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Relaciones complejas con psicópatas, narcisistas: una realidad cada vez más presente

Surf, Ola, Tsunami, Egipto, Web, Mar, Silvestres

 

Resulta bastante preocupante y en cierto modo alarmante las personas que llegan a consulta debido a las secuelas emocionales dejadas en una relación con una pareja con trastorno perverso narcisista, como le llaman en Francia y con psicópatas “integrados/as” o “adaptados/as”.

Vienen muchas veces con un cuadro de ESTRÉS POSTRAUMÁTICO y con IDEAS DE SUICIDIO o SUICIDIOS FALLIDOS. Durante el tratamiento, llama la atención la enorme dificultad para mantener CONTACTO CERO con estas parejas “anormalmente complejas”; el cuadro se asemeja terriblemente a un auténtico SINDROME DE ABSTINENCIA que puede llevar incluso años.

Otro de los síntomas que llama muchísimo la atención es esa especie de EMBOTAMIENTO COGNITIVO, víctimas de una prolongada exposición a la violencia psicológica y emocional con este tipo de parejas, llamadas tóxicas. Algunas de ellas han tardado un año en recuperar capacidades cognitivas como la concentración, la memoria.

Otro síntoma muy característico es la DISONANCIA COGNITIVA que se produce cuando estas personas de “la triada oscura” como se conocen en el argot psicológico, dejan caer su máscara y empiezan a denostar, humillar, menospreciar a sus victimas depredadas con técnicas como la manipulación, la luz de gas (hacer creer a la pareja que está loca), triangulación, ninguneo. De esta manera las víctimas tienen dos visiones de la pareja “oscura”: una romántica, perfecta, aparentemente buena y otra, totalmente malévola (Mister Hyde), que lleva a pensar que no son queridas porque se ven manipuladas, traicionadas, trianguladas, engañadas, explotadas (sexual y económicamente sobre todo). Las parejas de este tipo de seres sufren esta dicotomía y no saben bien cómo gestionar; se encuentran con dos relaciones disonantes e incompatibles. Como bien lo señala Iñaqui Piñuel, esta “bifrontalidad” lleva a la víctima a un gran malestar y un estado permanente de dubitación sin saber bien a qué atenerse, lo que les lleva a un estado de bloqueo de la acción, paralización e indefensión. Iñaqui Piñuel hablará de un doble vínculo psicopático.

Una dificultad muy común es hacer entender a las personas que consultan por estas razones que la maldad existe y tiene forma de psicopatía, personas perversas narcisistas y maquiavélicas. Efectivamente, hay seres bien camuflados, enmasacarados, cuyo placer se basa en la dominación, explotación y parasitación de las personas en general. Este tipo de seres manipulan, en le sentido que hacer hacer. Hugo Marietán nos dirá que estas personas psicópatas tienen necesidades “especiales” y maneras también “especiales” de satisfacerlas. Hacen lo que quieren sin importarles en absoluto el entorno, se saltan las normas, falta de remordimientos y de culpa; muestran baja tolerancia a la frustración y una marcada dependencia de estímulos intensos, que les lleva a asumir conductas de riesgo; tienden a aburrirse fácilmente, de ahí su gran promiscuidad sexual, su tendencia a las orgías y tríos, a la prostitución, a la ambigüedad sexual, al uso de drogas y otros estimulantes, a la satisfacción sexual perversa. Uno de los rasgos más característicos pero que a su vez confunden más es la cosificación. Estas personas tienen una lógica extractiva, de tal manera que los demás son cosas útiles de quienes extraer ya sea dinero, sexo, estatus, poder. Para ello, estos seres simularan la empatía, mentirán, seducirán, fascinarán para entrampar a la víctima hasta conseguir de ella todo lo que puedan. La mayor parte de estas personas estructuran y mantienen durante años una vida “normal”: se casan y tienen vástagos, que a su vez serán utilizados para mejor “amarrar” a su víctima. Esta será la víctima principal. Luego habrá muchas otras secundarias que harán de amantes, etc. Una doble vida con muchas amantes, tríos, negocios turbios y oscuros, trapicheos, devaneos, escarceos con drogas; chantajes a personas importantes.

Estos seres tienen tres modos de “relacionarse” con los demás:

1.- asociativo

Dos o más personas con características similares, con el único fin de lograr un determinado objetivo. Tienen intereses comunes

 

2.- tangencial

Cuando este tipo de seres se encuentra con una víctima ocasional.

3.- complementario

Es la víctima que se suele ver en las consultas. Son personas ancladas en este tipo de relaciones tóxicas. Personas enganchadas a quienes les cuesta muchísimo salir. Y salen o enfermas, o esquilmadas o muertas.

Encuentran en estos seres anormales a alguien que llena sus vacíos y hace emerger de la profundidades las insatisfacciones más profundas, ocultas, oscuras e instintivas, dirán Marietán. Personas cuyas neurósis afloran.

Las parejas oficiales de este tipo de seres en general, suelen ser bastante buenas, también llamadas buenistas, es decir, que no creen en la maldad, ingenuas; contrariamente a lo que se piensa, con bastante carácter; sensibles, empáticas, muy inteligentes (a veces más que la media), aparentemente independientes y autónomas. Características todas ellas envidiadas y codiciadas por su anormal pareja que carece de todo ello. También son personas con fuertes sentimientos de culpa, de vergüenza, de angustia, de carencia afectiva, alta tolerancia al sufrimiento, dificultad para poner límites.

Las relaciones con este tipo de personas pasan por fases:

1.- almagemelización

Momento totalmente romántico y perfecto en el que el ser psicópata, perverso narcisista o maquiavélico se mimetiza con la víctima, se camufla camaleónicamente con ella. El sexo es utilizado en esta fase para enganchar aún más

2.- ataque

Cuando la víctima ya está “poseída” comienza la fase de destrucción. Un maltrato emocional. Así siembran la confusión y la desorientación perceptiva y emocional a través de la manipulación, las mentiras, la luz de gas. Muestran una frialdad extrema entre período amoroso y período amoroso. Alternan momentos buenos y momentos malos, llegando a castigar con el sexo, o con la ausencia de este. En estos momentos, la triangulación puede llegar a su punto más álgido. Porque estas personas no rompe definitivamente con las exparejas. La promiscuidad sexual en estos momentos se desarrolla de manera muy marcada. Es muy característico la propuesta de intercambios de pareja en esta fase.

3.- alejamiento

Con gran frialdad emocional, genera un fuerte sentimiento de vacío e inutilidad, atacando la autoestima y generando sentimientos de culpabilidad. Aquí la incomunicación juega un papel muy importante porque tiende a cortar la comunicación, a desaparecer sin motivo o con pretexto que lo justifique.

4.- Descarte o recuperación de la relación

Por parte de la víctima puede haber alejamiento definitivo o temporal. Para lo cual, su tóxica pareja pondrá en marcha de nuevo toda una serie de estrategias de reconquista.

Si por el contrario ya ha sido descartada, las numerosas idas y venidas, serán la manera de matar la relación. Cada vez pasará menos tiempo entre ellas y el maltrato emocional será mayor.

 

En cuanto al tratamiento, decir que si el anclaje es fuerte, mientras está en relación con este ser, es prácticamente imposible. Hay que empezar como con cualquier persona adicta, desde las etapas iniciales de precontemplación, contemplación, planificación, acción (Prochaska y Diclemente). Una vez separado, la segunda fase es el contacto cero y evitar las recaídas, cosa que no es fácil. La tercera fase es la del duelo. Conviene explicar tanto a la víctima como a las personas de su entorno el circuito psicopático o narcisista, las secuelas y a qué nos enfretamos. Por ello, una orientación psicoeducadora suele ayudar bastante.

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La escucha en la comunicación

Oreja, Aurícula, Escuchar, Oyentes, Terapeuta

 

“Hablar es una necesidad, escuchar un arte” Goethe

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La escucha es un proceso fundamental en la comunicación. Debiera formar parte de las habilidades sociales, quizás una de las más importantes.

Escuchar resulta difícil porque exige un dominio y control sobre sí, además de implicar atención, comprensión y esfuerzo para captar el mensaje de la otra persona. En el fondo la escucha dirige la atención hacia la otra persona, se adentra en ella, en su ámbito de interés y en su marco de referencia.

La escucha requiere todo el cuerpo, no solo la mente. No se trata de oír, sino de escuchar con el entendimiento. Y para ello, hay que vaciarse de todas las facultades. El vaciado permite percibir lo que está ahí presente delante. En fenomenología se habla de poner entre paréntesis nuestro mundo, suspender nuestros juicios y prejuicios, para que el mundo de la otra persona pueda emerger en todo su esplendor. Se trata de vaciar la mente.

Se trata de una habilidad que requiere apertura, empatía, respeto, honestidad, responsabilidad, presencia. Y por supuesto, práctica.

Carl Rogers- psicólogo humanista –la tercera fuerza- desarrolló el concepto de escucha activa. Una técnica y una estrategia muy específica de la comunicación humana. Se compone de una serie de comportamientos y actitudes que propician en el receptor una actitud de escucha y de respuesta (retroalimentación). Actitudes como la disponibilidad, el interés. De alguna manera, este tipo de escucha es una forma de mostrar a la persona que habla de que se le está entendiendo, es decir, no solamente escuchamos lo que la otra persona dice, sino sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos; incluso aquello que no es verbalmente dicho pero si actitudinalmente, es decir, el mensaje no verbal.

Hay muchas “interferencias” o “resonancias” en la escucha que dificultan e impiden la comunicación. Algunas muy comunes son: aconsejar, competir, consolar, contar una historia parecida, minimizar, interrogar, explicar, corregir, justificar, negar, interpretar, pensar. De lo que realmente se trata es de habilitar un tiempo y un espacio para que la otra persona se exprese plenamente y pueda así ser comprendida. No hay que “arreglar” nada, ni “tranquilizar” a nadie. Se trata de estar presentes… Ja! No estamos educados para ello.

Muchas veces escucho en terapia decir a alguien “si te escucho” o “y si te he escuchado”. No obstante, esta afirmación no es garantía de que se haya realmente escuchado. En realidad, la otra persona –la que habla- está obligada a hacer un acto de fe. Hay que demostrar que se ha escuchado, y ello no se puede hacer sin la escucha activa, esto es, repitiendo (reflejando o parafraseando) lo que hemos escuchado y verificando, preguntando, si es realmente lo que hemos escuchado, lo que realmente la otra persona ha dicho. No es fácil.

Existen bastantes maneras de mostrar que se está escuchando. Veamos algunas:

1.- Parafrasear con preguntas. ¿te sientes dolido porque lo que te hubiera gustado es que yo….?” “¿tu quieres que yo te llame más a menudo para sentir que eres importante para mi?”

2.- Reflejar el estado emocional: decir cómo la otra persona se ha sentido “pareces enfadada, frustrada, triste…”

3.- Validar. Mostrar que se acepta la experiencia emocional de la otra persona, lo que la otra persona está viviendo emocionalmente, lo que no significa que se esté de acuerdo. “es normal que te sientas enojada”, “es comprensible”

4.- Resumir: “tu lo que estás diciendo es….”

5.- Empatizar: “pareces estar sintiendo… rabia, frustración, enfado…”, “te noto contenta, triste, alegre, con ganas…”, “percibo mucha tristeza en tus palabras…”

6.- Respetar los silencias, los tiempos

7.- Emitir palabras de refuerzo o cumplidos: “me alegra oír eso”, “me hace mucho bien escucharlo por primera vez”, “me encanta cómo lo estás haciendo”

8.- Dar señales de que se está escuchando con palabras o gestos

 

Existen igualmente maneras de mostrar que no se está escuchando. Veamos algunas muy comunes

1.- Juzgar.

2.- Distraerse.

3.- Interrumpir.

4.- Ofrecer ayuda o soluciones prematuras.

5.- Rechazar lo que la otra persona siente: decirle a la otra persona que no debería sentir lo que siente. “ No llores”, “no te sientas así”

6.- Contar tu propia historia cuando la otra persona necesita hablarte.

7.- Contraargumentar: “Me siento mal – pues yo también”.

8.- Síndrome del experto o tener la respuesta antes de que la otra persona cuente todo.

9.- Solucionar el problema sin que lo pidan o requiera la situación.

10.- Aconsejar.

11.- Descalificar.

Escuchar nos conecta a la otra persona, porque la vemos y la percibimos no solo intelectualmente, sino con sus sentimientos y necesidades. Reconocemos su propia existencia, su individualidad, su autonomía.

La expresión de “tu nunca me escuchas” bien podría significar que la persona no siente una conexión; puede percibirse desconectada, puede percibir falta de empatía; puede significar que su necesidad de ser comprendida no está siendo satisfecha; puede generar mucha frustración, desilusión, tristeza.

“Si me escuchara, te entendería”, significa que cuanto mejor y más me entienda yo, mejor podré escuchar a los demás.

Una buena escucha, una escucha empática, activa, significa 50% de la resolución de un problema.

Se trata de aprender a ser personas interlocutores válidas.

 

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La comunicación –no violenta-

Clave, Corazón, Margarita, Amor, Madera

 

A menudo escuchamos expresiones como “habilidades sociales”, “asertividad”, “limites”, “emociones”, “inteligencia emocional”. Pero casi nunca comunicación: “escucha activa”, “comunicación no violenta”. De hecho, no hay ninguna escuela que enseñe a comunicar. Como tampoco se hacen muchos talleres de comunicación: cómo escuchar, cómo hablar. Y por lo tanto, es la principal base de las habilidades sociales. La comunicación no está de moda.

La comunicación es una condición de la vida humana y el orden social. Quien dice comunicación, dice relaciones. En otras palabras, la comunicación no se da fuera de las relaciones sociales. La propia existencia humana cobra forma a través de la comunicación. Comunicar es establecer una comunidad con otra persona.

Desde su vertiente pragmática, la comunicación abarca no solo el aspecto discursivo, sino el comportamental. De tal manera que todo comportamiento es comunicación y toda comunicación afecta el comportamiento. No podemos olvidar que la comunicación surge de la necesidad del ser humano de vivir en relación y por lo tanto, la comunicación ha sido y sigue siendo necesaria en el proceso evolutivo del ser.

La comunicación humana se compone principalmente de dos actos: escuchar y hablar. Se trata de un proceso que no es necesaria y estrictamente un intercambio de información entre emisor y receptor y desde luego, imposible reducirlo a física y química.

La comunicación no violenta nos dirá Rosenberg, tiene cuatro componentes fundamentales: observación, sentimientos, necesidades y petición.

1.- La observación

Se trata de observar lo que está sucediendo, desterrando los juicios, las críticas, el análisis, las suposiciones e interpretaciones así como las valoraciones. En definitiva, observar sin evaluar. Es fundamental aprender a descubrir los hechos, identificar las conductas y situaciones que nos afectan y aprender a expresarlas claramente. Clasificar, juzgar, comparar, entre otras formas, bloquean la comunicación. Así por ejemplo, si decimos que alguien está agresivo, ya la propia calificación de agresivo es una forma de evaluar que nos aparta de los hechos. Si decimos “mi pareja se queja todo el rato”, quejarse ya es una forma de evaluar que nos aparta de los hechos e impide la comunicación. Decir el cielo está despejado es una comunicación diferente a decir, no hay ni una nube en el cielo. Decir el día está desapacible no es lo mismo que decir hace viento, lluvia, frio. El día puede estar desapacible para una persona pero no para otra. Mientras que el viento, la lluvia y el frio forman parte de la realidad y por lo tanto, constituyen hechos. Por lo tanto, constituirá parte del aprendizaje el observar sin evaluar. Y gran parte de la formación será así distinguir la observación de la evaluación.

2.- Los sentimientos

Emociones y sentimientos se sienten (en el cuerpo), no se piensan (en la mente). Es muy común decir que se siente lo que en realidad se está pensando. A menudo escuchamos frases como “me siento fracasado/a, ignorado/a, abandonado/a”. La realidad es que ni fracasado ninguna de estas tres palabras son sentimientos, sino pensamientos. En realidad, estamos interpretando con la mente, y no sintiendo. En realidad podemos sentir frustración, decepción, tristeza, desilusión.

Y no es lo mismo emoción que sentimiento. Las emociones constituyen aquello que nos moviliza; son como la energía que pone en movimiento; nos preparan para la acción. Estas se sienten en el cuerpo y desde luego, van antes que el pensamiento.
el sentimiento es la toma de conciencia de la experiencia emocional y por lo tanto, hay un componente cognitivo y subjetivo. Así hay personas que afirman que la lluvia les deprime, mientras que a otras, la lluvia les puede hacer sentirse contentas, complacidas, etc. Y por tanto, la lluvia como fenómeno atmosférico puede considerarse un hecho.

3.- Las necesidades

Así pues, asumir la propia responsabilidad de los sentimientos es una de las tareas pendientes en la comunicación: “aquello que dicen y hacen los demás puede ser el estímulo de nuestros sentimientos, pero nunca la causa”. Uno de los problemas comunicaciones más comunes es o culpar a la otra persona, o culparse a sí. La esclavitud emocional es la creencia de que somos responsables de los sentimientos de los demás. Y esto es muy perjudicial para las relaciones.

Lo importante es pues identificar las necesidades que están en la base de nuestros sentimientos. A menudo los reproches son formas violentas de expresar necesidades no satisfechas. Aprender a valorar, legitimar y a dignificar lo que necesitamos resulta fundamental. Tanto como lo que no necesitamos. Muy a menudo, todas las críticas, los juicios, las interpretaciones no son sino “expresiones alienadas de nuestras propias necesidades y valores”. Aprender a comunicarlas directamente favorece la comunicación en las relaciones.

 

4.- Las peticiones

 

Cuántas personas se dedican a cambiar a las demás personas para ver sus necesidades satisfechas. “Yo lo que quiero es que tu… que tu colabores más en casa… que me hagas caso… que me escuches… que me cuides… que me prestes atención… que me dediques tiempo… que me abraces… que me quieras… que me llames más frecuentemente… que me beses… que estés más presente”. Peticiones que podrían ayudar mucho. Y este tipo de mensaje honesto, claro, sencillo resulta muy diferente a otros como “yo quiero que cambies…. Que seas más cariñoso… que te impliques más… que me entiendas… que me dejes ser yo misma… quisiera conocerte mejor… que me respetes…”

Ocurre que nos somos conscientes de lo que pedimos cuando hablamos, quizás porque no somos conscientes de lo que queremos o necesitamos, quizás porque no consideramos legítimo desear o necesitar.

Pero pedir no es exigir. Ante la exigencia solo cabe la sumisión o la rebelión. Peticiones exigentes: “es que debería entender cuando le hablo…. tendría que hacer lo que le digo… merezco que se me escuche… tengo derecho a tener sexo… debería saber lo que quiero a estar alturas de la relación…