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Amores perversos

Martillo, Maza, Herramienta, Sorprendente, Golpear

 

1.- QUÉ SON? ¿EN QUÉ CONSISTEN?

 

En general podríamos decir que son aquellas relaciones que restan y no suman. Aquellas relaciones que cambian psicológicamente a uno de los cónyuges o pareja. Quitan el alma y cambian la manera de ser de la otra persona.

Si se entiende por amor el dar dentro del marco de una relación de colaboración. Los amores perversos, tóxicos son aquellos que le dan la vuelta al significado del amor subvirtiéndolo para convertirlo en algo para su estricto beneficio, causando perjuicio a la otra persona, de ahí la perversión, de tal manera que el amor se convierte en un autoritario recibir, en ocultaciones y mentiras, en ninguneos, en faltas de respeto que pueden llegar a ser muy sutiles; en críticas personales rosando la humillación y el maltrato psicológico.

En definitiva, el amor se pervierte en odio que es esa aversión a la persona “amada” o más bien escogida, a quien se le desea el mal por el hecho de ser aquello que uno/a desearía ser pero no puede. Ese odio se expresa a través de una indiferencia que no es ausencia de respuesta, sino que transmite un mensaje agresivo que indica que “importa poco”. Es una indiferencia fría.

Estos amores perversos, los definiría como aquellos amores basados en depredar a la otra persona, ya sea por el placer de hacer daño o para sentirse superior o a la altura, de una manera ególatra o para engrandecerse, ensalzarse.

Son fundamentalmente relaciones asimétricas, desiguales, muy estereotipadas en cuanto a los roles, basadas fundamentalmente en la manipulación y el control. En ellas se da el maltrato psicológico fundamentalmente pero también, raro, el físico.

Son amores que generan mucho sufrimiento, en donde hay un verdugo y una víctima.

Dentro de estos amores, no sólo incluyo las relaciones con las personas llamadas depredadores emocionales o vampiros, sino también aquellos amores clandestinos propios de las relaciones ocultas que se dan en la infidelidad y ello, fundamentalmente por estar basadas en el engaño, la mentira, la ocultación y la manipulación de la información fundamentalmente.

Estas personas depredadoras son muy seductoras, superficiales y aparentemente simpáticas. Tienen un magnetismo muy particular. El contacto visual es hipnótico. Pero en el fondo tienen dos caras como Dr. Jeckyll y Mr. Hide. Son personas frías, carentes de emociones, arrogantes, orgullosas, soberbias, dominantes. Se aburren fácilmente y tienen un estilo de vida en general parasitario y promiscuo. Destaca su tacañería y su victimismo. En estas personas hay mucha mentira, coqueteo, triangulación y encabalgamiento, es decir, enlazan unas relaciones con otras.

Este tipo de relaciones son en realidad círculos viciados en donde se repiten una y otra vez los mismos conflictos sin llegar a ninguna solución porque la única solución es dejarlo, soltarlo.

Son relaciones dependientes, en las que ambos cónyuges dependen fusionalmente el uno del otro.

La persona víctima tiene como una especie de deuda de reconocimiento: piensa que “un día se dará cuenta de su amor y de cómo la quiere…“ pero es un juego perverso. Debe renunciar a ese ideal, a ese juego, a esa necesidad de reconocimiento. No debemos esperar que las otras personas sean nuestro espejo en quien mirarnos.

Muchas veces se confunde amor con complacer a la otra persona, con gustar, con agradar. No se puede satisfacer a la otra persona, hacerla feliz. No es algo que nos compete.

2.- CARACTERÍSTICAS DISTINTIVAS DE ESTE TIPO DE RELACIONES

Una de las características más distintivas es la intermitencia. Amores “ni contigo ni sin ti”. Relaciones “montaña rusa” altamente estresantes, adrenalínicas y adictivas. Relaciones caracterizadas por constantes rupturas y reconciliaciones o cíclicas idas y venidas. Relaciones adictivas en las que un miembro de la pareja, normalmente más enganchado, piensa que no puede dejarlo, a pesar de intentarlo en numerosas ocasiones. Son relaciones que oscilan entre la seducción y la decepción. Amores fusionales en donde la víctima frecuentemente deviene codependiente, es decir, intenta cuidar, cambiar al otro, ayudarlo y protegerlo, aún a costa de ella misma. Son relaciones en donde no hay distancia, relaciones confusas en cuanto que no se sabe bien donde comienza uno y acaba el otro. En general, uno de los cónyuges se eclipsa para que el otro ocupe toda la escena. El protagonista siempre es el otro. Es Eco, la pareja de narciso. Relaciones sin exterior, sin referencias: solos tu y yo. Relaciones aisladas. Relaciones no reciprocas, muy castigadoras. Basadas fundamentalmente en promesas y esperanzas que nunca se cumplen.

Inducen en la persona cónyuge celos y estas personas se vuelven detectives pues sienten que algo no va y tienden a averiguarlo. Su carácter les cambia: dejan de ser ellas mismas; “no se reconocen”.

Son relaciones tensas, que provocan mucho sufrimiento y que consumen mucha energía. Relaciones de poder, es decir, que el poder lo detenta uno de los componentes de la pareja. Relaciones altamente disfuncionales al ser posesivas, manipuladoras, culpabilizantes, hirientes, controladoras. Relaciones basadas en la mentira, la instrumentalización o cosificación del otro, en un exceso de idealización, en el miedo al abandono sobre todo.

Actitudes clásicas:

– Le molesta que pases tiempo con tus amigos o familiares.

– Controlalos gastos personales, lleva un control innecesario sobre tus cuentas bancarias, o te pide explicaciones sobre tus facturas.

– Investiga redes sociales y teléfono móvil.

– Pregunta constantemente por horarios y planifica la vida sin pedirte opinión.

– Cuando hace un favor, exige que compensación, a veces inmediatamente.

– Menosprecia y da a entender que sin él/ella no serías nadie ni podrías seguir adelante.

– En reuniones familiares o con amigos, evitas emitir tu opinión sobre algo por miedo a que vuelva a reprenderte o a cuestionarte o criticarte.

– Trata con un exceso de paternalismo.

– Se mete con la forma de vestir, intenta influir de malas maneras para que cambies tu estilo, etcétera.

– Hace lo posible por restarle importancia a méritos y virtudes.

– Le quita importancia a los problemas que se expresan, minimizándolos y diciendo frases del estilo “eso no es para tanto”, “no te quejes por vicio”, etc.

– Tener que ceder siempre en las discusiones, porque en caso contrario puede estar días sin dirigir la palabra.

– Culpabiliza de problemas que tiene en su vida laboral o con otras personas ajenas a la relación.

– Siempre está recordando todos los fallos y errores cometidos en el pasado.

– Has dejado de contarle los problemas de pareja a tus familiares, amigos y allegados porque sabes que si él/ella se entera, montaría en cólera o por vergüenza.

– Evitas explicarle los problemas o hablar sobre ciertos temas con él/ella porque sabes que se lo tomaría mal o no te va a entender o escuchar.

– Se dirige a ti con exigencias y malos modos muy frecuentemente.

– Toma decisiones que afectan a ambos sin pedir tu opinión, e incluso sin informarte.

– Notas que mantienes relaciones sexuales con él/ella a pesar de que no tienes muchas ganas, solo por complacer sus deseos o para evitar que se enfade.

– Te chantajea o exige que realicéis prácticas sexuales que no te gustan.

– Te compara con otras parejas sexuales de su pasado.

3.- ¿CÓMO DEPREDAN?

En general comienzan por la seducción que es un proceso de gemelización en paralelo con el aislamiento. A nivel familiar puede ocurrir dos cosas: o la aleja o también seduce el entorno provocando un aislamiento en la persona víctima.

Después, una vez atrapada la victima como en una telaraña, continúan con un continuo deterioro en la autoestima, generando dudas sobre la eficacia y el propio valor de la persona cónyuge.

Los mecanismos pueden ser tan perversos que llegan a generar problemas con el único objetivo de presentarse como los salvadores de la situación provocada. Generando así una fuerte dependencia emocional y mucha angustia de abandono pues amenazan con ello pero de manera muy soterrada.

A esto le sigue toda una serie de técnicas de abuso psicológico como el desprecio, el ninguneo, el ignorar mensajes, los insultos. Todo es muy sutil.

Utilizan muy frecuentemente el sexo como forma de enganche.

En múltiples ocasiones, utilizan la técnica de alejamiento. Desaparecen sin dar explicaciones elevando así la ansiedad y la angustia de abandono, haciendo parecer a la otra persona como una persona posesiva, desequilibrada, celosa. No contestan al teléfono ni a los mensajes hasta pasado un tiempo que puede variar de horas hasta días.

En la persona víctima se va produciendo un proceso de deterioración muy marcado. Empieza por dudar de las propias percepciones, la capacidad de análisis y de toma de decisiones queda bloqueada. Rápidamente, una vez seducida, la autoestima se deteriora y hay una desvalorización de una misma. En la víctima empieza a haber una desorientación o confusión entre lo que está bien y lo que está mal. La autonomía se pierde, perdiéndose también hábitos y costumbres. La pérdida de autonomía afecta muy a menudo a las finanzas porque o bien estas personas manipuladoras y parasitarias toman el control de la economía del otro o porque piden prestado dinero o porque las personas cónyuges van acarreando con todos los gastos. Y así hasta una anulación casi completa. La vida gira en torno a la persona depredadora.

La relación presenta así dos caras como las del depredador: una pública perfecta, seductora, amorosa, educada incluso. Y luego otra completamente distinta de puertas para adentro en donde destaca la frialdad, la falta de empatía, la irritabilidad incluso, la falta de comunicación de sentimientos, las humillaciones y vejaciones. No hay intimidad relacional porque se ocultan. Puede llegar a maltratar a la mascota de su pareja.

4.- SEÑALES

La principal señal es el malestar, el sufrimiento.

Duda

Se produce un estado confesional de duda sobre la realidad, los hechos. “me estaré volviendo loca?”

Gaslighting

Técnica que consiste en hacerte creer que has dicho o hecho algo que ni has dicho ni hecho. Con tal seguridad llega a hacerte creer cosas que no han sucedido. Así algunas víctimas llegan a presentarse a terapia con conversaciones o watsaps para que el terapeuta las lea y le convenza de que no está loca.

Es imponer una forma de sentir y de ver los hechos cuya finalidad es hacer dudar, quedar bien y que la otra persona sea el defecto.

Deformación comunicacional

Todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra. Todo es deformado, amplificado, información retenida que repentinamente la saca para demostrar lo que quiere demostrar. Esa profunda sensación que les queda a las victimas de vivido vidas paralelas o hechos paralelos; de no estar hablando de lo mismo. La persona victima de esta manera de comunicar, rápidamente duda de sí misma y siente que se está volviendo loca.

Pasar su agresividad por humor

Este mecanismo es típico. Se ríe, humilla, ridiculiza, critica bajo formas de humor, dice. La víctima percibe algo extraño, raro… pero bloquea ante su explicación sobre el humor.

Va a ignorara todo lo que sea del orden del éxito.

Todo aquello que te haga sobresalir, lo va a ignorar… ¿y? Y minimizar si necesario. No hay reconocimiento ni acompañamiento. Al contrario, si te va mal, mejor.

Culpabilización

Estar con una persona así, es estar constantemente tenso y pidiendo perdón casi por existir. Te sientes culpable, avergonzado… Es como si no pudieras ser tu misma/o.Todo es tu culpa.

La persona manipuladora siempre echa la culpa al otro. No asume ninguna responsabilidad de lo ocurrido ni se arrepiente de nada. Te hace responsable de todos sus problemas. Todo lo malo que ocurre es por tu culpa. No pide nunca ni perdón ni dice lo siento.

  1. – ¿ CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

Este tipo de personalidades, de personajes, si bien no violentan físicamente en general, aunque pueden llegar a hacerlo, empujan a la otra persona a autodestruirse, ya sea por enfermedad, depresión y suicidio. Son los cuadros sintomáticos más frecuentes en las víctimas.

Dependencia y sumisión

La dependencia es esperar que la otra persona nos envíe una imagen positiva de nosotros/as mismo/as porque muy a menudo, algunas no tienen esa imagen positiva y la esperan. Esperan un reconocimiento que nunca llega. Y en este esperar es donde uno/a se pierde y se vuelve en cierto modo sumiso.

La dependencia es la existencia reducida a la mirada del otro. Uno se hunde y se ahoga en la mirada del otro. Es depender de la otra persona para existir.

Bloqueo en la acción

Por una lado, la persona quiere huir, salir corriendo para no volver más, cansada de tanta humillación, de tanto maltrato, de tanta duda, de tanta inestabilidad afectiva, de tanta locura. Pero por otro lado, la persona quiere permanecer puesto que la esperanza parece ser lo último que se pierde.

Somatización

Estar constantemente enferma o con dolores constantes de espalda, cabeza. Dolores y malestares que generalmente desaparecen por completo cuando se acaba la relación.

Depresión reactiva

La depresión grave o severa es quizás la reacción más frecuente que encontramos los profesionales, tras este tipo de relaciones, causando bajas laborales de larga duración cuando no, cambio de puestos o de empleo mismamente.

Suicidio

Cuando hablamos de suicidios, tenemos que distinguir los intentos de suicidio de los suicidios fallidos, por así decirlo. Pues bien, encontramos más suicidios fallidos en este tipo de personas que intentos de suicidio. Al menos esa es mi experiencia. También encontramos ideas suicidarías en este tipo de personas que han estado muchos años al lado de este tipo de personas perversas.

TEPT : Trastorno de estrés postraumático

Uno de los cuadros psicológicos más comunes y peor diagnosticados son los cuadros de estrés postraumático.

Tenemos que empezar a entender estas relaciones como altamente traumáticas. La persona ha sido usada y abusada. Y el despertar de esta pesadilla es profundamente doloroso.

La persona víctima de este tipo de relación y personas, se ha sentido secuestrada; atrapada sin salida y sin posibilidad de defenderse. Por eso el suicidio como salida a este indefensión gradual.

Destacan los flashbacks o visualizaciones recurrentes. Muchas imágenes invasivas llegan a la mente copándolo todo.

El insomnio, las pesadillas, la irritabilidad, la hipersensibilidad, la hipervigilansia (estar en alerta), la apatía y el descuido personal.

Otros síntomas a destacar:

La pérdida de la capacidad de concentración y de memoria

La persona está embotada, como en una nube de irrealidad. Entre el sueño y la realidad. Se llama despersonalización. No puede concentrarse, no entiende lo que lee. No retiene o retiene de manera selectiva, como una especie de amnesia.

Aislamiento social, personal y profesional.

Angustia y miedo al futuro

Este angustia se suele manifestar por ansiedad crónica o ataques de pánico. La persona está tensa como en alerta.

Obsesión

Las personas víctimas, tras terminar la relación, están como obsesionadas. Quieren entender lo que ha pasado dada la gran confusión. Pero aún así intentan entender a ellos y no a sí mismas. Están totalmente focalizadas en la otra persona.

Sigue pendiente de watsaps, Facebook u otras formas de mantener el contacto.

Culpabilidad

Muchas veces, las personas atrapadas en estas relaciones aún cuando han acabado, aún se plantean: si hubiera podido hacer más, si hubiera aguantado. Igual no era tan grave, igual es que yo lo malinterpreto.

 

 

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Desmitificando la infidelidad

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Alrededor de la infidelidad giran ciertos mitos que habría que deshacer, porque empujan a errores y distorsiones cognitivas que confunden aún más la situación.

1) El primero —y quizás el más importante y extendido— es que la infidelidad es cosa de pareja. La persona traicionada no puede ser bajo ningún concepto la causa de la infidelidad de su pareja: «El traicionado no puede hacer que ocurran aventuras» (Pittman, 1994). Y la misma lógica se aplica para las dificultades matrimoniales, las cuales —particularmente durante la infidelidad— son grotescamente distorsionadas y exageradas (ibíd.). Por lo que se impone, siguiendo la lógica, que una gran parte de la terapéutica de la infidelidad recaiga sobre la persona infiel en particular, aunque no solo. Los problemas de pareja, así como el grado de satisfacción de la misma, incumben a las dos partes integrantes de la pareja, pero la decisión sobre el manejo de ciertas situaciones maritales es estrictamente individual. En este sentido, Frank Pittman (ibíd.) afirma no hallar conveniente que la persona traicionada acepte responsabilidad alguna por la infidelidad. La persona traicionada no puede ser la causa ni puede hacer que ocurran infidelidades. La responsabilidad solamente revierte sobre la persona que comete el acto. Y por lo mismo, las «razones», motivos o causas por los cuales la persona infiel lo es tampoco pueden ser ni la monotonía, ni el aburrimiento, ni la falta de realimentación positiva ni la falta de sexualidad, ni el decrecimiento del enamoramiento, ni la insatisfacción emocional (Salomón, 2005). La «causa» o razón parece estar en la persona, en su interior, en su psiquismo, ya sea en forma de conflicto no resuelto, en forma de trastorno adaptativo o en forma de patología. La persona infiel no parece gestionar emocionalmente su situación, simplemente la disocia; no comunica abiertamente sus dificultades, no toma conciencia de lo que le ocurre o evita hacerlo; no resuelve la situación generada, se estanca en el triángulo amoroso sin decantarse, de tal manera que la situación parece bloquearse y tupirse. Todas estas dificultades están subyacentes en la infidelidad, en la persona infiel. Dentro de esta visión se extiende la opinión de que el descubrimiento de la infidelidad puede llevar a un «blanqueamiento» de la pareja, reactivándola e incluso mejorándola. Pero la realidad indica que no es así. Al contrario: la empeora. «La infidelidad es catastrófica para el matrimonio» (ibíd.).

Hay un error conceptual en el que se incurre fácilmente cuando se aborda el tema de la infidelidad y que rápidamente pasa a formar parte de la mitología: la poligamia y la monogamia. La infidelidad no tiene que ver con la monogamia o poligamia. El significado de fidelidad no concierne estrictamente a las relaciones amorosas, sino a las relaciones en general. Tiene que ver con la confianza, no con la sexualidad. Tiene que ver con el compromiso, con la lealtad, con la constancia y la coherencia; tiene que ver con la ley; tiene que ver con la palabra. El ser humano es un ser de palabra: es lo único que tiene y si le falla la palabra, le falla la sociabilidad y las relaciones; tiene que ver con la fe, con la creencia. Tiene que ver con la (in) comunicación, el secreto, el control, el (abuso de) poder, la asimetría relacional, la triangulación, la (no) gestión de dificultades personales. En otras palabras: la infidelidad concierne a las habilidades sociales fundamentalmente. Centrar la infidelidad en la no exclusividad íntima y/o sexual significa descentrar el núcleo de la infidelidad: la ocultación, la mentira y el secreto. En otras palabras, lo que define la infidelidad es sobre todo la forma en que un pacto es transgredido. Si el pacto de fidelidad resulta arduo y tedioso, se puede igualmente pactar para romperlo. Infidelidad no es sinónimo de cambio, sino de problemas, trastornos y patología. El problema de la infidelidad está en la deshonestidad: «La infidelidad siempre implica algún tipo de estafa afectivo/sexual» (Risso, 2010, p. 29). Si el mundo desea la poligamia, esta se puede pactar. Si se desean tríos, se pueden pactar. Si se desea que la pareja sea abierta, se puede pactar, como bien lo refleja, por ejemplo, la película Una pareja abierta. Cualquier modalidad de pareja es susceptible de poder pactarse, siempre y cuando sea entre iguales y consensuada. Si se actúa desinformando, mintiendo, ocultando, desorientando, no hay pacto ni comunicación ni relación posible. «Casi todos los pactos pueden romperse, cambiarse, revisarse o reestructurarse, pero lo verdaderamente importante es la forma de hacerlo, la transparencia» (ibíd.). Si la persona infiel quiere una relación fiel con su amante, lo que está en juego no es la poligamia. Si la persona infiel lo que quiere es seguir siéndolo mientras su pareja no, lo que está en juego es el poder y el control, no la poligamia. Si a la persona infiel no le molesta su infidelidad y le molesta la infidelidad de su pareja, lo que está en juego desde luego no es la poligamia o monogamia. Si la persona amante quiere que su pareja infiel le sea fiel, separándose de su pareja oficial, lo que está en juego no es la poligamia. Al respecto, tan paradójico como sorprendente es cuando aún dentro de la infidelidad se pacta la monogamia, es decir, que no pocas aventuras e infidelidades se cimientan sobre la monogamia: «Mi amante me engañaba, nunca tuve pruebas formales, pero cada vez tenía más sospechas» (Salomón, 2005, p. 83). Esto evidencia que algunas infidelidades, particularmente las que parecen conllevar una implicación emocional, no son sinónimas de promiscuidad ni de querer variar. En este sentido, este tipo de aventuras representan una reproducción de la relación oficial en sus comienzos, a veces con sus correspondientes fases. Quizás no se llegue al amor maduro porque tras una fase de acercamiento y euforia suele venir una de sufrimiento y, posteriormente, una «de aceptación de la situación tal y como es, con sus más y sus menos» (Salomón, 2005, p. 81).

2) Otro gran mito a desechar es que la infidelidad ocurre solamente en personas con complejo de donjuán o promiscuas. La infidelidad puede ocurrir en cualquier hogar e independientemente de cómo esté la relación. Glass y Wright (1977) hallaron que los hombres infieles en los matrimonios de larga duración estaban tan satisfechos como los hombres fieles. En cambio, las mujeres infieles de matrimonios de larga duración sí declararon estar profundamente insatisfechas. Esto es, la infidelidad puede ocurrir aun estando «bien» la relación de la pareja oficial, puesto que no ocurre solamente en las parejas infelices. Esto muestra una vez más que la infidelidad no tiene que ver con la pareja. Es más, personas infieles entrevistadas manifiestan estar satisfechas en sus matrimonios (Glass, 2002). A este respecto, Pittman (1994) parece coincidir: «Las aventuras […] obedecen a razones muy ricas y variadas. La mayoría se relaciona más con el estado del yo de la persona infiel que con la persona engañada […]. No es una cuestión emocional, sino de opción […]. Este compromiso parece un tanto independiente de las emociones del momento y acaso concierne mucho más al sentido de la propia identidad y al sistema de valores del cónyuge que opta […] y al influjo de esto sobre la conducta» (p. 37). La infidelidad tiene que ver con la intención y no tanto con las inclinaciones. Es cuestión de opciones y decisiones. Para este autor, el desamor es fundamentalmente una consecuencia de la infidelidad, no su causa. Como excepción a la regla, hay que mencionar las infidelidades en personalidades psicopáticas, perversas narcisistas y maquiavélicas, para las cuales la infidelidad sí representa una inclinación «natural».

3) El aspecto sexual de las infidelidades no parece ser preponderante, y más en estos tiempos en los cuales muchas aventuras se caracterizan por la intimidad emocional antes que la sexual. Al parecer puede ser algo más narcisista de lo que pensamos, puesto que la imagen y la mirada proyectada por parte de la persona amante hacia la persona infiel está atravesada por una particular adoración que podríamos definir como enamoramiento. En este sentido, la elección de pareja infiel parece estar más relacionada con lo que hace sentir mucho más que por razones sexuales. La elección parece ser más neurótica que sexual, y parece tener que ver más con las carencias afectivas (Pittman, 1994). No es tanto que la persona infiel busque fuera lo que no le dan en casa, como que ella no da lo suficiente. Las investigaciones apuntan que el bajo grado de inversión marital —es decir, en personas que (se) dan poco— el riesgo de ser infieles es mayor (ibíd.). Una vez más, en ella resulta clave situar el problema.

Lo que se encuentra muchas veces oculto debajo de la infidelidad es una depresión, una profunda sensación de vacío, de vacuidad. No pocas infidelidades indican una necesidad compulsiva de excitación que toma la forma de adicción al sexo, al amor, al enamoramiento (Glass, 2002). La infidelidad poco o nada parece tener que ver con el amor. Las personas que huyen del vacío inconscientemente pueden buscar en la infidelidad ese chute de adrenalina y así escapar de este vacío interior o bien de estresores externos. La infidelidad puede enquistar un problema interno como el aburrimiento, la baja autoestima, la angustia existencial, la depresión, el vacío, la crisis existencial, la falta de sentido. Un escape, en forma de huida hacia delante, en algunos casos. La infidelidad puede ser en muchos casos un antidepresivo que ensalza el hambriento ego a través de una idealización compensadora de una autoestima, necesitada de sentirse especial y valorada para alguien. Hay otros factores psicológicos personales que correlacionan con la infidelidad, como la crisis de la mediana edad. Estas crisis, por falta de objetivos que cumplir, conducen a una profunda sensación de vacío que llega muchas veces de la mano del aburrimiento.

 

 

 

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Si, quiero

Imagen del articulo "Sí, Quiero" de Inmaculada Jauregui, Psicóloga

 

Cuantas veces hemos oído esta frase y cuán deseada es en el inconsciente colectivo. Ahora bien, a esa frase, la pregunta ¿para qué? Resulta fundamental en terapia de pareja.

Es una lástima que esta reflexión, ¿para qué te quiero? quede relegada al ámbito de la terapia.

En las respuestas al para qué encontramos frecuentemente toda una panoplia de “agendas ocultas” que velan las verdaderas motivaciones de las relaciones, incluyendo la elección de parejas, que nunca es por azar.

Cuando utilizamos a la otra parte de la relación para sentirnos llenos/as, plenos/as, satisfechos/as; para sentirnos tranquilos/as; para espantar los miedos y soledades; para satisfacer nuestras propias necesidades de ser amados/as porque no lo fuimos adecuadamente en la infancia o, para repetir patrones, estamos sentando las bases de relaciones instrumentales y mercantilistas, convirtiendo a la pareja en un objeto.

La relación será de sujeto a objeto y por lo tanto, podrá ser tildada de narcisista porque la persona “objeto” perderá toda su subjetividad. Efectivamente las relaciones, podemos decir que son narcisistas desde el momento en que se utiliza a otras personas en beneficio propio (en detrimento de la otra persona); se les utiliza tal cual objetos, no como sujetos. Son relaciones destinadas a satisfacer las propias necesidades, frecuentemente ocultas o inconscientes, que tienen que ver con la propia historia personal, no con la realidad. Por el contrario, las relaciones sanas son de sujeto libre, autónomo e independiente a sujeto libre, autónomo e independiente. Es decir, entre dos subjetividades desarrolladas que no necesitan de la otra persona para beneficio propios. El interés deviene común, no estrictamente individual.

En la clínica, descubrimos que el narcisismo patológico no sólo está presente en personas con trastorno de personalidad narcisista, psicópatas y maquiavélicas. Existe el “narcisismo de armario”. Narcisismos que se esconden bajo roles como el de salvador o cuidador. Personas que se encargan de dominar y controlar relaciones desde una posición aparentemente sumisa y servil, de ayuda, de cuidadora, de sacrificada… casi héroes/heroinas. Personas que quieren y aman desde la perspectiva de ser necesitadas, haciendo de la otra persona su marioneta o su bebé. Son parejas paterno o materno filiales.

Transformar a la pareja en persona necesitada de ayuda, de ser salvada, tiene una doble lectura: por un lado, se la trata como a una reina o rey, pero por otro, se le considerará una persona inútil, incapaz de sobrevivir sin sus cuidados o protección. Así pues, esta persona salvadora ya puede creerse completa, omnipotente… Dios. En sus manos está el destino de la pareja. Poco importa que el precio a pagar sea el sufrimiento, la malquerencia, el desprecio, la violencia, entre otras consecuencias. Lo fundamental es que depende ella y por lo tanto, existe.

Ahora bien, aceptar el rol de inútil y de necesitado/a, requiere la complicidad, consciente o inconsciente de la pareja. Y en estos casos nos encontramos, o bien con personas cuyo narcisismo patológico encaja casi a la perfección en esta demanda y se explota hasta límites insospechados a la persona salvadora, o bien, se topa con personas que por complacer y que las quieran, están dispuestas a sacrificar su personalidad y convertirse en bebés inútiles, con tal de satisfacer los deseos inconscientes de su pareja que la necesita. En este segundo caso, veremos a personas en principio independientes y autónomas, convertirse progresivamente en personas inseguras, dependientes y borradas. Las personas así objetivizadas de esta manera sibilina acabarán mal: minimizadas, inseguras, con baja autoestima, aisladas socialmente, confusas, deprimidas, ansiosas, angustiadas. Se sienten inferiores o incapaces; no aptas, no se sienten a la altura. Se nos perfila así personas infantilizadas, desvalidas, impotentes, enfermas. Porque su desarrollo ha sido obstruido con o sin su beneplácito, consciente o inconscientemente.

La persona salvadora, cuidadora, necesitada de que la necesiten en el fondo caerá en su propia trampa, pues aunque pretende ayudar, finalmente, hará por que la pareja complementaria dependa más y más de ella.

Personas ejecutantes de este rol de salvador, que no tienen un norte claro en sus vidas y que depositan su dirección en las vidas de otras personas. Un tipo de dependencia emocional muy sutil en la que en apariencia, la persona-objeto parece independiente y es a menudo convertida en la mala de la película a nivel público, y la persona-sujeto parece ser dependiente y frágil por su aparente sumisión, siendo la buena de la serie.

Este tipo de relaciones suele acabarse en general cuando la persona-objeto descubre el juego. Los desenlaces suelen ser que estas personas crecen y se van de casa, en general, en compañía de otros pares adolescentes de quienes se enamoran o bien de otras personas aún más potentes de quienes pueden seguir tirando ventajas. En muy pocos casos, ocurre que la persona salvadora se va de la relación. Cuando ocurre es porque la persona sujeto ya ha encontrado nuevas víctimas aún más necesitadas, dejando tras de sí el cadáver de su pareja cómplice convertida en dependiente, frágil, vulnerable, a veces enferma y desamparada.

Para evitar este tipo de desarrollos y desenlaces emocionales, conviene introducir la conciencia es decir, ser conscientes de para qué se quiere; tener conocimiento y por lo tanto, hacerse responsables de esas necesidades no resueltas. ¿Le quiero para llenar mis vacíos, espantar mis miedos, acompañar mi soledad o, le quiero para desarrollar conjuntamente el potencial en tanto que sujetos libres, autónomos e independientes?¿ Le quiero desde la complementariedad o desde la simetría?