Publicado el

Arroz al horno

No me digan que desde que bajan ligeramente las temperaturas y empieza a llover, a casi todos nos encantan esos platos contundentes que solo te atreves a comer en invierno. Este es uno de esos platos, llenos de sabor y de aroma que si lo acompañas de un día gris, de lluvia tras los cristales y de la mejor compañía en la mesa, es el plan perfecto para este fin de semana.

Yo además tuve la suerte de que mi amiga Aran no solo me diera la receta sino que se vino a casa, cocinamos juntas, nos abrimos un vino, nos servimos una copa quizás alguna más y ella, con toda su paciencia, me enseñó a hacer este arroz. Aran es pura inspiración en la cocina y se atreve como pocos que conozco, eso sí,  queda claro que yo soy la afortunada de este tándem porque me enseña, me lo como, me gusta, lo disfruto y siempre me acompaña.

Lo compartimos después con el resto y pocos platos en casa reciben ovación unánime, sobre todo porque somos unos cuantos (más que la media) y porque nuestros gustos son antagónicos. Pero el arroz vino a democratizar la mesa de los fines de semana de invierno en casa.

Es arroz y el arroz no es fácil, tampoco es difícil pero es puñetero porque si no queda en el punto correcto, directamente puede convertirse en un desperdicio. No hay plan B si un arroz no está en su punto. Y esta receta, tal cual, paso a paso, lo deja en el punto exacto. El sabor indescriptible porque lleva la potencia de una buena morcilla asturiana, la contundencia de las costillas de cerdo que después del guiso se deshacen como por arte de magia, el sabor del conjunto que explota en la nariz y en la boca, así todo junto y a la vez y la textura que aporta al grano el calor del horno, sencillamente maravillosa. Sabor en estado puro.

INGREDIENTES

No son muchos los ingredientes que lleva, así que les aconsejo que los compren de buena calidad porque el resultado lo merece.

3 Morcillas asturianas

8 Costillas de cerdo

3 Tazas de arroz redondo

1 Pimiento rojo

1/2 taza de salsa de tomate, a ser posible casera

Unas hebras de azafrán

Sal

Agua

Aceite de oliva

1 cabeza de ajos

Lo ideal es un fuente de barro redonda para cocinarlo, pero también vale cualquier fuente de horno aunque no sea de barro.

MÉTODO (tal cual, paso a paso)

Lo primero será hacer el caldo.

Empezaremos picando muy menudito el pimiento rojo y cuando lo tengamos, lo pondremos de fondo en una olla grande y profunda porque será aquí donde haremos el caldo y lo saltearemos hasta que esté bien hecho, sobre aceite de oliva.

Una vez que ya el pimiento esté hecho, cogeremos la cabeza de ajos, le quitaremos las pieles más externas pero la idea es que la cabeza quede entera y unida y la meteremos en la olla junto con el pimiento.

Sobre la marcha volcaremos también en la olla, las costillas y las morcillas y saltearemos todo junto unos minutos.

Removemos mientras salteamos y cubriremos hasta arriba con agua. Acto seguido también incorporaremos la salsa de tomate.

Lo dejaremos hervir y una vez rompa el hervor, lo bajaremos a fuego medio-bajo. Yo lo tuve unas dos horas a esa potencia y el caldo se fue concentrando a la vez que fue perfumando mi casa y la de todos mis vecinos.

Si quisieran desgrasar el caldo, lo ideal es que este caldo que sirve de base al arroz, se cocine un día antes, se guarde toda la noche en la nevera y por la mañana observarán una ligera capa de grasa que será muy fácil de retirar con ayuda de una espumadera.

Una vez tengamos el caldo, lo mantendremos bien caliente hasta el momento de usarse.

Encendremos el horno para que se vaya precalentando a 200º, calor arriba y abajo, con ventilador y empezamos a montar el proceso.

Cogeremos la fuente de horno e iremos “pescando” del caldo los ingredientes.

Lo primero, colocaremos la cabeza de ajos justo en el centro de la fuente.

Alrededor de la misma, las morcillas (estarán prácticamente deshechas) y las costillas.

Ahora iremos vertiendo por encima el arroz y a mi amiga Aran le gusta colocarlo haciendo cruces.

Por último, vertemos el caldo y siempre será el doble de caldo que arroz, más una taza. Esto es, nosotras utilizamos 3 tazas de arroz y volcamos 7 tazas de caldo (6 tazas+1). Y sobre la marcha la fuente al horno, durante 20 minutos, aunque es verdad que a partir de los 18 minutos lo voy mirando y probando.

Y esto es todo, queda perfecto, tal cual. Tengan en cuenta que es un arroz que no precisa de reposo, una vez lo saquemos del horno ya está listo (eso sí, muy caliente) para comer.

Si se animan, les garantizo que no lo harán una sola vez sino que este arroz les acompañará en muchos días fríos de los que espero, nos quedan por delante.

 

8 opiniones en “Arroz al horno”

    1. Muchas gracias por tu comentario Amparo pero con este arroz no intento siquiera imitar al arroz al horno valenciano, simplemente es un arroz que se hace al horno con los ingredientes que se describen en la receta.
      Saludos y buen día!!

  1. Hice la receta este domingo, quedó buenísima. Queda incorporada al recetario habitual. Le puse cinco costillas, me salieron dos litros de caldo, por lo que hice 900 ml de arroz, sólo salé en el momento del caldo y lo único que no tuve en cuenta fue tener el caldo caliente en el momento de pasarlo todo al horno. Me tardó casi los veinte minutos en empezar a borbotear, pero lo estuve vigilando y tardó sus veinte minutos a partir de ahí para quedar perfecto.
    Muchas gracias por la receta, simplifica la original valenciana sin perder interés. Para mí es una opción sencilla y muy sabrosa, ideal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.