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Judas

El marinero permaneció mirando al mundo, a todo elemento que pisara la orilla del mar. Todo se construía ahí. Presidía el muelle desde una de sus orillas. Controlaba el mundo, mientras fumaba. Era el jefe. Sonreía a sus súbditos (en perspectiva). Apoyaba al personal: levantaba el puño como Fidel. Decían que era un buen tipo. Ese es Judas Iscariote, responde Andy. Algunos lo detestaban por ser el jefe. Nunca pude responderle la sonrisa. Era un fantasma o algo extraño. Estaba en todas partes. Su voz era un mantra inconsciente simplificado en una sonrisa poderosa:
-Estoy en todas partes.

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La orilla

El muelle está cerrado por cuatro muros. Pareciera una alberca, pero no. A pesar de los muros existía una corriente que agitaba las olas cuánticas o microscópicas; estas daban cierto sentido estético a la existencia laboral del muelle. Hacían de paisaje y melodía a las doce horas de trabajo. Las olas nos ofrecían una copa y un movimiento que recordaba al de nuestras mujeres. Ahora, solteras por culpa del océano.

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Zoología de corazones

Corazones multiformes con forma de águila, buey, lechuza o jabalí. Cada uno de los corazones humanos (e incluso animales, véase la obra de Ramón Sibiuda) son el barro con el que las circunstancias moldean una escultura con forma de animal. De ahí, la pluralidad de corazones que existe en la zoología cordial. La zoología de corazones está recogida, fundamentalmente, en libros de metafísica y esoterismo. El conde Agev transmitió estos conocimientos a su primogénito Diego Stroff; años después Stroff escribió:
<<Existe un ritual en el que el «corazón con forma de pájaro» se metamorfosea en «corazón con forma de gacela». Dicho ritual solo debe realizarlo el corazón libre de odios y rencores. Si usted es portador del mismo y desea convertirse en gacela-o corazón libre-, repita:
-¡Hub, hub, hub!