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Houellebecq y las máscaras de un provocador

 

Michel Houellebecq y Depardieu en la película "Thalasso".
Michel Houellebecq y Depardieu en la película «Thalasso».

 

Escena de fondo anaranjado. Ambiente tenso. Houellebecq es apedreado por salafistas y reaccionarios, mientras unos simpatizantes de Marine Le Pen se burlan de su dolor imitándolo. Todo el mundo se burla de Houellebecq. Todo el mundo se burla del escritor, pero como dice verdades (algunas bien maquilladas y otras de látex) y nos retrata tan bien: lo perdonamos. Decir verdades te salva aun siendo un provocador. Ser provocador, para Houellebecq o para mí, es una forma de divertirse como ir al karaoke y molestar al público con tu horrorosa voz. Provocar es divertirse, no más. Pero si esa provocación viene acompañada de una verdad, ya eres peligroso para el sistema; y por eso Michel tiene mi admiración personal e intelectual porque dice verdades sobre el sistema sin salirse del sistema y alimentándose del sistema en sus múltiples variables. Otra cosa hermosa que tiene Houellebecq es la generosidad. Es más generoso con sus enemigos que consigo mismo. Lo supe leyendo “Sumisión”. Jamás he visto un análisis tan moderno, tan de calle, tan coloquial, tan natural de los musulmanes que viven en el mundo occidental. Critica esa vertiente radical/politizada del islam a favor de un islam democrático, de un sistema multicultural, de una Europa democrática que progresa apartando a los intrusos ideológicos, financieros, políticos, teológicos. Europa tiene que ser, más allá de lo dictámenes de los enemigos (o falsos amigos) de Europa. Houellebecq es eso: un amigo que se hace pasar por enemigo, porque decir verdades a casi ningún amigo le interesa.

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La noche oscura del alma (remix)

 

Estuvo toda la noche en busca de la libertad. Toda una vida dedicada a ella, a la libertad en una noche. Ella solo aparece de noche. De noche la libertad toma forma de luna. Por la mañana se vuelve hipócrita, esclava de lo políticamente correcto. Nuestro protagonista, Jean, dedicaba la mañana y la tarde al sueño; y la noche a buscar su propia libertad entre los bohemios y los pastilleros y los punkis: trinitarios que son libres debajo de la bombilla de la luna. Jean llega a su casa sosegada, después de vivir y morir en la noche donde todos somos simpáticos. Toda la peña es guay de noche. Todos quieren la luz de la fiesta sabiendo que no es la luz del sol. No todo depende del sol, sino del amor.

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La no-tragedia (¡espero!) en una noche de verano

 

La noche silenciosa. Dos amigos conversan. La conversación se torna en una carrera en contra de la tragedia. La ambulancia no tardó nada en venir. Un coche volcado, después de romper la valla. Familiares y amigos lloran con la rabia del condenado a muerte. La fiesta se tornó en desgracia, en pena, en un camino que habría llevado al conductor a darse un paseo con Caronte. Dicen, supuestamente, que fue culpa del alcohol. Hay que tener cuidado. No hay que coger el coche en esas condiciones, el coche es un arma de matar: si no se emplea correctamente. Un coche sale de su carril. Se sube a la rotonda. Pierde el control, cae al barranco y espero que no haya sido el final de esta historia. Espero que no haya muerto. Todos los que estábamos en esa escena comenzamos a rezar. Minutos después se escuchó un grito. Dicen que escribir es rezar. Hoy rezo escribiendo a Dios y a la suerte: ¡ojalá no se haya muerto! ¡Ojalá no vuelva a coger un coche en esas condiciones! Mañana saldrá la noticia en los diarios. Ahora me voy a dormir. Mañana tengo clases. Quiero levantarme con la alegría de saber que estás vivo y que tu gente, y todos los que estábamos ahí, terminemos esta historia con final feliz.