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Millones de libros

Estos días, observo a través de las redes, la necesidad de llenar nuestras horas con diferentes actividades. Algunas de ellas nuevas para nosotros o si no nuevas, sí que antes no teníamos tanto tiempo para desarrollarlas: cocina, actividad física (en casa), cursos online, lectura…Hoy precisamente, me saltaba un post de alguien que, fotografiando su biblioteca, decía que era un buen tiempo para la “relectura”. Estoy totalmente de acuerdo, pero al mismo tiempo, parecía que dejaba traslucir algo así como “releer porque no tengo libros nuevos”. Yo, todas las mañanas, dedico un ratito a pasearme por mi biblioteca, la física y la virtual. En mi biblioteca física, los libros, verdaderas joyas, son los que son, por lo menos hasta que pase “esto”. Pero mi biblioteca virtual es interminable. Inabarcable. Cientos, miles de libros a mi  disposición. Miles de ellos a mi  alcance de forma gratuita. Grandes clásicos y novedades que muchas editoriales y plataformas en su apoyo solidario a esta situación, nos ofrecen si no de forma gratuita, a precios simbólicos. ¿Por qué no leer en digital si al fin y al cabo, las letras son letras independientemente del papel en el que se escriban?
A continuación, respondo a las preguntas más habituales que suelen hacerme respecto a la lectura de libros en formato digital, principalmente sobre la plataforma Amazon y su kindle, pero existen muchísimas plataformas, apps, que nos ofrecen las mismas posibilidades, Nubico, Megustaleer…), así como en las páginas web de muchas editoriales. Espero les sirva de ayuda:

¿Cómo se pueden leer los ebooks comprados en Amazon sin tener un dispositivo Kindle?
Es un proceso bastante sencillo que el propio Amazon facilita.

Amazon ofrece un programa (Kindle) que instalándolo en tu ordenador te permite leer en tu pc, tablet o móvil, todos los libros que compres en Amazon. Este programa gestiona tu biblioteca, y recuerda la página y el libro que estás leyendo. Cada vez que compras un libro, este se instala directamente en el programa y no tienes más que acceder a él y empezar a leer.

¿Y cómo leer un ebook de Amazon en un dispositivo no Kindle?

Si lo que quieres es leer tu ebook comprado en Amzon, en tu ereader y este dispositivo solo lee archivos EPUB, lo que te sugiero es lo siguiente:

Puedes bajarte el archivo del libro que has comprado, y transformar un MOBI en un Epub con un programa como CALIBRE. Para ello, deberás instalarte el programa Calibre en tu ordenador. Se descarga fácilmente en un minuto y es gratuito.

Una vez instalado, abriremos Calibre y clicamos en “Añadir libros” . Elegiremos el .mobi que hemos comprado en Amazon. Si tuviese DRM, no sería posible.

Una vez cargado pulsaremos “Convertir libros” y a la izquierda vendrá el formato de entrada, el archivo original (.mobi) y a la derecha elegiremos formato de salida, el que queremos en nuestro e-reader (normalmente epub). Una vez convertido, lo podemos descargar y cargar en nuestro dispositivo de lectura habitual.

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Quimeras

Estos días, vuelven a asaltarme ente sueños las palabras. Voy a escribir esto, voy a escribir lo otro. En el camino hacia el despertar se quedan muchas de esas palabras y cuando me despierto, solo revolotean alrededor quizás las del último sueño antes de volver a la realidad. Las otras, se quedan en la nebulosa de lo nunca escrito.
Ayer decidí que lo que había publicado, iba a ser mi última publicación con respecto a esta pandemia y la gestión de la misma por parte de nuestro gobierno, el único que debía gestionarla con responsabilidad, como depositario de nuestra confianza en su buen hacer para el logro del mantenimiento y vigencia de los intereses vitales de nuestra sociedad.
Todos sabemos leer. Todos podemos estar informados. Yo lo hago leyendo prensa de todos los colores. Nacional e internacional. Escuchando entrevistas, también de todos los colores, y saco mis propias conclusiones, que puedo asegurarles que no son partidistas. Hoy por hoy, podría decirles que a mí, ningún partido me representa. Objetividad, esa es mi elección.
Y como yo, todos estamos informados, o deberíamos. Cómo queramos acceder a esa información, el sesgo que le queramos aplicar, ya es cuestión de cada uno. Pero la información está ahí. Los hechos, también. Los resultados, también.
Me quedo con el tiempo. Con el silencio que escuchaba hoy a las cinco de la madrugada solo interrumpido por el rumor del mar a los pies de mi balcón.
Un tiempo que me ha servido para valorar lo que es real, lo que de verdad está a mi alcance, lejos, muy lejos de las quimeras con las que muchas veces queremos disfrazarnos. Porque no olvidemos que las verdaderas quimeras, vomitaban llamas, tenían cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón.

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La experta

No es la primera vez que me llaman así. Mi familia, lleva años haciéndolo. Al principio, era siempre en tono sarcástico. Algo así como, “venga, ya habló la experta”, al mismo tiempo que sabían que siempre, siempre, iba a dar mi opinión, iba a defenderla a capa y espada y que seguiría sacándoles de quicio en más de una ocasión.
Poco a poco, la cosa fue cambiando. Son muchas las ocasiones, en que mi familia ya no espera a que hable “la experta”. Cuando algo les afecta, o surge cualquier problema, lo que dicen es “vamos a llamar a Guadalupe, a ver qué piensa ella.” Porque aunque muchas veces les saqué de quicio, fueron ellos, mis padres, los que me enseñaron a pensar y a dar mi opinión siempre, de forma libre, pero con respeto, educación y como me recalcaba mi padre, con base.
En la adolescencia y juventud , la daba, con ese respeto y educación, con base (mis bases), pero con la creencia exacerbada, y errónea, por supuesto, de que siempre tenía razón.
La madurez, la experiencia, las lecturas, el aprendizaje y la vida, me fueron enseñando que no siempre era así pero, sobre todo, que cualquier opinión sobre algo que escapa a mi campo de conocimiento, debe ser estudiada antes de ser dada, aunque solo sea eso, “una opinión”. Y así lo hago, siempre. Consulto si son correctos los datos que doy. Si conozco a un profesional en el campo a tratar, lo llamo y le pregunto. Y si no, leo, leo mucho y todo. Y cuando algo me queda grande y no llego ni en conocimientos ni en posibilidad de adquirirlos, me callo.
Otra vez vuelven a llamarme “la experta”. A mí y a muchos otros que, como yo, expresamos nuestra opinión en estas redes. Y otra vez, vuelven a hacerlo en tono sarcástico, pero a diferencia de cómo lo hacían los míos, añaden un nuevo elemento, el intento de ofender, de atacar, a aquel que no piensa como ellos.
Mi frase para terminar iba a ser: “porque, no nos olvidemos, ellos sí son expertos”, pero creo que caería en lo mismo que ellos. Así que “la borro” y opto por no hacer caso, por ignorar. Porque como le decía ayer a una señora que en el muro de un amigo, y desde su supuesto feminismo, me llamó “hembra” “porque para ella yo era más animal que ser humano”, cuando empiezan a descalificar, yo dejo de leer.