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¿Quiénes quitaron los puntales?

Conocía la catedral de León solo por la inundación de imágenes y convenciones relativas a su condición de testimonio áureo de la arquitectura gótica. Pero tuve la oportunidad de visitarla recientemente para confirmar que todo lo que se decía sobre ella era cierto. Su esplendor abruma, su interior abre los poros de la admiración mire uno a donde mire. Cada rincón es el nicho de una historia y al mismo tiempo un desafío arquitectónico y una contribución a la inteligencia artística.

Pero he aquí que la atención se me concentra en un episodio que forma parte de las más graves vicisitudes por las que ha pasado el célebre monumento y cuya narración en la audioguía despertó en mí una vieja reivindicación sobre los protagonistas de la historia. Me refiero a lo acontecido con la cúpula del crucero. Al parecer, durante los siglos XVIII y XIX, no conformes con la magnificencia de la catedral, los arquitectos propusieron barroquizar la cúpula, agregándole ornatos y elementos preciosistas que terminaron por hacerla zozobrar y poner en peligro la estructura del edificio. De manera que no hubo más solución que desmontarla y volver a construir otra más aligerada de carga. En este proceso de reconstrucción participaron una serie de arquitectos convertidos a la postre en héroes de la preservación del tesoro leonés. El último de ellos fue Juan Bautista Lázaro. Y aquí la audioguía adopta los mimbres de la épica para contarnos que un día de fines del siglo XIX toda León se concentró en los alrededores de la catedral para asistir a la retirada del apuntalamiento de la cúpula reconstruida. «Los leoneses contenían la respiración. Autoridades y pueblo contemplaban la reacción de la cúpula. Al fin la piedra soportó el desafío arquitectónico y la ciudad se acercó más a Dios». O algo parecido. No hace falta demasiada imaginación para figurarse la escena. La posteridad consagraría a los próceres que hicieron posible la obra. Para lo que hace falta más imaginación es para pensar en los obreros responsables de quitar los andamios, es decir, aquellos hombres que estuvieron dentro de la catedral en el momento de desapuntalar la cúpula, que podía perfectamente haber cedido y haberse desplomado sobre ellos.

Pensé en esos hombres y en el valor del riesgo para pasar a la posteridad y unirse al protagonismo de la Historia. La inteligencia de los arquitectos es necesaria para diseñar una construcción de esa magnitud, como lo es la de los economistas que gestionan los recursos de un país. Pero en la forma de relatar los acontecimientos importantes el discurso histórico debería disponer de modalidades para no descuidar a quienes contribuyen, a su manera, al esplendor que será heredado por las generaciones posteriores.

Borges ideó un Colegio de Cartógrafos que levantó el mapa de un imperio que tenía el tamaño del imperio y coincidía puntualmente con él. En el caso de la Historia, habrá que fabular (ojalá lo hubiera hecho Borges) un relato que diera cuenta de todos los que forman parte de la historia de una civilización, con su desmesura y su imposibilidad para ser elaborado.

¿Se imaginan que nadie hubiera querido desapuntalar la cúpula?

Un comentario en “¿Quiénes quitaron los puntales?”

  1. Me alegro, amigo, de tu » epifanía» leonesa: no es para menos, deslumbra una y mil veces la catedral, imponente…A mí me impresionó siempre también » la llamada Capilla Dixtina del Románico», San Isidoro.Firmo debajo de la reivindicación precisa y precisa de tu texto. » Cómo tú, piedra pequeña, como tú…
    Un libro que me evocó tu texto» : » Las catedrales» de Jesús Fernández Santos.Y el de Julio Llamazares…Me entraron ganas, tras leerte,releer esos libros

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