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Manuel Almeida en el azul

 

Todavía aturdido por la noticia de la partida de Manuel Almeida se me viene a la mente su imagen siempre con una sonrisa y esa bohomía silenciosa que disimulaba sus muchos talentos. Manolo era pura sensibilidad, fuera en la música, la literatura, la fotografía y hasta en su manera de andar, como de algodón. Escuchaba porque quería saber, pero no parecía querer aparentar lo mucho que sabía.  Seguirá mirándonos sonriente porque ahora sabe que seguimos ignorando el por qué de un zarpazo como su marcha callada pero súbita. El mayor homenaje es la memoria de su paso por la vida, donde plantó semillas que sin duda seguirán creciendo, y él mirando desde el azul intenso de sus ojos, porque ahora ya eres todo azul. Qué tristeza más grande, Manolo, porque ahora carecemos de alguien  imprescindible como tú. Y se me ocurrió que escribir una entrada de blog en tu recuerdo  es la mejor manera de enaltecer al pionero y mejor bloguero que ha dado esta tierra, pues tus Mangas Verdes volaron tan alto como sé que ahora vuelas tú. Descansa, amigo, en la paz que mereces.

(Foto tomada del blog de Manuel Almeida)

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Lo virtual será real

 

Desde que se ha puesto en funcionamiento eso que llaman nueva normalidad, la cultura ha tratado de estar presente, aunque es evidente que es una actividad muy sencilla y muy compleja a la vez; sencilla porque es una creación, un libro, un cuadro, una pieza musical, y complicada porque poner en común estas creaciones en su medio habitual no  es tan fácil. Hay espacios en los que se limita el aforo, la gente se distancia y se establece un ambiente de frialdad sin que nadie de los presentes lo pretenda.

Pero a eso tenemos que ir adaptándonos poco a poco. Desde luego, pienso acudir a donde antes iba, siempre con las precauciones establecidas. La cultura no puede quedarse atrás en este momento tan importante. También he comprometido mi participación en algunos eventos que se realizarán de manera virtual gracias a las nuevas tecnologías. Uno está en su casa, delante de la camarita del ordenador, y establece diálogos con personas que están muy distantes en el espacio pero en la misma onda, de manera que cualquier “asistente” puede escuchar y ver simultáneamente  a las personas que participan, y hasta interactuar.

Puede parecer frío, pero tendremos que acostumbrarnos, y les garantizo que algunas de estas tenidas vía Internet son a menudo más vivas que esas presentaciones o conferencias plúmbeas que a veces tenemos que sufrir (posiblemente también protagonizar, el camello no se ve la joroba). Es más, cuando todo esto haya pasado (que pasará) es muy posible que ya los modos sean distintos, porque lo mismo que la pandemia está influyendo en el teletrabajo también lo hará en las formas de comunicar la cultura.

Todo esto viene porque ya camina el III Festival de Literatura de Los Llanos de Aridane y porque esta noche se presenta en la Casa-Museo Pérez Galdós la esperada Biografía de nuestro eminente autor, escrita por la profesora Yolanda Arencibia, con acompañantes de la categoría de Jonathan Allen o Victoria Galván, como en otro momento también fue acompañada por Juan Carlos de Sancho. Y en ambas ocasiones las circunstancia no me han permitido estar presente, pero les aseguro que esa biografía merece la pena porque pocas personas han buceado en los universos (son muchos) galdosianos como Yolanda Arencibia. No en vano, el trabajo se hizo a principios de año con uno de los premios de ensayo más importantes de este país.

Así que, no les extrañe, que en unos años, la mayor parte de este tipo de actos sea de manera virtual, no por necesidades sanitarias, sino porque todo está cambiando, y mientras tomas café con alguien en una ciudad puedes estar a través de la tecnología en otros lugares, incluso al otro lado del mundo, participando o siendo un simple asistente. A lo que no podemos renunciar es a la cultura, al pensamiento, a la comunicación de ideas, pues los soportes y las formas han ido cambiando durante todos los siglos que conforman nuestra civilización. Y tal vez tengamos que olvidarnos de la desvalorización de la palabra “virtual”, porque el cine no es teatro virtual ni hablar por teléfono tiene menos peso que hacerlo cara a cara. Vienen nuevos tiempos y tenemos que estar en ellos. Buena semana.

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Nadie sabe nada

 

Cuando comenzó toda esta catástrofe de la pandemia, las palabras de los políticos eran de ánimo, de que saldríamos del atolladero y de que nadie iba a quedarse atrás.  Cuando han ido pasando las semanas y los meses, nos estamos dando cuenta de que probablemente ellos tenían tanto desconocimiento como el de toda la población (salvo los científicos que sí sabían de lo que hablaban). No es una crítica a su ignorancia, porque un asunto de esta gravedad no se había conocido en generaciones, y es normal que funcionaran por instinto.

Lo primero que escuchamos fue que tendríamos que estar todos juntos, que España sería una piña y Europa daría la talla. Pero ahí seguimos bailando una yenka extraña en la que ya lo más importante es la economía, y los rebrotes se dan como hechos inevitables. Al final, la disparatada política sueca o la locura de líderes como Trump o Bolsonaro es la que se aplica por aquí con la boca pequeña.

Así las cosas, ya uno no sabe qué creer. Economistas de postín aseguran que el BCE puede hacer lo mismo que la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco de Inglaterra, imprimir billetes sin tino, a lo que otros oponen el argumento de que eso sería otro dislate. Así que no sabemos muy bien cuándo, cómo y de qué manera van a producirse esas ayudas para la reconstrucción, qué parte es gratis y que otra se convierte en préstamo.  Es decir, por no saber no sabemos nada. Y la gran pregunta es si tanto dirigente encopetado tiene idea de qué va esto.

Luego están los conspiranoicos, y tampoco acierto a entender cómo en un remolino como el actual los independentistas solo ven la independencia, los políticos solo ven su partido y sus luchas de poder y la gente, tal vez por influjo de tanta falta de altura política se olvida de las mascarillas y se empeña en celebrar a su manera los festejos veraniegos como si no existiera el virus.

Siempre se dijo que una cosa es prometer y otra dar trigo. Por el momento, yo solo veo dificultades, y tampoco facilitan a la población las gestiones, pues para cualquier cosa hay que hacer cola, pedir hora que no se respeta y faltando a esa frase en la que decían que nadie iba a quedar atrás.

Será que hoy no tengo un buen día, pero la impresión ahora mismo es que nadie tiene una idea clara sobre en qué estamos metidos. El primero que no se entera soy yo, pero tampoco veo que haya alguien que me lo explique de manera convincente. En estas circunstancias, fiaremos en el optimismo y en la suerte. Buena semana.