Deliciosas alitas de pollo
Ya he contado alguna vez que de niña tenía intolerancia a la lactosa. Esa condición me hacía un pelín diferente al resto. Mi madre, muy sabia ella, para evitar incidentes me decía que no podía comer nada de nadie, ni en los recreos, ni en los cumpleaños, ni en casa de quien fuera. Además añadía, que si se me ocurría hacerlo me podía quedar con cara de monstruita y llevarme un susto más fuerte que el de las películas de miedo. Y yo era muy miedosa. Ella dio con el antídoto y rara vez tuvo que correr conmigo por una crisis. Continuar leyendo «Deliciosas alitas de pollo»