
Quiero dejar de escribir para los demás. Me he dado cuenta que llevo mucho tiempo escribiendo para el otro. En el inconsciente colectivo tenemos una imagen: el escritor jorobado o solitario con cara de amargado. Yo no quiero eso. El escritor sufre esa angustia, porque escribe para el otro. Escribe para ganarse unos euros. Olvidándose de cómo empezó todo: del placer. Todos empezamos a escribir, porque nos gusta hasta que acabamos siendo esclavos del público- de los lectores-. Los escritores debemos mucho a los lectores, pero ellos no son lo primero. Quiero escribir para disfrutar como quien fornica, come o nada porque se lo pasa muy bien. Este silencio me ha permitido desintoxicarme de las ratas, que contaminan el universo de la palabra y el pensamiento. Escribir para ser feliz conmigo mismo y compartir para quien quiera leerlo. Son muchos los amigos y conocidos, que me han preguntado por mi ausencia. Mi ausencia tiene un nombre: paz. La paz de leer y escribir, para conocerme a mí mismo; reírme; sentir cosquillas de alegría cuando leo un texto bonito. Son tantas cosas. El aburrimiento, como le dije a un buen amigo, saca muchas cosas de mí. Ha sido un aburrimiento positivo, donde ya no existen los enemigos o los guetos literarios. Hay gente mala y buena. Pero, yo no soy Mirtha Legrand ni Moria Casán (maravillosas artistas e inteligentísimas) para discutir y hablar del personal. Hay gente que vive en la falsedad, en su propia mentira y personaje. Yo no quiero vivir en una mentira. Estoy en una búsqueda continua de lo que me aporta estabilidad y felicidad, sin pisar a nadie; negándome a las injusticias. No busco títulos, ni premios, ni besos, ni abrazos. Busco estar en paz sin fiscalizar a nadie, escribiendo en libertad. Sin adular a nadie, ni agradar a nadie: en libertad y respeto.
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