El niño de la tienda de telas
Un poeta de finales del siglo XI defendía el poder de las dudas, para conocerse a uno mismo. Casi siempre he defendido las dudas frente a las certezas, pero la única certeza que tengo, en este momento de mi vida, es el acontecimiento histórico, literario, humano y/o explosión de amor y creatividad que ocurrirá con la presentación de Jesús Ibrahim Chamali. Estoy en blanco, quemado por la luz venida de Oriente a Occidente donde a Jesús, Issa, se le hará el reconocimiento justo y perfecto por su libro. Qué libro. No lo he leído, pero he escuchado hablar de él; es como aquel vino que solo pueden beber unos pocos. Es el vino viejo, que fermenta y madura como las grandes obras. Será difícil ir a verte a la Casa de Colón. Ya están todas las entradas online repartidas. Quiero estar, Dios mediante, unas horas antes, para presenciar el bautizo de “El niño de la tienda de telas”; vendrán los dromedarios de Madián, los de Saba traerán oro e inciensos, los taínos traerán a Cristóbal y recitarán alabanzas de Yaya en medio de esa sala, donde Jesús y su libro serán belleza; la belleza de la amistad y la literatura.