 lt de leche
– 1 cuchara tamaño postre de Canela molida
– 1 cuchara tamaño moka de Anís
– La ralladura de 2 limones, sin parte blanca
– El zumo de un limón exprimido
– Aceite de oliva para freírlas
– Miel negra (de la Virgen del Carmen) opcional

 

Esta es una receta de lo más sencilla pero como hay que decir toda la verdad, advierto que es un poco pringosa. No por nada en especial, sino por el hecho de estar friendo las torrijas de una en una. Pero también hay que decir que una vez las pruebas, el trabajito no pesa.

 

Ayudándonos de una batidora potente con un vaso de capacidad suficiente, vamos echando todos los ingredientes. El orden, primero batiremos los ingredientes líquidos aunque me gusta batir primero los huevos solos y después incorporo el resto de líquidos. Esto es, bato los 6 huevos y acto seguido incorporo el ½ litro de leche y el zumo de un limón exprimido. Volvemos a batir. Una vez quede todo integrado incorporo el ½ kilo de azúcar y vuelvo a batir y ya por último el resto de ingredientes y sigo batiendo hasta que tengamos una mezcla con consistencia algo más espesa que un puré, procurando que no queden grumos.

Si la vemos muy líquida, iremos incorporando a poco, cucharadas de harina y batiendo cada vez, hasta obtener la consistencia idónea.

Cuando ya tengamos la masa en su punto, ponemos en una sartén con buen fondo y buen diámetro, como dos dedos de aceite a calentar con precaución de que no se nos queme. Echamos dentro de la sartén un trocito de cáscara de limón (no me pregunten el por qué porque es un truco de abuela)

 

 

Cuando ya esté caliente, ayudándonos de un cucharón para sopa, lo llenamos hasta la mitad con la masa y apoyándolo en la sartén, vamos echando la masa en el aceite caliente. Así una a una. De cada cucharón de masa saldrá una torrija.

Vamos dejando que se doren y para saber que ya está el punto exacto para darle la vuelta, este será cuando los bordes se reviren hacia arriba del calor.

Y una vez doradas por ambos lados, las colocamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite y listas para comerlas. Calientes o frías. Con miel, con azúcar glass, con mermelada, con lo que nos dé la gana.

 

10 opiniones en “Torrijas de carnaval”

  1. Vane, la corteza del limón es para que no se quede aceitosa la tortita. Mi abuela lo usaba también para freír los bollos y los rosquetes, además, el aceite coge gusto.
    Cuando quieras te alcanzo un par de taper

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.