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Houellebecq y las máscaras de un provocador

 

Michel Houellebecq y Depardieu en la película "Thalasso".
Michel Houellebecq y Depardieu en la película “Thalasso”.

 

Escena de fondo anaranjado. Ambiente tenso. Houellebecq es apedreado por salafistas y reaccionarios, mientras unos simpatizantes de Marine Le Pen se burlan de su dolor imitándolo. Todo el mundo se burla de Houellebecq. Todo el mundo se burla del escritor, pero como dice verdades (algunas bien maquilladas y otras de látex) y nos retrata tan bien: lo perdonamos. Decir verdades te salva aun siendo un provocador. Ser provocador, para Houellebecq o para mí, es una forma de divertirse como ir al karaoke y molestar al público con tu horrorosa voz. Provocar es divertirse, no más. Pero si esa provocación viene acompañada de una verdad, ya eres peligroso para el sistema; y por eso Michel tiene mi admiración personal e intelectual porque dice verdades sobre el sistema sin salirse del sistema y alimentándose del sistema en sus múltiples variables. Otra cosa hermosa que tiene Houellebecq es la generosidad. Es más generoso con sus enemigos que consigo mismo. Lo supe leyendo “Sumisión”. Jamás he visto un análisis tan moderno, tan de calle, tan coloquial, tan natural de los musulmanes que viven en el mundo occidental. Critica esa vertiente radical/politizada del islam a favor de un islam democrático, de un sistema multicultural, de una Europa democrática que progresa apartando a los intrusos ideológicos, financieros, políticos, teológicos. Europa tiene que ser, más allá de lo dictámenes de los enemigos (o falsos amigos) de Europa. Houellebecq es eso: un amigo que se hace pasar por enemigo, porque decir verdades a casi ningún amigo le interesa.

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El periodismo es previo al Derecho

El periodismo es previo al Derecho. Para llegar al poder y mantenerse en él se debe controlar; primero a los medios de comunicación y después al poder político. Lo que se discute es la hegemonía cultural. Quien llega antes a la cima de esta montaña: influye, manipula y controla a la población. Este pensamiento fue expuesto por el genial pensador Gramsci con las siguientes palabras: “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político (…) mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos infiltrados en todos los medios de comunicación”. Los medios de comunicación son todo: somos lo que somos porque unos medios de comunicación- liderados por ideólogos posmodernos- lo han decidido. Los tiempos, las modas, las preferencias políticas, el sentimiento revolucionario existen según la voluntad del poder de los medios de comunicación. Si en este momento, el partido político Vox (UPyD, o cualquier otro) tuviera el monopolio de los medios de comunicación estaríamos ante otro escenario político-electoral. Evidentemente, no todos los ciudadanos votarían a estos partidos políticos. Pero, un número importante de electores sería “convencido” por estos medios.

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Lollipops

©Miniwallist
©Miniwallist

Todos sabemos lo que fue Goytisolo. De la misma manera que conocemos, casi, a la perfección las aficiones íntimas del poeta de la juventud, Gil de Biedma; y en las mismas líneas podríamos mencionar las biografías de Rimbaud- y su afición, a la hora de buscarse la vida, de comprar y vender con esclavos- o Houellebecq: un aficionado a pasearse con lollipops de Lanzarote o Irlanda. Este artículo se torcería con las innumerables biografías que a nivel moral son un vómito con sabor a jengibre e hígado, pero en eso mismo se fundamenta el entendimiento de una obra artística: el lector o el académico debe separar- como bien dijo el sadomasoquista de Foucault- la obra de la biografía. La obra nunca debe estar etiquetada por los chismes, o las adicciones que pudiera presentar el autor; el autor es dueño de una vida que puede- o no- compartir con la sociedad. Un autor, por lo general, es un personaje público sometido a la moral de su época. Continuar leyendo “Lollipops”