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Les voy a contar un cuento


El profesor comenzó la clase relatando este cuento:
-Érase una vez un continente llamado Europa, que fue cuna de la civilización occidental, y que después de muchas guerras internas que se repitieron durante siglos lograron acabar momentáneamente con esos enfrentamientos en el año 1945. Parece ser que, a partir de entonces, los países de esa vieja Europa crecieron y crearon lo que entonces se llamó Estado de Bienestar, existían los Derechos Humanos, había libertad de expresión y se respetaban las minorías y las distintas tendencias ideológicas y religiosas. Pero hubo una gran crisis económica, cuyo origen sitúan algunos en otros países de otros continentes y que también se sospecha que fue inducida, y poco a poco se fueron zculoo.JPG cancelando derechos conseguidos después de largos años de trabajo y lucha. En Grecia y en Italia colocaron gobiernos títeres, y en los estados de la península Ibérica situaron en los puestos clave a quienes necesitaban para ejecutar un plan, que nadie sabía cuál era; eso sí, con apariencia democrática porque hasta hubo una elecciones de las que surgió un Presidente que se impuso el silencio como medio de comunicación. En Bélgica no se aclararon, en Hungría se permitió que se instalara un sistema parafascista y nadie sabía muy bien qué estaba pasando en Polonia. Por su parte, Alemania y Francia, que lideraban la UE por su potencial económico, se empeñaron en imponer políticas que nunca pueden impulsar las economías, y Gran Bretaña, tal vez amparada por su todopoderoso socio americano, empezó a bailar fuera del ritmo europeo. La permisividad en cuestiones democráticas y la inacción en asuntos económicos pusieron a aquella Europa próspera al borde del abismo…
Una alumna muy pizpireta, impaciente por los circunloquios del relato, se impacientó:
-Pero, profesor, díganos de una vez cómo acaba el cuento.
-Pues depende en gran medida de que a toda una generación de dirigentes que solo piensa en su propio interés, y que pasará a la historia como la más inepta, insolidaria, corrupta y suicida que se recuerda, la ciudadanía le dé por fin una gran patada en…

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Releyendo a Keynes

Se ha dicho -y seguramente es verdad- que la Economía no es una ciencia exacta, pero sin duda sí que tiene unos principios aceptados de una forma general. Muchos de estos principios fueron enunciados por el economista británico John Maynard Keynes en su libro La Teoría General del empleo, el Interés y el Dinero, publicado en 1936. Estos principios fueron aplicados por el capitalismo sobre todo después de la II Guerra Mundial, viendo los buenos resultados que dieron en los Estados Unidos para salir de la Gran Depresión. El asunto es complejo y no puede explicarse en unos renglones, pero responde a la relación de producción-empleo-consumo, a lo que podríamos añadir otros elementos como el valor de los salarios y el control de la demanda agregada (1). Es como una balanza, si sube un lado baja el otro, la imprecisión de la economía proviene de no saber con exactitud cuánto hay que poner en cada lado de la balanza. Los resultados se han comprobado en muchas ocasiones, y se sabe, por ejemplo, que si hay inflación se suben los tipos de interés para enfriar, y se hace lo contrario cuando la economía se retiene. También ha funcionado el principio de que si el enfriamiento es mucho y genera desempleo, interviene el estado inyectando dinero y endeudándose porque al reactivarse el flujo se produce un efecto multiplicador que neutraliza esa deuda. También se ha visto eso en la Gran Bretaña de la postguerra, en la Francia de De Gaulle, en la España de Adolfo Suárez y en las crisis de algunos países latinoamericanos.
zFoto0247.JPGPero todo eso, que se conoce como keynesianismo, empezó a abortarse en los años 80 con el neoliberalismo de Reagan y Teatcher, por el que los estados dejaron de controlar los mercados con el argumento de que estos se autorregulaban. El hudimiento del bloque soviético fue la gran coartada para pregonar que el neoliberalismo era la gran receta. Y lo es, pero solo para el poder financiero (2). La codicia y la globalización han hecho el resto, y ahora los gobiernos están a merced de los mercados (antes era al revés). Y con la prédica de los ajustes tampoco se cumple la premisa de que los estados deben endeudarse para reactivar la economía. De ese modo estamos donde estamos, y como se han roto los equilibrios no se puede poner orden si el FMI, el Banco Mundial y los gobiernos poderosos no se implican a fondo. Y no lo hacen porque ese neoliberalismo irracional se ha metido en las arterias de estos organismos, que fueron creados precisamente para controlar a los especuladores. Pero ahora ellos son los que están al mando, y, la verdad, deben haberse vuelto locos, porque en el mismo instante en que se hayan adueñado de todo (propiedades y dinero) serán pobres como ratas, porque todo esa supuesta riqueza entrará en vía muerta (no habrá compradores, no habrá dinero). La esperanza es que en algún momento quienes tienen poder para hacerlo den un puñetazo sobre la mesa y pongan fin a este baile infernal y suicida.
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(1) La demanda agregada es un concepto que tiene que ver con la producción, que puede ser producir poco a precios altos o mucho a precios bajos.
(2) Enlazo con la magnífica y clarificadora entrevista realizada por Manuel Mederos a José Suárez en el Canarias7 del domingo 8 de enero.

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Keynes y Paul Krugman

zzzFoto0154.JPGNo lo digo yo, lo dice Paul Krugman, pero parece que a quienes tienen hoy la batuta política y económica del mundo, especialmente de Europa, las lecciones de la historia no les sirven de nada. Keynes sigue planeando sobre la actual crisis, él fue quien aconsejó al gobierno norteamericano que la única forma de salir de la Gran Depresión era haciendo una gran inversión pública para reactivar la economía. Y salieron. Pero, claro, en la UE se ha impuesto el criterio del ajuste, y así se retiene el consumo y se genera más paro, y vuelta a empezar en una espiral negativa. Lo contrario originaría un movimiento en sentido contrario que activaría la economía. Es básico y lógico, y las deudas de los estados se pagan con crecimiento. Pero no, en Europa los gobiernos son mayoritariamente conservadores y el núcleo de Bruselas también. Si llevamos varios años retrocediendo habría que probar recetas distintas a las empleadas hasta ahora. Y Keynes sigue siendo un buen referente. Obama está haciendo lo contrario de lo que se hace en Europa, y se notan los efectos positivos.