Los que hablan de telebasura son racistas intelectuales, según el italiano

 

Mila Ximénez de Cisneros Rebollo retratada por Antonio Decinti.©Mediaset España
Mila Ximénez de Cisneros Rebollo retratada por Antonio Decinti. ©Mediaset España

Almodóvar escribió para el guión de «Volver»: « Es que la telebasura tiene algo. Yo cuando me siento delante del televisor, no puedo dejarlo. Mira, me voy sintiendo cada vez peor, pero no me puedo levantar. Para mí es como una droga». La telebasura tiene algo, aunque no me gusta catalogar de «basura» a las cosas. ¿Por qué no llamarlo telealternativa? Este concepto de televisión no es exclusivo de analfabetos, como dicen por ahí. Grandes intelectuales simpatizan con este formato televisivo; se entretienen con los ataques de histeria de Mila Ximénez cuando le sacan su pasado con Emilio Rodríguez Menéndez, o con las salidas de tono de la princess del pueblo. A Roberto Bolaño le encantaban los espectáculos- excitantes y bochornosos, a la vez- de “Crónicas marcianas”. En la misma línea, se encuentra el genial filósofo Gustavo Bueno y su pasión por la primera edición de «Gran Hermano»; pasión que queda reflejada en su libro “Telebasura y democracia”. Jiménez Losantos comenta, de lunes a viernes, la actualidad (basura, según los hipócritas) del faranduleo. «Es una cosa divertida, me entretiene», según el autor de “Memorias del comunismo”. Me niego a que siga llamándose telebasura de forma despectiva a un trabajo intelectual, creativo que merece cierto respeto. También es cierto que no toda la telebasura (telealternativa) vale lo mismo. No están al mismo nivel, intelectual-televisivo ni creativo, Isabel Presley y Chabelita; o una Diana de Gales que no tiene nada que ver con Belén Esteban. A todo esto se debe añadir que cualquiera es famoso, hoy. Si mañana me sacan unas fotos junto a Isabel Pantoja, ligero de ropa y encima de un sofá: tendré mis quince minutos de fama, como afirmó Warhol. Si me agarro bien a esos quince minutos de fama; podrán convertirse en veinte años como los que lleva Belén Esteban Menéndez viviendo de su drama (tragicomedia poliédrica, según Alaska). En términos éticos, y sin parecer contradictorio, llamar a algo/alguien basura es inadecuado. Pero, en términos “científicos” lo que hace Sálvame (o lo que hacía Tómbola, o el mismo Sardá) es sacar bolsas que gotean apestosa moralidad para que suba el share; y por consiguiente las cotizaciones en bolsa de Mediaset: en nombre del Padre, del Hijo y del espíritu de Vasile. La telebasura española es una cosa muy intensa. Ver a una princesa intoxicada por la harina de maíz, te rompe el alma. O contemplar como una Ximénez acaba consigo misma, cuando se enfrenta a los que la llaman « Ginebrez» es igual de duro. La telebasura es amoral. Es un bolsa de excrementos que alimenta a productores, tertulianos, psicópatas de la sociedad del espectáculo, asesinos gramaticales y a los que vemos este género televisivo, esta escuela televisiva. Esta tele es lo que es: creatividad, ira, originalidad, frustración, polémica. Me gusta, aunque a veces sienta vergüenza ajena. Insisto: sí veo telebasura, aunque muchos se niegan a reconocerlo.

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