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Doctor Nogales

Al final, desgraciadamente, las noticias terminan engrosando la larga lista de productos destinados a usar y tirar. Digo desgraciadamente porque casi todas giran en torno a la condición humana. Los delitos, las curiosidades, el chismorreo, las depravaciones, los éxitos, todo pasa por esa enorme trituradora del consumo que las convierte en breves destellos que se apagan inmediatamente en la memoria o, en el mejor (o peor) de los casos, flotan en ella para renacer en forma de prejuicio o de visión simplona de lo que siempre es complejo.
Como lectores comprometidos nos compete rescatar aquellas otras noticias que no tienen ese marchamo de información-cleenex y que se producen con vocación de permanencia en los anales del progreso, de la denuncia, de la rebelión o de la crítica edificante. Muchas de las noticias de este tipo caen en la misma trituradora y trasladan a sus protagonistas a un límbico anonimato que, entre otras cosas, termina tragándose su poderosa contribución al bienestar del ser humano.
Alargo este preámbulo como alfombra roja para un hecho del que se hizo eco la prensa canaria hace unos días y que justifica todo elogio bien ponderado. El titular era concretamente «El Perpetuo Socorro, pionero en una intervención de pseudoartrosis». Destacaba la noticia el carácter novedoso de la técnica quirúrgica empleada, que sitúa al centro sanitario a la vanguardia del tratamiento biológico de las roturas óseas. Todo lo que hemos oído respecto a los avances en el uso, milagroso para los profanos, de las células madre para la regeneración de tejidos y órganos se hace presente en un hospital de nuestras islas. Al frente del equipo impulsor de esta técnica se halla el doctor Nogales.
Conozco desde hace mucho tiempo a Juan José Nogales y doy fe de que esto que aparece como una burbuja en el titular de un periódico es el fruto de un trabajo de muchos años, de una curiosidad científica comprometida y una búsqueda incansable de nuevas formas de intervenir en el campo de la Traumatología. Lo he conocido recorriendo mundos y persiguiendo la hebra por donde tirar para su estudio y sus innovadoras experimentaciones. Cada vez que me lo encuentro me actualiza el estado de los tratamientos y pone en mi conocimiento alguna buena nueva sobre la esperable recuperación de mis maltrechas rodillas.
En más de una ocasión hemos comentado que es detrás de las rótulas, donde la edad y la artrosis comparten festín acabando con los últimos restos de nuestros cartílagos (los suyos y los míos), el lugar preferente en que su genialidad médica tiene el mejor de los territorios para valorar el prodigio de sus pesquisas.
Como médico, el doctor Nogales se ha ganado un prestigio a base de activar sus receptáculos como investigador, pendiente de todo lo que se hace en el mundo en su terreno, poniendo su capacidad de observación y su sobresaliente intuición al servicio de una ciencia con la que todos los artrósicos del mundo nunca dejaremos de estar en deuda.
Esta sí que es una noticia de enjundia, una noticia que merece tronío mediático, como muchas que anuncian que hay una conspiración benevolente para mejorar el bienestar de los seres humanos.
El doctor Nogales habrá tenido su merecido reconocimiento en los círculos médicos pero yo necesitaba auparlo con el altavoz de un afecto diferente. Es que es mi amigo.