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Tengo el coronavirus

 

Entrando a la farmacia me encontré con una profesora que tuve en primero de Derecho. Estaba destrozada. Creo que no era el mejor momento para saludarla. Fui al mostrador, mientras veía como esa mujer lloraba como una Juana de Castilla: «cuando me pongo a toser, la gente me mira como una apestada. Qué no tengo el coronavirus, coño». Sin lugar a dudas, quien sufre coronavirus es el «sidoso» de los años ochenta. La diferencia fundamental entre una situación y otra es la información. Hoy todos tenemos información sobre el coronavirus, pero preferimos dramatizar esta pandemia y convertir la situación en un apocalipsis. Los medios de comunicación, como dice un refrán marroquí “queman y curan”, nos alarman y nos tranquilizan. Juegan al sensacionalismo con algo muy peligroso. La gente tiene miedo, porque quiere tenerlo y/o porque se toman al pie de la letra lo que dicen los medios de comunicación. No es el fin del mundo. No hace falta hacer la compra del año en el Mercadona y entrar corriendo al súper como si el mundo dejara de existir. Relax, take it easy. Con seguir los protocolos contra el coronavirus: no saludar, no viajar a aquellos países donde existe una probabilidad importante de ser infectado, lavarse las manos con frecuencia, desinfectar la zona donde trabaja uno. Lo que me gustaría saber es why tenemos miedo al coronavirus. Detrás de ese terror está el miedo a la muerte, miedo a qué. Lo máximo que te puede pasar es estar recluido en casa o en un hospital hasta que te den el alta, ¿nos relajamos? Yo no tengo coronavirus, pero reconozco que toda la propaganda asquerosa y maliciosa por parte de ciertos medios de comunicación ha creado un ligerísimo miedo en mi inconsciente. Tengo, como todos los que consumimos noticias: Tengo coronavirus psicológico.

 

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Estefanía (Nia) de Operación Triunfo y los leviatanes musicales

 

 

Estefanía (Nia) en Operación Triunfo.
Estefanía (Nia) en Operación Triunfo.

Eres una estrella. No te hace falta ganar diez grammys para demostrar que eres una pantera negra que arrasa con estilo, carácter y carisma. Eso no se aprende en Los Ángeles, ni se enseña en la Academia de OT. ¿Quién le iba a decir a una niña de Costa Ayala que iba a llegar tan lejos a nivel nacional? Le queda mucho por recorrer, siempre que narcotice a esa pantera que lleva dentro. Ha levantado muchas envidias desde el primer segundo. ¡Estefanía, van a por ti! Debes ser fría como un iceberg, si quieres volar alto y ser algo más que un juguete musical-que se pasea por las ferias de los pueblos o se lía con algún futbolista para seguir existiendo a lo Edurne-. Sé tú misma. Vales oro. Ya han abierto tu fichero. Lo saben todo de ti. Abrirán el cajón de mierda. ¿Y qué? Siempre que seas tenaz y sigas creyendo en tu arte; no recurras a un reality o a un montaje para seguir existiendo en el mundo del espectáculo: el mundo será tuyo. ¡Qué hablen! Olvídalos. Cree en ti misma. El mundo del arte- del primero al séptimo- está lleno de monstruos, psicópatas, cabrones y cabras que por un poco de hierba «lo dejan todo». No te lo creas demasiado. Tú, Estefanía, vienes de abajo. No has tenido que vender tu alma al diablo para entrar en OT. La vida te lo ha demostrado: llegarás currando. Llegaste a Barcelona con esfuerzo. Continúas en Operación Triunfo con esfuerzo. Eres la mejor de la Academia con esfuerzo, constancia y mucha dignidad. Puedes ser Madonna sin necesidad de montajes o desnudos pornográficos. Recuerda este artículo (si te llega o te lo hacen llegar), porque los leviatanes te esperan en la calle. Querrán aniquilarte. Al mínimo fallo, ¡pam hasta que caigas! Sé simplemente como quieras ser. Tienes una diana en la frente. Lo siento, pero al mínimo fallo caerás. Ahí estaremos tus fans para levantarte. Los leviatanes van y vienen: son prostitutas o chaperos que venden su cuerpo por un puñado de gloria, por quince minutos de fama como decía Warhol; por hacer daño y a la gloria de la mediocridad. La mierda se descompone. El oro- tú eres oro de 24 quilates– sigue ahí, sigue ahí, sigue ahí hasta convertirse, por favor, en una corona para tu reino musical.

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María Galiana en La Resistencia

 

Tenía una imagen muy teresiana de María Galiana. Una mujer sufrida, culta, educada; con un humor andaluz muy políticamente correcto pero nanai de china. María Galiana estuvo de otra manera con David Broncano, el presentador de La Resistencia, espacio de vanguardia donde los haya en este país. María a partir de hoy es Mary Galiana (o Galianix) por esos puntos de humor pertinentes; y que en ningún momento olían a bromas pesadas con desnivel generacional. Nos reímos con una señora de ochenta y pico años, que dejó a un lado esa imagen de mujer culta y dolida por algo más pop. Por algo más amoroso, más fraternal como es la carcajada y el pasarlo bien/hacérselo pasar bien a la gente desde un plató. ¡Qué bien estuviste Mary con la broma del succionador de clítoris! A esas edades- como dices- es un buen apaño. Qué arte. Me paso por este blog de disonancias y silencios para felicitarte. Has hecho una entrevista de pm como diría un castizo.