Publicado el

Impresión 3D, la apoteosis

He intentado durante estos días componer un articuento, como lo llama Millás. En él aparecía un personaje a quien puse de nombre Primitivo Menestral, al que atribuí como rasgos más relevantes su soledad, su enajenante afición lectora y su maña innata para la manufactura doméstica. El tal Primitivo se había visto atrapado por un estado de delirio después de conocer los prodigios de la impresión en 3D que un ingeniero, una bióloga y un médico habían expuesto en un programa de Iñaki Gabilondo. De las palabras de estos expertos habían salido prótesis que corregían corazones desperfectos, artilugios que reconstruían una osamenta maltrecha, órganos creados como por ensalmo a partir de unas cuantas células, piel humana elaborada como quien teje un paño con hilos, además de zapatos, tartas, cazuelas y todo perendengue que se le cruzara a un individuo por su mente fabril.
Imaginé a Primitivo fascinado por tales revoluciones de la tecnología y sometido a una conmoción suprema cuando al poco tiempo contempló en la televisión la construcción de una vivienda mediante una impresora gigantesca. Me lo figuré rebuscando en el mismo magín donde Mary Shelley había hurgado para concebir su criatura, y al fin lo encaminé a mezclar sueños, delirios y probaturas.
Después de comprar su artilugio, buscó en la red el diseño de las piezas del organismo y solicitó por la misma vía a distintos proveedores el suministro de polímeros y células que sirvieran de base para su bricolaje biológico.
Comenzó imprimiendo la osamenta; se cuidó de hacerla a prueba de fracturas, reforzándola con una dosis de calcio suplementario. Siguió con la musculatura, fibrosa pero sin excesos; no le atraía un fenómeno cachas. Continuar leyendo “Impresión 3D, la apoteosis”

Publicado el

Series, ficción y futuro

Sí, manifiesto que yo también veo series, pocas, sin continuidad, pero las veo. Y para que conste a los efectos oportunos de no alardear de vivir por encima de la turbamulta, firmo la presente en este momento. Veo Black mirror. No esperen un comentario sobre el valor de la misma. Ya el periodismo serio y el boca a boca culto han pontificado sobre su originalidad y su acierto. Solo me interesa resaltar que después de algún capítulo, lo que solo era trama, truco narrativo para seducir al espectador, me ha dejado un poso de cavilaciones palpitando suavemente en el imaginario.
Es más que conocida la literatura de anticipación. La mente iluminada de escritores como Orwell o Huxley que tejen una distopía que con el tiempo acaba acercándose a la realidad. Pero siempre tuve la impresión de que la creación de esos mundos tenía algo de levadura fantástica que los hacía demasiado épicos en el momento histórico de su publicación como novelas.
Sin embargo, en uno de los capítulos de Black mirror, por ejemplo en el titulado Caída en picado, están tan cercanos los mimbres con los que se construye el mundo distópico narrado que me resulta más difícil sustraerme al sobresalto. Muy resumidamente, el episodio transcurre en un mundo en el que las personas son calificadas (y pueden hacerlo con otras, claro) con puntuaciones de una a cinco estrellas en cada interacción social en las que son protagonistas. Nadie escapa a este forma de puntaje, de manera que hay un sistema (el oscuro sistema) que tiene registrado el cuadro de los honores y las pifias de cada uno. Y a partir de los dictados del sistema, los ciudadanos y las ciudadanas tienen acceso a los parabienes sociales: créditos, integración en círculos sociales, asistencia sanitaria, etc.
Hasta aquí todo podría parecer una imaginativa especulación anticipatoria. Continuar leyendo “Series, ficción y futuro”