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Houellebecq y las máscaras de un provocador

 

Michel Houellebecq y Depardieu en la película "Thalasso".
Michel Houellebecq y Depardieu en la película “Thalasso”.

 

Escena de fondo anaranjado. Ambiente tenso. Houellebecq es apedreado por salafistas y reaccionarios, mientras unos simpatizantes de Marine Le Pen se burlan de su dolor imitándolo. Todo el mundo se burla de Houellebecq. Todo el mundo se burla del escritor, pero como dice verdades (algunas bien maquilladas y otras de látex) y nos retrata tan bien: lo perdonamos. Decir verdades te salva aun siendo un provocador. Ser provocador, para Houellebecq o para mí, es una forma de divertirse como ir al karaoke y molestar al público con tu horrorosa voz. Provocar es divertirse, no más. Pero si esa provocación viene acompañada de una verdad, ya eres peligroso para el sistema; y por eso Michel tiene mi admiración personal e intelectual porque dice verdades sobre el sistema sin salirse del sistema y alimentándose del sistema en sus múltiples variables. Otra cosa hermosa que tiene Houellebecq es la generosidad. Es más generoso con sus enemigos que consigo mismo. Lo supe leyendo “Sumisión”. Jamás he visto un análisis tan moderno, tan de calle, tan coloquial, tan natural de los musulmanes que viven en el mundo occidental. Critica esa vertiente radical/politizada del islam a favor de un islam democrático, de un sistema multicultural, de una Europa democrática que progresa apartando a los intrusos ideológicos, financieros, políticos, teológicos. Europa tiene que ser, más allá de lo dictámenes de los enemigos (o falsos amigos) de Europa. Houellebecq es eso: un amigo que se hace pasar por enemigo, porque decir verdades a casi ningún amigo le interesa.

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El lector de André Breton

 

Esta mañana-la de ayer- estuve en la librería Sinopsis. Un joven hablaba de Breton como si fuera su vecino del bloque de al lado. No pude resistirme: ese espíritu de reportero de guerra o maruja de barrio me lanzó a preguntarle, a abrir una conversación con él. «Te gusta la literatura francesa, ¿eh?». Me respondió muy tímidamente que sí. Y poco a poco, casi como un cirujano, fui creando algo que no sé si se podría llamar conversación o diálogo de un neoplatonismo extraño. Los jóvenes lectores, o los jóvenes genios como este lector de Breton, tienen un mundo interior tan hermoso (¡tan universal!) que, en muy pocas ocasiones, comparten con el mundo. Creo que no se equivocan, ¿para qué compartir tus ideas con el mundo si no quieres? Los sabios buscan su crecimientos personal: escribirán mil tratados de poesía y física, pero primero crecen ellos y, después, si cuadra la cosa sacan esa criatura al mundo.

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María Teresa Fernández de la Vega, elegante

 

 

María Fernández de la Vega, elegante.
María Teresa Fernández de la Vega, elegante.

 

Es interesante la afirmación de María Teresa Fernández de la Vega: «Cuando una mujer da un paso, todas avanzamos». De la Vega pertenece a la tradición de Santa Teresa de Jesús, mujer libre que camina y lucha a pesar de la tormenta patriarcal o los fuertes vientos que desean tumbar, acabar con cualquier mujer inteligente. Santa Teresa de Jesús lo fue, y por ello fue acosada por la Inquisición patriarcal de entonces porque el patriarcado es un camaleón, es un litro de agua venenosa que toma cualquier forma con tal de seguir existiendo. De la Vega es el paradigma de mujer libre que es libre por sí misma, y no por una discriminación positiva (¡horrorosa expresión, ojalá le cambien el nombre!). Llegó a ser, gracias a su propio esfuerzo. M.T. F. de la Vega es otro ejemplo de mujer inteligente formada en la dialéctica de María Zambrano, Campoamor, Emilia Pardo Bazán. Toma su voz de todas esas mujeres, y otras muchas, para crear su propio discurso. De la Vega es una mujer guapa con un discurso elegante, es un baobab firme en sus ideas y en su estética donde los colores huelen a África. Lo más bonito que tiene María Teresa es su libertad, dice lo que cree conveniente. De la Vega es uno de esos baobabs verdes y hermosos que acabarán con la chulería histórica del anticristo patriarcal.