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MARTIN CHIRINO (IN MEMORIAM)

El escultor Martín Chirino ha fallecido a los 94 años. Más que hablar de su vida y su obra, recupero una larga entrevista que le hice hace 25 años, cuando él era Director del CAAM. Creo que su figura se dibuja mejor con sus propias palabras. Su partida es otra más que añadir a la terrible crueldad con que se están comportando estos primeros meses invernales de 2019 con el mundo de la cultura en Canarias. Que la tierra te sea leve, artista.

 

(Foto Tato Gonçalves)
(Foto Tato Gonçalves)

ENTREVISTA

Martín Chirino nos recibe en el CAAM, un lugar luminoso y dinámico, pero que en su funda de mármol a veces transmite la fría sensación de un mausoleo. No es nada de eso, pues en el momento en que hablamos la obra de Oscar Domínguez -vida eterna- palpita en el aire. Martín Chirino es un hombre pausado, risueño y con apariencia de tímido. Puede incluso que sea muy tímido, pues sólo los que se ven envueltos por esa pátina que los empuja hacia el interior son capaces de realizar las mayores audacias. Cuando habla, lo hace con convencimiento, y cuando se le hace alguna alegación que él desconoce, se para, pregunta y se interesa, con la humildad de los curiosos que saben que del otro se aprende sólo si se le deja hablar. Continuar leyendo “MARTIN CHIRINO (IN MEMORIAM)”

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José Luis Vega, in memoriam

Te has ido, José Luis Vega, querido pintor, pero te quedas en la memoria de
tu sonrisa, la lucidez de tu mirada, el humor inteligente y a veces
necesariamente corrosivo que tan sabiamente administrabas, la justa ira de
los indignados que siempre te acompañó, y sobre todo en la honestidad de tu
arte. Supiste siempre que la verdadera grandeza no está en el oropel tan
efímero como la memoria de quienes lo reparten sin criterio. Fuiste un gran
artista porque sabías de la grandeza silenciosa de los seres imprescindibles.
Agaete, Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria, qué más da, tu patria
siempre fue lo humano, la fuente de donde surtía tu arte. Tú eres la huella
que dejas, en el alma de tus amigos y en el aire de una sociedad que siempre
conociste y generosamente toleraste. La tierra te será leve porque sabe que
formas parte de ella y no habrá olvido porque eres la propia tierra. Dejas
dolor de ausencia pero también la alegría de haber podido coincidir contigo
en un tiempo y un espacio de un cosmos y un tiempo infinitos e insondables
que ahora ya conoces del todo. Descansa en paz. Lo mereces.

Foto modelo ghj.jpg

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Pinito del Oro, eterno resplandor, áurea levedad


La he visto de cerca, y es la sobriedad, con una parsimoniosa cadencia de ballet en sus manos; viste con la sencillez de la elegancia innata, y mira con distancia, como solo saben hacerlo las damas del éter. Es hermosa, atemporal, con apariencia de pantera negra que se sabe dominadora de su territorio aunque no mueva un solo centímetro de su piel. Posee lo que los ingleses llaman un toque de distinción, pero se percibe que es humana, que hay cosas que pueden agredirla, que es tan vulnerable como cualquier otro animal de tierra. Siente, ama, ríe, llora, duda y teme como cualquier mujer, y se llama Cristina María del Pino Segura. La veo salir a la pista entre las lonas de la carpa. Oigo a un maestro de ceremonias que dice palabras que la enaltecen mientras redoblan los timbales del ¡más difícil todavía! Me cruzo con ella, todavía es humana, veo la duda en su rostro y el miedo en sus ojos. Es elegante, distinguida, pero sigo percibiendo un halo de vulnerabilidad, una prevención gatuna que la pone a la defensiva porque sigue siendo una mujer.
Pinito del orooo.JPGLa sombra femenina escala el circo. Los timbales redoblan con más fuerza, y el hombre de chaqué dorado que la presenta pide silencio, porque peligra la vida de la artista. Ya está en la cofa del circo, esperando el momento de asirse al trapecio balanceante, que viene y va a sus pies. Desde abajo, aún la noto dudar, la veo mujer, pantera negra que defiende su territorio. El corazón del circo es un puño, solo ella ríe, volando hasta agarrarse al balanceo del trapecio. Es entonces cuando recae sobre ella una luminaria. Se encarama en el trapecio, desafía a Newton, empieza a transformarse. La luz se vuelve dorada, y la mujer la absorbe hasta que de ella emana una resplandor áureo, cegador, imposible. Ya no es humana; no se perciben en ella rasgos felinos, ni dudas, ni miedos. Es dueña del espacio, no necesita luz, ella la emite, es una estrella, una diosa del aire. Todo es oro sobre el trapecio, la elegancia se ha tornado divinidad, la incertidumbre es ahora dominio absoluto del éter, el aire se arrodilla, tiranizado por la levedad de un cuerpo que vuela sin alas. Cientos de ojos permanecen clavados en la trayectoria balanceante del equilibrio imposible. Nadie tiene miedo, saben que la ley de la gravedad ha sido anulada por el poder de una diosa dorada, que antes fue una mujer, Cristina María del Pino Segura, pero que ahora, que ya es eterno resplandor y aúrea levedad, solo puede llamarse PINITO DEL ORO.