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El coño de Ana Oramas

 

Ana Oramas en Cope.
Ana Oramas en Cope.

 

Ana Oramas tiene un coño independiente que se pasea por el Congreso o por las calles de Santa Cruz. Su coño (patrimonio inmaterial de la humanidad con permiso de mi Culiao) es un ente independiente que va más allá de los dictámenes partitocráticos. Sólo se me ocurre felicitar y aplaudir su poderío coñil. Sus ovarios, por otro lado, son asteroides que luchan contra el sanchismo– sometimes-, o se declaran nacionalistas canarios a favor de la nación española. En los sistemas democráticos deben existir figuras independientes, Ana lo fue mientras duró su discurso. Rompió con la esclavitud de partido– mal llamada disciplina de partido-, y apostó por su propio criterio. Oramas no es una persona formada en teoría política. Es lista, pero no inteligente. Lo importante es que es graciosa y defiende- a su manera- la nación española. Carlos Sosa le dedicó « ¿Y a ti qué te importa la unidad de España?». La unidad de España es cosa de todos y de todas (lenguaje progre), e incluso de aquellos que no quieran formar parte de España. He leído su artículo, Carlos. Es graciosillo, es interesante el análisis que hace de Coalición Canaria aunque con algún agujero que otro. Todos tenemos agujeros, no se preocupe. Algunos cerrados y otros abiertos. La democracia necesita agujeros abiertos de mente, para que seamos libres. No sé si lo hiciste con capciosidad, Ana, pero «óle tú por haberlo hecho».

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¿China o EEUU?

 

¿Quién ganará el pulso?
¿Quién ganará el pulso?

 

No importa el color del gato, pero sí sus valores. No todo vale, gigante asiático. Existen reglas de juego en el tablero internacional que deben respetarse. Si tuviera que posicionarme entre Estados Unidos o China, apoyo a Estados Unidos porque sí le importan los valores del gato. Está bien que el gatito cace, pero respetando. No es justo que el gatito se coma un ratón, mientras mamá ratona está dando de amamantar a su hijo (Plaza de Tiananmen). A China le da igual. La cuestión es llegar a controlar el mundo, a ganar capital aunque sea matando de hambre a cuarenta y cinco millones de chinos. Estados Unidos también se ha equivocado y lo he denunciado públicamente, pero la diferencia sustancial que hay entre Estados Unidos y China es la libertad de expresión. En China debes obedecer y no llevar la contraria al Partido. En Estados Unidos puedes ser tú mismo, en China eres lo que Estado quiere que seas. Todo es estatal y eso a mí no me gusta, y más cuando te las das de socialistas. Si China es socialista, yo soy un gatito. Post data: Criticar a China no es criticar a mis amigos chinos o a la cultura china. Creo que debe democratizarse seriamente el régimen chino. Democratizarse no es abrir una tienda «Dior», sino permitir que existan los opositores. Menos Confucio en el plano político y más Teresa Teng en el día a día.

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Erdoğan, ¿nos aclaramos?

 

Erdogan toma un yogur rodeado de estudiantes en Ankara. ©AP
Erdoğan toma un yogur rodeado de estudiantes en Ankara.©AP

 

Las series turcas están revolucionando el panorama televisivo, pero son más revolucionarias en cuanto a su contenido. A día de hoy está prohibido, y mal visto por la sociedad erdogana, darse besos en el espacio público. Escribo «sociedad erdogana», porque Turquía es lo quiera el señorito Erdoğan. Es el mesías de la patria, es el Mahoma posmoderno y lo demuestra en cada una de las tonterías legislativas que realiza él y sus parásitos. Este señor tiene mentalidad de dictador: «mejoro sustancialmente la economía turca, pero yo soy la ley. Yo soy la democracia. Yo soy la verdad. Yo exporto series turcas donde se comen la boca, el alma y visibilizo, falsamente, la diversidad que hay en Turquía pero eso de puertas para fuera. Dentro de la nación, no». En casita la gente no debe quejarse. Las minorías deben estar alienadas a la santa voluntad  del mesías Erdoğan, sino papi se enfada; te censura o manda a sus servicios secretos. Lo malo de Erdoğan es lo camaleónico que es, lo falso que es, la cantidad infinita de caras que Allah le ha dado. Con Arabia Saudí tiene una cara. Con Qatar otra. Con Israel otra. Con Irán otra. Con Siria otra. Conmigo otra. Y con los espectadores de series turcas, otra. En estas series venden la libertad que hay en Turquía: mentira, no existe la diversidad de opiniones. Todo se hace según la sharia del mesías Erdoğan. Sé que estás enfadado por estas palabras, camaleón turco: me prohibirás entrar a Turquía para hacerme un microinjerto. Me da igual. Tu poder tiene fecha de caducidad, la democracia no.