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Los linderos de la cultura

Cuando hablamos de cultura, el debate siempre se dispersa. Los filósofos se han ocupado del asunto y se ha llegado a enunciar una Filosofía de la Cultura, y siempre se ha entendido que frente a lo físico, lo tangible, Natura, está la Cultura, que viene a ser lo que se ha gestado a través del pensamiento y la actividad de los seres humanos. Desde el punto de vista de la Naturaleza, el David de Miguel Angel Buonarroti es un trozo de materia, mármol exactamente igual que el de un escalón o una lápida, con sus mismas características físicas,zsalgado.JPG su mismo valor pétreo y que daría los mismos datos ante un análisis científico; igualmente, una fotografía de Sebastián Salgado es científicamente la plasmación de formas valiéndose de luces y sombras, lo mismo que cualquier fotografía que pueda realizar un principiante. Pero es evidente que el David tiene unos elementos de los que carece el mármol solo por serlo, y las fotografías de Salgado responden a criterios distintos a los que guían al que dispara una foto entre amigos. Tal vez la diferente sensibilidad, los distintos criterios y la voluntad y destino de cada una de estas obras humanas sea la cultura, el deseo y la capacidad de distinguir, sentir e interpretar, puesto que, de diferente forma, el David responde a una voluntad distinta que el mármol tallado por labrantes para convertirlo en un escalón, pero ambos son elementos culturales, lo mismo que las fotografías de Salgado buscan, además de una voluntad de estilo, la traslación de un mensaje, y una fotografía de fin de semana en la playa quiere solamente plasmar un instante personal. Por ello, en la cultura hay que trazar linderos, pero solo para hablar y entenderse, puesto que ni siquiera los grandes filósofos de la cultura encuentran el modo de clasificar los llamados productos culturales, tales como la religión, el arte, las instituciones políticas (que también son entes culturales), la ciencia, las costumbres, el vestido, la música…

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Fuera del PP no hay salvación

-Mal anda la cosa, don Virgilio, con tantos insurrectos sueltos por ahí.
-¿Insurrectos?
-Hombre, claro, gente que sale a la calle y se pone a gritar contra el gobierno.
-La protesta es legítima, doña Asunción, porque la democracia no es solo ir a votar cada cuatro años. Cuanto más fuerte sea la sociedad civil, más lo será la democracia.
-¿Llama usted sociedad civil a esos facciosos que importunan a los dirigentes en la puerta de su casa con eso nuevo que llaman escraches? Si son gentuza revolucionaria y violenta que seguramente tienen que ver con los terroristas de ETA.
-Eso lo han dicho para descalificarlos, y los han llamado nazis como a los movimientos que se oponen a que la reforma de la ley del aborto nos lleve a tiempos anteriores a 1985.
-Y es lo suyo, don Virgilio, toda esa morralla no se diferencia mucho de los terroristas.
-A ver si se aclara, señora mía, ¿son nazis o etarras?
-El populacho que se echa a la calle no es de fiar, como esos parados que nos están chupando la sangre a la gente de orden cobrando el seguro del desempleo. Son comunistas que están cubanizando el país.
zzPICTc00nuuu.JPG-Vamos a ver, para usted nazis, comunistas y etarras son la misma cosa por lo que oigo.
-Todos los que van contra lo que dicta el gobierno no merecen vivir en democracia.
-Vaya, el lenguaje la traiciona, ha dicho que el gobierno «dicta», cuide su vocabulario, porque esa palabrita casa muy mal con esa democracia que dice defender.
-Aquí lo que hace falta es mano dura, don Virgilio, ya está bien de que los sindicatos anarquistas le armen huelgas al ministro Wert y a la ministra Matos un día sí y otro también.
-Es que lo que están haciendo en Sanidad y Educación clama al cielo, doña Asunción.
-Están poniendo en orden el demadre de Zapatero.
-¡Vaya, era eso! La culpa es de la herencia, pero lo que no tengo claro es si Zapatero era comunista, nazi, anarquista o liberado de ETA.
-Da lo mismo, se tapan todos con la misma manta.
-Ya… Es decir, según su argumentación (por llamarla de alguna manera) el que no comulgue con las piedras de molino del PP es una de esas cuatro cosas, o quién sabe si las cuatro.
-¿Es que no ve que Rajoy está salvando a este país?
-Ya, ya. Y dígame, doña Asunción, soy simpatizante de un equipo de fútbol, colaborador de una ONG y socio de un club de senderistas ¿eso me convierte en nazi, comunista, anarquista, etarra…? Vamos, se lo pregunto porque un día de estos voy a ir con un grupo de discapacitados caminando hasta el Roque Nublo.
-¡Santo Dios, el Roque Nublo! ¿Es que no ha visto cómo los insurgentes toman posiciones contra el teleférico?
-O sea, que sí, fuera del PP no hay salvación.

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La percepción social de la homosexualidad

ZPERASMANZANAS.JPGEn estos días una entidad deportiva, cultural y recreativa de mucho prestigio social en Las Palmas de Gran Canaria ha denegado el pase al acompañante de un socio porque ambos componían una pareja del mismo sexo. Es volver otra vez al asunto de las peras y las manzanas de Ana Botella. El ruido que se armó hizo que inmediatamente esa entidad hiciera público un comunicado rectificando su anterior posición claramente discriminatoria. Aparentemente ha sido un episodio fugaz, pero ha servido para poner de manifiesto algunas carencias de nuestra sociedad. En primer lugar, el presidente de ese club dijo que se acogió a la tradición para negar los pases, con lo que esa tradición vendría a legitimar cualquier comportamiento de la índole que fuera. No todas las tradiciones son defendibles, hay unas que sí y otras que son claramente deleznables y por lo tanto una sociedad avanzada debería prescindir de ellas, porque si no, con el mismo argumento justificaríamos las peleas de perros o el lanzamiento de cabras desde los campanarios. Luego han salido comentarios muy curiosos en los distintos foros en los que se airea que haya hoteles en los que solo se admiten homosexuales. El asunto es complejo, porque si bien se puede entender que estos establecimientos existen precisamente por el rechazo que hay en otros a compartir la piscina y el solarium con parejas homosexuales, también es cierto que se crea el efecto ghueto, y eso a menudo es criticado por otros sectores incluso de la población homosexual. Con este incidente se ha puesto otra vez sobre la mesa la evidencia de que bajo la pátina de tolerancia con que se cubre nuestra sociedad se esconden rancias actitudes muy reaccionarias, en las que el ideal humano perfecto es ser blanco, varón, cristiano (por aquí católico), heterosexual y a ser posible rico (los pobres por lo visto tampoco son de fiar).