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Dulce de membrillo

La temporada de membrillo ya terminó pero como el otoño se ha hecho esperar, conseguí estos últimos membrillos porque la temporada real es de finales de agosto y  mes de septiembre, así que  no pude resistirme a preparar mi dulcito de membrillo para comérmelo con quesito.

El membrillo así tal cual, como fruta, me lleva derechita a mis tardes en la playa de Las Canteras, cuando aún iba con mis padres casi que de la mano. Esas tardes de marea baja después del Pino, de atardeceres eternos entre cielos naranjas, amarillos y malvas con la barra trazando el horizonte, con mis hermanas haciendo y deshaciendo castillos en la arena, con las chanclas calamares (como apretaba el plástico y la hebilla) pertrechadas con gafas y tubos para ir nadando, primero hasta la barra chica después hasta la barra grande. A ver los erizos con cuidado para que no los pisara, a derramar lágrimas para que mi padre me dejara tirarme por el ascensor y de culazo en culazo porque aún llevando calamares aquello resbalaba tanto que no me explico como aún tengo el coxis entero.  Entre patinazo y avistamiento, esperábamos a que la suerte llegara en forma de Isaac en su barca y nos diera un paseíto para ver los peces desde arriba, nos volvía a dejar en la barra y tocaba volver a nado, entre margullo y margullo, agotadas y extenuadas pero mi padre nos prometía un membrillo y eso hacía que se acercara rápidamente la orilla.

Al llegar  íbamos corriendo a la nevera, nevera de aquellas rígidas que pesaban lo mismo vacías que llenas (no se vayan a creer que siguen existiendo y son de lo más vintage) cogíamos el membrillo y con piel y todo lo mojábamos en el agua salada para ir comiéndolo a bocados. No se vayan a creer, a veces con un membrillo merendábamos las tres. Recuerdo el sabor y he de confesar que me gusta más en dulce que en fruta porque así es ácido  aunque con el agua salada aquello tenía su punto. Lo que realmente me gustaba, era mojarlo y morder, pasárselo a mi hermana la mayor de la mayor  a la pequeña y que lo que fuera quedando volviera a mí. Aquello no era merendar, aquello era jugar en la orilla de Las Canteras con el agua hasta los muslos y  otra vuelta.

Tardes que no quiero olvidar, junto con el juego del clavo. Aquel clavo gigantesco, con el que nunca tuve ninguna habilidad, ni desde el dedo, ni desde el codo ni desde la cabeza. Mi padre si que era un figura, el Messi del clavo. Consistía en hacer una especie de pirueta, de salto mortal del clavo, primero desde la mano, subías a la muñeca, seguías al codo, al hombro y hasta la cabeza, lanzabas  de un salto aquel artilugio y tenía que quedar clavadito en la arena.

Así que cuando llegan a casa los membrillos y dejan el aroma por todos los rincones,  lo que yo recuerdo son aquellas tardes de membrillos y clavo, sin tiempo, sin reloj, sin Wifi, sin móviles, sin prisas.

INGREDIENTES (Como para 1/2 kilo ya en dulce)

  • 6 ó 7 Membrillos maduros
  • Una vez la fruta esté cocida y cortada (lo verán ahora en modo de hacerlo) el 80% de su peso en azúcar blanca
  • Paciencia

MODO DE HACERLO

Limpiaremos bien la piel bajo el agua (tiene un capa ligera de pelusilla) y en un caldero con buen fondo, sin pelar y sin cortar así tal cual, pondremos los membrillos los cubriremos totalmente de agua y lo pondremos a fuego fuerte y a que hiervan durante 45 minutos.

Tengan en cuenta que son 45 minutos a contar una vez que el agua rompa a hervir. Pasados los 45 minutos, escurriremos toda el agua y los dejaremos a temperatura ambiente hasta que se enfríen lo suficiente como para poder pelarlos sin quemarnos las manos.

Una vez atemperados, pelaremos los membrillos y los partiremos en pedazos (contienen pipa o corazón que tampoco las usaremos)

Una vez tengamos todo el membrillo que vayamos a utilizar ya pelado y cortado, lo pesaremos y calcularemos el 80% del peso del membrillo porque será esa justamente la cantidad de azúcar blanca que necesitaremos. En este caso tenía 400 grs de membrillo y necesité 320 grs de azúcar.

Una vez calculado, colocaremos el membrillo en un caldero, a ser posible chato y verteremos todo el azúcar por encima y lo pondremos a fuego fuerte unos 10/15 minutos a la vez que iremos mezclando para que no se nos pegue al fondo.

Pasados los 10/15 minutos, calculados en base a que iremos apreciando que el azúcar se va mezclando con el membrillo y éste irá cogiendo un tono más marroncito, pues los pasaremos en ese momento por la batidora intentando que no queden grumos.

Este debe ser más o menos el aspecto. Y a partir de ahí y a fuego siempre bajo (entre el 2 y el 3) lo mantendremos una hora. Cada poco a mi me gusta darle vuelta, para evitar que se pegue al caldero o que después tenga zonas más oscuras o quemadas. Con paciencia. El aroma que va dejando será difícil que lo olviden. A medida que vaya pasando el tiempo, apreciarán  que sube el tono del membrillo, hasta oscurecerse bastante con respecto al color natural de esta fruta. Incluso apreciarán que se reduce considerablemente de volumen.

Ya por último y en caliente porque se manipulará mejor, lo colocaremos en un molde y una vez dentro del molde atemperamos hasta que no desprenda calor y a la nevera.

Se conserva durante un montón de tiempo (hasta 3 meses) a mí particularmente me encanta comerlo con cualquier queso o con un yogur natural o tipo griego. Escandalosamente delicioso.

 

 

 

 

 

4 opiniones en “Dulce de membrillo”

  1. He leido el articulo completo.Me ha emocionado la forma de describir las viviencias familiares e infantiles. He vuelto yo también a esa época,con mucha nostalgia a lo mejor en la figura del padre.
    La receta es tan sencilla que mañana en el mercado central buscaré membrillos y la haré.
    Gracias por la elegante sencillez.

      1. He tenido la suerte de probar esa deliciosa conserva de membrillo , si, una afortunada.
        El relato me llevo a mi infancia , que compartí con tu padre. Que tiempo tan feliz!!!. Gracias por recordármelo.

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