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El coño de Ana Oramas

 

Ana Oramas en Cope.
Ana Oramas en Cope.

 

Ana Oramas tiene un coño independiente que se pasea por el Congreso o por las calles de Santa Cruz. Su coño (patrimonio inmaterial de la humanidad con permiso de mi Culiao) es un ente independiente que va más allá de los dictámenes partitocráticos. Sólo se me ocurre felicitar y aplaudir su poderío coñil. Sus ovarios, por otro lado, son asteroides que luchan contra el sanchismo– sometimes-, o se declaran nacionalistas canarios a favor de la nación española. En los sistemas democráticos deben existir figuras independientes, Ana lo fue mientras duró su discurso. Rompió con la esclavitud de partido– mal llamada disciplina de partido-, y apostó por su propio criterio. Oramas no es una persona formada en teoría política. Es lista, pero no inteligente. Lo importante es que es graciosa y defiende- a su manera- la nación española. Carlos Sosa le dedicó « ¿Y a ti qué te importa la unidad de España?». La unidad de España es cosa de todos y de todas (lenguaje progre), e incluso de aquellos que no quieran formar parte de España. He leído su artículo, Carlos. Es graciosillo, es interesante el análisis que hace de Coalición Canaria aunque con algún agujero que otro. Todos tenemos agujeros, no se preocupe. Algunos cerrados y otros abiertos. La democracia necesita agujeros abiertos de mente, para que seamos libres. No sé si lo hiciste con capciosidad, Ana, pero «óle tú por haberlo hecho».

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Houellebecq y las máscaras de un provocador

 

Michel Houellebecq y Depardieu en la película "Thalasso".
Michel Houellebecq y Depardieu en la película «Thalasso».

 

Escena de fondo anaranjado. Ambiente tenso. Houellebecq es apedreado por salafistas y reaccionarios, mientras unos simpatizantes de Marine Le Pen se burlan de su dolor imitándolo. Todo el mundo se burla de Houellebecq. Todo el mundo se burla del escritor, pero como dice verdades (algunas bien maquilladas y otras de látex) y nos retrata tan bien: lo perdonamos. Decir verdades te salva aun siendo un provocador. Ser provocador, para Houellebecq o para mí, es una forma de divertirse como ir al karaoke y molestar al público con tu horrorosa voz. Provocar es divertirse, no más. Pero si esa provocación viene acompañada de una verdad, ya eres peligroso para el sistema; y por eso Michel tiene mi admiración personal e intelectual porque dice verdades sobre el sistema sin salirse del sistema y alimentándose del sistema en sus múltiples variables. Otra cosa hermosa que tiene Houellebecq es la generosidad. Es más generoso con sus enemigos que consigo mismo. Lo supe leyendo “Sumisión”. Jamás he visto un análisis tan moderno, tan de calle, tan coloquial, tan natural de los musulmanes que viven en el mundo occidental. Critica esa vertiente radical/politizada del islam a favor de un islam democrático, de un sistema multicultural, de una Europa democrática que progresa apartando a los intrusos ideológicos, financieros, políticos, teológicos. Europa tiene que ser, más allá de lo dictámenes de los enemigos (o falsos amigos) de Europa. Houellebecq es eso: un amigo que se hace pasar por enemigo, porque decir verdades a casi ningún amigo le interesa.

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El periodismo es previo al Derecho

El periodismo es previo al Derecho. Para llegar al poder y mantenerse en él se debe controlar; primero a los medios de comunicación y después al poder político. Lo que se discute es la hegemonía cultural. Quien llega antes a la cima de esta montaña: influye, manipula y controla a la población. Este pensamiento fue expuesto por el genial pensador Gramsci con las siguientes palabras: «La conquista del poder cultural es previa a la del poder político (…) mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos infiltrados en todos los medios de comunicación». Los medios de comunicación son todo: somos lo que somos porque unos medios de comunicación- liderados por ideólogos posmodernos- lo han decidido. Los tiempos, las modas, las preferencias políticas, el sentimiento revolucionario existen según la voluntad del poder de los medios de comunicación. Si en este momento, el partido político Vox (UPyD, o cualquier otro) tuviera el monopolio de los medios de comunicación estaríamos ante otro escenario político-electoral. Evidentemente, no todos los ciudadanos votarían a estos partidos políticos. Pero, un número importante de electores sería «convencido» por estos medios.