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Aretha Franklin y cómo morir encima de los escenarios

Album "Aretha" diseñado por Andy Warhol en 1986.
Album «Aretha» diseñado por Andy Warhol en 1986.

Eran las cuatro de la tarde, Aretha Franklin cantaba Rolling in the Deep de Adele en el show de David Letterman. Desde ese momento supe que estaba ante una fuera de serie, una mujer humilde que dejó a un lado su brillante discografía para cantar un tema de una niña que recién empezaba en el mundo de la música. Aretha no fue de esas artistas que necesitara rezarle al cirujano plástico, para taparle la boca a las arrugas, a las carnes caídas o al paso del tiempo. Se veía a una mujer fuerte con los brazos estriosos y caídos; una mirada fuerte, una voz viva y un mensaje increíble de superación-aceptación. Aretha fue una diva, pero siempre tuvo la humildad de la principiante que se sube al altar para cantarle un góspel a Dios.

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Sombras del Bentayga

Roque Bentayga
Roque Bentayga

Tras de mí hay un foco eléctrico que refleja una sombra obesa. Esa sombra habla por mí, esa sombra soy yo. No. Ni yo soy yo, ni esa sombra forma parte de mí. Las sombras lo han tomado todo, y la mía-en este caso- lo ha invadido todo. Soy un reflejo de ella. Voy a donde ella quiera y como lo que ella desea comer y vivo sin vivir en ella; o ella vive sin vivir en mí. Es una sombra outsider, se la suda la física o la lógica. Va por libre. Sale por ahí a sabiendas que siempre la defiende el foco eléctrico. Comienza a encenderse. Shpppff. Aparece en la pared para escaparse de mí. La persigo. Se esconde dentro del Roque Bentayga. Es nuestro punto de unión. Ahí ella se reconcilia con mi cuerpo y conmigo. Ahí se encuentra a sí misma junto a la piedra y la luz del cielo.

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La vida aburrida

La vida es un soplo. Un ladrido. Un gemido angustiado por la monotonía de los días, las semanas, las décadas y las vivencias que giran como una noria. Una vez le dijeron a Julia «la vida era un aullido interminable: un aullido agudo y temible que te empuja». La vida es lo que quiera que sea, será alegre o acompañada de algún ruido. La mía estuvo ahogada de bostezos, sin aire. De bostezos perfumados y estáticos que te obligaban a parar los pies contra un muro. Comenzabas a dar golpes contra el muro hasta romperte las piernas. A ver si así mueren los bostezos. Nunca he llegado a asesinarlos. Los bostezos con aire, aire caliente y maloliente son necesarios para las pócimas de los brujos: lo respiras y giras en círculo hasta perderte de la verdad (ellos no mueren, tú sí). Los bostezos acaban con la vida. Te condenan a morir después de haber muerto en vida habiendo renunciado a ella: a la niña bonita, a la vida activa.