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Soy gitano

 

 

Manuel Molina, un gran hombre.
Manuel Molina, un gran hombre.

 

Existe una novela de Cervantes titulada «La Gitanilla», donde afirma lo siguiente: “Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones (…)” A Cervantes solo le puedo responder con: “Yo soy gitano”. Puede que en otra vida haya sido gitano o no, pero siento pasión por la cultura, el arte, el duende, el temperamento y por supuesto la libertad del pueblo gitano. El pueblo gitano es digno de admirar (¡qué orgullo ser y/o sentirse gitano!). Un grupo de seres humanos venidos de la otra punta del mundo- Rajastán, India- hace miles de años; recorriendo en caravanas medio mundo hasta llegar a su Ítaca, es digno de admirar. ¡Viva los gitanos! Me siento tan gitano, moral y literariamente, que estoy preparando un ensayo sobre los gitanos. En muy breve publicaré mi primer libro, y a partir de ahí vendrá el de los gitanos y otros muchos (¡si Undebel quiere!). Viva los gitanos, ejemplo de identidad que ha sobrevivido a pesar de los criminales y los tiranos que han querido desacreditar a todo un pueblo-pero no lo han conseguido-. Viva los gitanos más allá de la imagen capitalista y superficial que han dado los « Los Gipsy Kings» en la televisión. Los gitanos son rabia, fuerza, historia, misticismo (¡mucho y muy poco conocido!) y admiración. ¡Os quiero, amigos! Un abrazo a todos los gitanos del mundo de vuestro primo Sikabi Cohen.

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¿China o EEUU?

 

¿Quién ganará el pulso?
¿Quién ganará el pulso?

 

No importa el color del gato, pero sí sus valores. No todo vale, gigante asiático. Existen reglas de juego en el tablero internacional que deben respetarse. Si tuviera que posicionarme entre Estados Unidos o China, apoyo a Estados Unidos porque sí le importan los valores del gato. Está bien que el gatito cace, pero respetando. No es justo que el gatito se coma un ratón, mientras mamá ratona está dando de amamantar a su hijo (Plaza de Tiananmen). A China le da igual. La cuestión es llegar a controlar el mundo, a ganar capital aunque sea matando de hambre a cuarenta y cinco millones de chinos. Estados Unidos también se ha equivocado y lo he denunciado públicamente, pero la diferencia sustancial que hay entre Estados Unidos y China es la libertad de expresión. En China debes obedecer y no llevar la contraria al Partido. En Estados Unidos puedes ser tú mismo, en China eres lo que Estado quiere que seas. Todo es estatal y eso a mí no me gusta, y más cuando te las das de socialistas. Si China es socialista, yo soy un gatito. Post data: Criticar a China no es criticar a mis amigos chinos o a la cultura china. Creo que debe democratizarse seriamente el régimen chino. Democratizarse no es abrir una tienda «Dior», sino permitir que existan los opositores. Menos Confucio en el plano político y más Teresa Teng en el día a día.

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Erdoğan, ¿nos aclaramos?

 

Erdogan toma un yogur rodeado de estudiantes en Ankara. ©AP
Erdoğan toma un yogur rodeado de estudiantes en Ankara.©AP

 

Las series turcas están revolucionando el panorama televisivo, pero son más revolucionarias en cuanto a su contenido. A día de hoy está prohibido, y mal visto por la sociedad erdogana, darse besos en el espacio público. Escribo «sociedad erdogana», porque Turquía es lo quiera el señorito Erdoğan. Es el mesías de la patria, es el Mahoma posmoderno y lo demuestra en cada una de las tonterías legislativas que realiza él y sus parásitos. Este señor tiene mentalidad de dictador: «mejoro sustancialmente la economía turca, pero yo soy la ley. Yo soy la democracia. Yo soy la verdad. Yo exporto series turcas donde se comen la boca, el alma y visibilizo, falsamente, la diversidad que hay en Turquía pero eso de puertas para fuera. Dentro de la nación, no». En casita la gente no debe quejarse. Las minorías deben estar alienadas a la santa voluntad  del mesías Erdoğan, sino papi se enfada; te censura o manda a sus servicios secretos. Lo malo de Erdoğan es lo camaleónico que es, lo falso que es, la cantidad infinita de caras que Allah le ha dado. Con Arabia Saudí tiene una cara. Con Qatar otra. Con Israel otra. Con Irán otra. Con Siria otra. Conmigo otra. Y con los espectadores de series turcas, otra. En estas series venden la libertad que hay en Turquía: mentira, no existe la diversidad de opiniones. Todo se hace según la sharia del mesías Erdoğan. Sé que estás enfadado por estas palabras, camaleón turco: me prohibirás entrar a Turquía para hacerme un microinjerto. Me da igual. Tu poder tiene fecha de caducidad, la democracia no.