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El sancocho de mi abuela

Para mi abuela preparar el sancocho de Viernes Santo era casi tan importante como la cena de Nochebuena. Cuatro días antes ya se daba su paseito por el Mercado Central y se paraba puesto por puesto buscando los lomos de cherne que no fueran muy grandes porque si venían de un cherne de más de tres kilos no lo quería, decía que eso no servía porque tenía mucha grasa. Tampoco quería que el cherne estuviera lavado. Yo ese punto no lo entendí hasta bien pasados unos años y un día le pregunté qué como iba a estar lavado si era pescado seco en sal. Ella con paciencia me decía

– Ay Vanesita, cuidado no te dejes engañar, el pescado tiene que tener un poquito de brillo, sino, no sirve porque lo lavaron y eso no está bueno. Continuar leyendo “El sancocho de mi abuela”