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María Jiménez

 

María Jiménez para Rolling Stone España. Jerónimo Álvarez, fotógrafo.
María Jiménez para Rolling Stone España. Jerónimo Álvarez, fotógrafo.

 

María Jiménez no sólo canta desde el coño, sino desde un espacio donde los dioses se quedan a las puertas. Un espacio donde sólo pueden entrar los débiles, los marginados, los genios, los estudiantes que se matan estudiando de madrugada, los funcionarios y todo aquel que ha sufrido. María es la alegría para los que han sufrido. Ella es el triángulo perfecto de la copla. Mucho más perfecto que el de Isabel Pantoja. Se equivocan los ingenuos que consideran a Isabel, la última de la Copla. La última grande es María Jiménez, porque no imita. Isabel sí, copia perfecta de las grandes, mientras que María fusionó copla, bambino music, flamenco, sabina music, bolero y bulería en una misma voz. La misma voz que nos dio a sus admiradores, a sus fieles amantes- toxicómanos de su arte- la alegría de su resurrección a la música. Una resurrección parecida a la de Cristo: no murió, porque ella es inmoral como el espíritu de Cristo. Y año tras años, será más inmortal para las generaciones venideras. María con su último trabajo musical, junto a Miguel Poveda, me ha recordado mucho a Chavela Vargas aunque no se parezcan en nada. Coincido con un colega en este punto. Cantó desde un rincón del alma, desde las profundidades del pantano espiritual, desde lo más hondo e inmaculado que pueda haber en la voz de un ser humano: su honradez. «María es una corazón valiente, de Luz, que vence a la oscuridad», eterna María.

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Mari Trini y la homofobia

 

Mari Trini en una actuación.
Mari Trini en una actuación.

Mari Trini ha sido condenada al ostracismo por enfrentarse cuerpo a cuerpo contra el patriarcado. Fue condenada, y sigue condenada en el inconsciente colectivo, por muchas razones: porque fue lesbiana, con y sin Franco, sin ocultar demasiado su identidad sexual; y en España ser lesbiana se paga muy caro, siempre, al menos en el mundo artístico o televisivo. El ejemplo lo tenemos en Rosana y cómo es apodada en el mundo artístico, o cómo trataron a Encarna por ser lesbiana: jamás lo negó, ni lo afirmó, pero fueron a por ella como han ido a por Mari Trini. Lo de Mari Trini es pura homofobia, ¡ojalá la generación Z y las posteriores o la misma millennial rescaten a esta gran artista! Tampoco importa que la rescaten, porque Mari Trini es un clásico sea escuchada o no. Es como un aria de Puccini. Lo de Mari Trini no tiene nombre, ya lo he dicho: el instinto carca, patriarcal, machista, homófobo que tienen las mujeres y los hombres- de ayer y hoy- hizo todo lo posible por desacreditar a Mari Trini por sus labios, por su orientación sexual, por cantar en otros idiomas (cosa que muy pocos pueden decir) o interpretar clásicos franceses en el idioma de Cervantes. Les molestaba que fuera libre. Les fastidiaba que tuviera libertad económica y que encima fuera buen persona, pero nunca fue una «señorita tranquila y sencilla», esa no fue ella.

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Camilo Sesto y cómo ser Peter Pan

 

Camilo Sesto, eternamente joven.
Camilo Sesto, eternamente joven.

Camilo, en los últimos años, vivía condenado al pasado como pasa con la gran mayoría de las glorias de este país. Condenado, agarrado al palo del pasado porque este presente es para los cretinos y los farsantes, porque este presente de artistas de chatarra no respeta la tradición. Camilo Sesto es tradición. Forma parte de la historia musical del mundo junto a Julio IglesiasNina Simone o el mismo Caruso. Pero, Camilo en sus últimos años era “El operado”. Sus canciones, su repertorio, su vida y su gloria eran objeto de burla porque en España el artista debe ser perfecto. Es lo que tiene pasar por un quirófano: puedes salir como un bellezón venezolano o como Camilo. Pero, ¿qué importa? Lo intentó y no salieron bien las cosas. La cuestión va más allá del bisturí, Camilo es y seguirá siendo el eterno Peter Pan: siempre niño, siempre joven, siempre guapo, siempre rodeado de amigos que existen divirtiéndolo. Era un niño en cuerpo de hombre, nunca mandó en su vida (en mi opinión): todo se lo dejaba a los secretarios, a los asistentes, a la ama de llaves. Lo suyo solo era cantar, interpretar, continuar con el espectáculo.

 

 

“Perdóname, perdóname, perdóname. Si hay algo que quiero eres tú.”