El queque perfecto de chocolate

Esta receta llegó hace años a casa y si mi memoria no me falla, en una revista de cocina. Lo hice, lo probamos y desde ese día se convirtió en el invitado a todos los cumpleaños, santos,  celebración de las notas aprobadas, el queque del alta médica, el queque para cuando uno está malo y nada le apetece y también, por qué no decirlo, el queque de los velatorios.

Así, como lo están leyendo por raro que les parezca pero es que las mayores de mi familia acostumbraban a llevar termo con café, termo con leche, sobrecitos de azúcar, servilletas, frutos secos y el mejor queque de cada casa que por miembro acompañara al difunto. Eso sí,  la cata solo se abría cuando terminaba el encuentro socialmente establecido y quedaban en la sala los más allegados, que en tal caso, en la numerosa familia de mi madre, podían llegar a sumar un total de veinte almas tristes, despidiendo a quien querían y cuando esa puerta se cerraba, cada una contaba su historia o sus anécdotas al resto, aquellas historias que habían compartido en vida,  con el ahora difunto. Las risas y las lágrimas se dividían en igual porcentaje a lo largo de la noche. Surgían secretos del fallecido, que como ya no transitaba entre los vivos, no se le estaba faltando a la lealtad y advertían siempre que otras muchas cosas se callaban porque habían dado su palabra. Y así transcurrían siempre las últimas despedidas, lo último que podían hacer por el difunto, según sus propias palabras. La máxima siempre era que no pasara solo la última noche entre los vivos.

Les puede parecer todo esto muy grotesco, pero mis hermanas y yo lo vivíamos con absoluta naturalidad, crecimos viéndolo y sintiéndolo. Crecimos viendo llegar a mi madre a las 07:00 am después de un velatorio de un tío, de una tía o de un primo o prima o incluso de un vecino del barrio donde creció. Y como si de un programa de espectáculo se tratara, de esos donde te transforman, ella entraba en la ducha, no deshacía su parte de la cama y salía media hora después, compuesta, con los labios pintados y las ojeras hasta el suelo, a volver a dar el último adiós.

Así que este queque está tan bueno y esponjoso que consuela y alegra en igual medida. Desde que tuve geito en la cocina, mi madre me lo pedía allá donde iba, ya fuera por una tristeza ya fuera por una alegría.

INGREDIENTES:

  • 180 gr. de harina de repostería.
  • Tres huevos.
  • 10 gr. de levadura química.
  • 180 gr. de chocolate para fundir.
  • 120 gr. de azúcar blanca.
  • 70 gr. de mantequilla.
  • 200 ml. de nata líquida.
  • La ralladura de una naranja.
  • Unos granos de sal gruesa.

PREPARACIÓN:

Comenzaremos esta receta derritiendo el chocolate al baño maría. Lo haremos sin que el agua en ningún momento llegue a hervir, sino manteniendo la temperatura media mientras se derrite.

En otro recipiente o al microondas, derretiremos la mantequilla y este proceso lo haremos a fuego muy bajo ya que la mantequilla no se debe quemar en ningún momento. Una vez tengamos ambos ingredientes derretidos, los dejamos atemperar fuera del fuego y reservamos.

Seguiremos ahora batiendo los tres huevos, una vez los tengamos batidos, incorporaremos el azúcar y volveremos a batir hasta que la mezcla espume y adquiera cierto color blanquecino. Cuando la tengamos, incorporaremos la ralladura de naranja y los granos de sal gruesa e integraremos batiendo todo el conjunto.

Una vez lo tengamos bien mezclado y siempre que la mantequilla ya no esté caliente, la incorporaremos a la mezcla de huevos, azúcar, sal y naranja y la integraremos, batiendo muy bien. Seguidamente verteremos la nata y la integramos con el resto.

En el siguiente paso, mezclaremos la harina con la levadura y con ayuda de un tamizador o colador de malla fina, iremos incorporando ambas a la mezcla anterior y con ayuda de unas varillas iremos batiendo hasta integrarlas.

No es necesario que la mezcla quede perfecta, con que no veamos grumos es suficiente. Todo queque que pretendamos que nos salga esponjoso, hay que batirlo sin exceso ya que las partículas de aire que queden en la mezcla, nos darán esa esponjosidad y suavidad al resultado final del queque.

Una vez tengamos la harina y la levadura integradas, añadiremos el chocolate derretido que teníamos reservado y atemperándose. Mezclaremos e integraremos bien con la mezcla y el resultado será una crema bastante densa y untuosa.

Encenderemos el horno para precalentarlo a 170º calor arriba y abajo. Mientras se calienta, prepararemos el molde donde daremos forma a nuestro queque. Deberemos engrasarlo, bien con mantequilla, bien con aceite de oliva, tanto por la base como por las paredes de molde ya que al hornearlo coge cierto volumen. Volcaremos la masa en el mismo.

Introduciremos el molde con la mezcla en el horno y manteniendo la misma temperatura y función, lo hornearemos durante 40 minutos.

Si apreciaran que el queque empezara a abrirse por la superficie, abriremos el horno y cubriremos la parte de arriba del queque con papel de aluminio.

Una vez pasados los 40 minutos, sacaremos del horno y dejaremos atemperar antes de tomarlo.

 

 

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