Arena

No suelo hacer recomendaciones de restaurantes en el blog pero esta es una de esas veces en las que merece más que la pena hacer una excepción. Además porque sigo disfrutando de mis benditas vacaciones y cocino poco o nada. Me apaño con los bocatas en la playa porque le eche lo que le eche al pan, a mi me va a saber a gloria. Esos mordiscos entre la arena y la marea, el sonido de las olas, el cielito azul, sentadita en la toalla no lo cambio ni por una ni por quince estrellas Michelin. Al lado la lata de lo que se tercie, los frutos secos, el paquete de papas fritas y la nectarina o el plátano. Y soy feliz. Y tan feliz. Y más aún cuando sabes que para la cena vas a probar un sitio nuevo que promete y tanto que prometió que tengo que contárselos

Dentro del hotel Santa Monica en Playa del Inglés, está el restaurante Arena. Tiene acceso para todo el público aun sin estar hospedado en el mismo.

Nada más llegar entras a un cenador maravilloso, decorado con absoluta exquisitez, donde los detalles me hacían mirar una y otra vez y volver a mirar cada rincón, cada lucecita, cada mantel, cada mesa. Les confieso que mi chico me llego a decir -Vane, estoy aquiiii, para que parara de darle vueltas a la cabeza y dejara de hacer fotos. El sitio único. Así que todo seguía prometiendo.

Nos dejamos seducir por Alejandro de la Nuez,  quien regenta el Restaurante Arena,  con fe ciega y les adelanto que seguiremos siéndole fieles por los siglos de los siglos y amén.

Nos recibió con un pan tumaca, crujiente, cubierto por un tomate sabroso y un jamón cortadito y exquisito.

Tras este aperitivo llego un carpaccio de atún patudo (de Gran Canaria, pescado aquí al ladito) con una deliciosa y ligera mayonesa, de esas que por vergüenza no mojas en el pan pero no paras de desearlo.

Para seguir abriendo boca llego después  otro entrante que denominó Tomate Canario. El plato resultó ser un medallón de queso de cabra de pecado y sobre el mismo unos tomatitos Cherry perfectamente pelados y macerados con sabor también  a pecado…..  imposible no padecer gula.

 Y cuando ya pensábamos que serviría el plato principal, aparecieron unas croquetas de escaldon con hierbahuerto absolutamente celestiales, de verdad que son de otro planeta. Si se animan a probar el Restaurante Arena, de verdad que no dejen de pedirlas. Se reconciliarán con todo aquello que les preocupe y además para rematar tal faena a mis michelines (en verano se multiplican como los Gremlis en el agua) las croquetas vienen acompañadas de un sutil alioli de plátano. Sublime la mezcla.

Y para cuando ya estás en ese punto donde o te desabrochas el botón o explotas, llega la fideuá y si que algo exploto: todo el mar en mi boca. Intensidad de sabor como casi ninguna de las que he probado en mi vida. Y explote yo también . Incapaz de comerme el plato entero pero quedará en mi registro de papilas para siempre. Y volveré otro día, desde que pueda a comerla de nuevo.

Como no soy de paladar dulce no me preocupe en dejar espacio para los postres. Todo esto que les cuento sucedió anoche y aún me estoy arrepintiendo. Alejandro nos preparo una selección de semi frío de mango, tarta de queso y mouse de chocolate. Juzguen ustedes mismos por la imagen y todo aquello que les evoque multiplíquenlo por mil. Pura delicadeza absolutamente deliciosa.

Al salir me sentí tan feliz como en mis días de playa y levante la vista a ese cielo lleno de estrellas único en el sur de Gran Canaria. Porque las noches del sur son mágicas y si cenas en el Arena multiplicas todas esas sensaciones que solo sientes en las noches de verano.

 

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