María Jiménez

María Jiménez no sólo canta desde el coño, sino desde un espacio donde los dioses se quedan a las puertas. Un espacio donde sólo pueden entrar los débiles, los marginados, los genios, los estudiantes que se matan estudiando de madrugada, los funcionarios y todo aquel que ha sufrido. María es la alegría para los que han sufrido. Ella es el triángulo perfecto de la copla. Mucho más perfecto que el de Isabel Pantoja. Se equivocan los ingenuos que consideran a Isabel, la última de la Copla. La última grande es María Jiménez, porque no imita. Isabel sí, copia perfecta de las grandes, mientras que María fusionó copla, bambino music, flamenco, sabina music, bolero y bulería en una misma voz. La misma voz que nos dio a sus admiradores, a sus fieles amantes- toxicómanos de su arte- la alegría de su resurrección a la música. Una resurrección parecida a la de Cristo: no murió, porque ella es inmoral como el espíritu de Cristo. Y año tras años, será más inmortal para las generaciones venideras. María con su último trabajo musical, junto a Miguel Poveda, me ha recordado mucho a Chavela Vargas aunque no se parezcan en nada. Coincido con un colega en este punto. Cantó desde un rincón del alma, desde las profundidades del pantano espiritual, desde lo más hondo e inmaculado que pueda haber en la voz de un ser humano: su honradez. «María es una corazón valiente, de Luz, que vence a la oscuridad», eterna María.