
Anoche soñé con Cayetana Álvarez de Toledo leyendo a Ayn Rand. Cayetana: tumbada sobre la arena como si fuera una faraona del Alto Egipto. ¡Qué bella! Su cuello es la firmeza de todas las naciones del mundo y su caminar es una gacela en busca de la libertad. Para mí, Cayetana es la combinación perfecta entre inteligencia y belleza; es decir: es una sex symbol inteligente, formada y con una dialéctica (¡dios mío!) de primer orden. Podrá ser naranja, azul, verde o lo que crea conveniente pero es una mujer que va en busca de la libertad. Dice las cosas tal y como le parecen, y eso me gusta. Las cosas hay que verbalizarlas para que no nos condenen, para que no nos duela el estómago o la cabeza. A Cayetana no le duele nada, en todo caso la cara de lo guapa que es. Cayetana no es su partido político, no es su ideología, no es lo que los otros quieran que sea. Cayetana es, simplemente. Cayetana, es esto para mí, porque estoy hasta los testículos de la corrección política. Cayetana representa eso que me gusta: decir las cosas, aunque vayan en contra de la disciplina de partido.
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