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Crónica de una conferencia desde el asiento de un ciudadano ultramoderno

Preliminares. Móvil en mano. Consulta obligada y paciente de todos espacios virtuales habilitados en el dispositivo. Repetición de la consulta. Pausa en la foto del sobrino revisitada en mil ocasiones. Comienza la conferencia. Presentación del orador. No interesa. Asegurarse de que todos los canales están disponibles. Último repaso. Ahora sí. Desactivación del sonido. La sociedad canaria sufre pobreza severa a tenor de los datos que se exponen. CONEXIÓN: fotografiar la diapositiva expuesta. Ya que estamos: panorama rápido de los foros imprescindibles: wasap viejo, borrar. Facebook: Marta comparte un enlace: cómo evitar que las termitas entren en tu casa. Twiter: Paquirrín rompe con su pareja, ya es oficial. DESCONEXIÓN. La estadística muestra que desde la crisis del 2008 la vulnerabilidad ha crecido en Canarias con respecto… RECONEXIÓN: wasap, no vengas tarde a comer, mi niño, que se te enfría el pollo. Respuesta: . Facebook: Adelita ha añadido una foto. Adelita te ha enviado un mensaje. Salir de Facebook (Neurona libre que actúa espontánea: Si Adelita se fuera con otro). DESCONEXIÓN. … lo que indica que nos hallamos ante el deber de cubrir las primeras necesidades… ¡¡¡Vibración!!! Urgencia, emergencia, alerta. CONEXIÓN: Su factura de Movistar está disponible. Ya que estamos: paseo por las últimas novedades en series televisivas. DESCONEXIÓN. … pero todas estas propuestas son estériles sin ficha financ… CONEXIÓN: llamada entrante, wasap, estoy en unas jornadas, luego te llamo. DESCONEXIÓN PARCIAL. Por esa razón, es primordial convertir la situación en asunto de Estado, sin partidismos que pudieran especular con una precariedad que está extendiendo el riesgo de exclusión social a… RECONEXIÓN DE CORTESÍA: Wasap, sobre la exclusión social y los riesgos de la población en Canarias. Interesante. Ya te cuento DESCONEXIÓN. … algo que ya el sociólogo Georg Simmel en su obra… CONEXIÓN ACADÉMICA: Google, SOS wikipedia: Georg Simmel, buscar. DESCONEXIÓN. En conclusión: renta ciudadana, sí; compromiso institucional, sí; conectar de inmediato con las necesidades, prioritario. CONEXIÓN: wasap, ya acabó. Aplausos. Foto del ponente y del público para subir a Instagram. Esto es todo.

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La herencia

En plena edad provecta, ya no me quedará tiempo para asistir a las catástrofes que se anuncian respecto al clima. Por tanto, el interés que me empuja a hacer las cosas y obrar correctamente no parece tener la presión de la inmediatez del apocalipsis. Adopto conductas cívicas porque me considero un ciudadano que contribuye al bien común y al respeto entre los habitantes del planeta. Me ajusto al imperativo categórico kantiano de actuar como creo que debe actuar todo el mundo. Y concluyo con que ese es el camino para convertirme en un individuo virtuoso.

Pero hoy, que sale a la palestra con especial énfasis el horizonte sombrío del medio ambiente y del clima, creo conveniente incorporar a los reguladores del comportamiento individual la idea de la herencia como referente orientativo del deber. Si hasta ahora hemos obrado guiados por un precepto vago del conservacionismo, saber que el planeta que dejemos a nuestros hijos e hijas, o a la juventud en general, puede sufrir un deterioro gravísimo nos invita a tomarnos con mayor grado de compromiso los principios por los que regulamos nuestra conducta.

Nos tienta pensar que ya espabilarán cuando se vean con el agua al cuello (nunca mejor traído el dicho), y que, por tanto, nosotros no tenemos más responsabilidad que sumar gestos testimoniales de nuestras obligaciones con el respeto medioambiental. Pero la herencia, el deseo (y el derecho) de proporcionarles a nuestros herederos un entorno habitable, un clima al menos soportable y unas condiciones naturales lo más similares a las nuestras, sí que debería presionar algo más sobre nuestra voluntad de ser ciudadanas o ciudadanos virtuosos.

No le quitaré la razón a quien diga que cumple mientras recicle, mientras administre el consumo, mientras regule el uso de los combustibles fósiles, mientras contribuya a evitar el despilfarro y la basura inútil. Yo mismo estoy alineado con quienes lo procuran. Sin embargo, hay una fuerza ética en la herencia que me saca de mí mismo para pensar en una obra colectiva de mayor trascendencia. No sé muy bien qué pasos seguir para ser coherente con este impulso; al menos velo por que no se apague. Sé que se necesitan el deber individual y la denuncia, y así lo seguiré haciendo. Pero intuyo que la preocupación por lo que yo ya no veré aporta un grado más a la dignidad y a la justicia.

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Harriet y Hadiza

Hace ahora quince años escribí un relato cuya fuente de inspiración había sido la información aparecida en un reportaje de TVE sobre la existencia de muchachas en una aldea de Tanzania llamada Singuino, que luchaban a diario contra el SIDA, las violaciones y la falta de regularidad en la escolarización. Llamé a mi protagonista Hadiza y la hice portadora de un espíritu combativo frente a otras que sucumbían a la fuerza de las adversidades. Hadiza renunciaba a la oferta de una bicicleta que le proponía un buscador de oro a cambio de dejarse someter a sus apetitos carnales, algo común en Gaita, comarca donde ocurren los hechos. Y con la bicicleta, a las muchachas que claudicaban se les facilitaba el largo trecho que tenían que recorrer para llegar a la escuela. Pero Hadiza antepuso su dignidad y el conocimiento del contagio del virus mortal, y siguió asistiendo a clase aunque tuviera que hacerlo recorriendo ocho o diez kilómetros diariamente.

Foto EL PAÍS SEMANAL

Cuando vi el reportaje en televisión recuerdo que me conmovió profundamente y sacó mis vergüenzas ante la magnitud de los problemas cotidianos a los que me enfrentaba en ese tiempo. Sé que se trata de una pirueta de los viejos hábitos morales que se agarran como un parásito de por vida a esa madama de bata negra que se llama culpa. Pero no pude evitar (y no sé si lo conseguiré alguna vez) someter la historia de las muchachas de Singuino al restallido del flagelo y entonces decidí que un modo de redención podía ser escribir un cuento.

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