La condición humana
Esta tarde he sido secuestrado por un millar de ratas, después de haber sido drogado por lo onírico. Me creía dormido. ¡Qué equivocado estaba! Desperté, y me encontré con la Rata Peluda: un bicharraco de metro setenta; excesivamente peludo, pelos lisos. Parecía un gato gigante. Las ratas sonríen, cuando se enfadan. Sentí miedo. Acercó sus paletas a mi nariz. Comenzó a masajear con pequeños mordiscos. Detuvo su masaje. Inclinó su macrocuerpo para lo que es una rata. Se acercó a mi oreja: «Visita mi templo». Desperté. Y recorrí todas las cloacas hasta llegar a su templo, el alma humana.