Aretha Franklin y cómo morir encima de los escenarios

Eran las cuatro de la tarde, Aretha Franklin cantaba Rolling in the Deep de Adele en el show de David Letterman. Desde ese momento supe que estaba ante una fuera de serie, una mujer humilde que dejó a un lado su brillante discografía para cantar un tema de una niña que recién empezaba en el mundo de la música. Aretha no fue de esas artistas que necesitara rezarle al cirujano plástico, para taparle la boca a las arrugas, a las carnes caídas o al paso del tiempo. Se veía a una mujer fuerte con los brazos estriosos y caídos; una mirada fuerte, una voz viva y un mensaje increíble de superación-aceptación. Aretha fue una diva, pero siempre tuvo la humildad de la principiante que se sube al altar para cantarle un góspel a Dios.