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Fraga o la creación de un personaje

zFraga-Palomares[1].jpgHa muerto Manuel Fraga, con lo cual muchos humorista se han quedado sin chiste sobre su eternidad en los aledaños del poder. Lo cierto es que anduvo por ahí nada menos que sesenta años, desde que en 1951 fue nombrado Director del Instituto de Cultura Hispánica. Los medios hablan hoy de personaje histórico, y lo fue, como todos, porque la historia se hace con la suma de lo que hacen las personas. Probablemente no haya habido en España nadie con más tiempo sin bajarse del coche oficial, y lo que no se le puede negar es su inteligencia y su habilidad camaleónica. Supo nadar muy bien en el franquismo, y hay que reconocerle su mérito cuando en los años sesenta «inventó» el turismo, que todavía sigue siendo uno de los motores de la economía española. Tal vez su longevidad tenga que ver con el baño radiactivo que se dio en Palomares en 1966 y que le dio poderes como a Spiderman. Su carácter volcánico le hacía perder la compostura, y como siempre tuvo poder se comportaba como si hubiera nacido con él y los demás tuvieran que acatarlo así. Aunque en su debe hay que apuntar su pertenenecia destacada al tardofranquismo, en su haber anotaremos su capacidad para conseguir que la extrema derecha quedase reducida a una minoría parlamentaria. Creo que, como Julio César, habría hecho carrera política en cualquier régimen, porque lo que persiguió -y a los hechos me remito- fue el poder. Ha muerto y con él se cierra una larga página que recorría un período muy convulso de la historia de España. Esa grandeza que seguramente le asignará la derecha española tendrá que cotejarse con el tiempo, pues por mucho durar no se es más grande (ahí está el ejemplo de Suárez), y el propio Fraga dijo que el tiempo no perdona lo que se hace sin contar con él. Pues eso, al tiempo.

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Qué injusto era el mundo hace 60 años

Redacción escrita por Bentejuí en el año 2012:
«Antes, el mundo era muy cruel. Había un tal Adolfo Hitler que, por ser de otra raza, otra religión o porque no le gustaban, metía a las personas en campos cerrados y a muchos de ellos los mataba con gas. Por lo visto, así mató a muchos. También había otro tipo llamado Stalin, que hacía lo mismo en otros campos que llamaban gulags, y dice mi padre que también los norteamericanos encerraron en campos de concentración a los japoneses y sus descendientes que entonces vivían en Estados Unidos, aunque estuviesen nacionalizados. Y más tarde, otro tipo llamado Kruschev construyó un muro que separó a los berlineses incluso de su familias, y si alguien quería cruzarlo lo mataban.
Y dice mi maestra que los gobiernos del mundo de entonces permanecieron de brazos cruzados y permitieron que los monstruos crecieran.»
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Redacción escrita por Guacimara en el año 2070:
«Antes, el mundo era muy cruel. Había un Estado en el Mediterráneo oriental que, por ser de otra raza, otra religión o porque no le gustaban, metía a las personas en campos que llamaban de refugiados, pero no era un refugio, sino una cárcel. Incluso hubo asesinatos en masa en algunos de estos campos. También había otro tipo llamado Bush Jr. que a cualquiera que fuese sospechoso de terrorismo lo encerraba en un lugar llamado Guantánamo, y allí permanecía sin juicio y con un trato terrible. Dice mi padre que en el Sahara Occidental construyeron una muralla, parecida a la Berlin, pero más larga, y otra en Palestina, y miles de saharauis vivían hacinados en el desierto en los campamentos de Tinduf, lo mismo que otros fugitivos en Somalia, Zaire, Chad…
Y dice mi maestro que los gobiernos del mundo de entonces permanecieron de brazos cruzados y permitieron que los monstruos crecieran.»

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Sigan riendo y déjenlos crecer

zzFoto0173.JPGYa ocurrió en el período de entreguerras. La ecuación es de lo más sencillo: hay una crisis creada por la voracidad del capitalismo ultraliberal, el pueblo angustiado se entrega a las prédicas victimistas porque siempre la culpa del diferente (extranjero, homosexual, judío…), aparecen líderes de cartón-piedra con discursos simplistas e incendiarios, y a lo tonto se instala el fascismo-nazismo-nacionalismo excluyente, con matices distintos pero con un desenlace idéntico: fanatismo, estado totalitario, imperio del miedo y desaparición de la libertad y casi siempre de la supervivencia. Los nazis eran cuatro locos que se reunían en Munich alrededor de Adolfo Hitler, un tarado que si prestamos atención a su discurso se parece mucho al de un borracho ignorante y violento. Daría risa, pero es muy peligroso. Los fascistas eran distintos, pero también pocos, y Mussolini un encantador de serpientes que más parecía retransmitir un partido de fútbol que pronunciar un discurso político coherente. Al final, esos monstruos crecen y se hacen con el poder; se alimentan del descontento y se convierten en símbolos intocables. La Falange era un grupo muy minoritario en el Congreso de los Diputados, lo mismo que los nazis en Alemania, y poco a poco, clamando venganza, predicando ultracatolicismo o invocando un imperio de cómics toman la batuta. Ahora mismo el caldo de cultivo es ideal para estos movimientos, y quienes tienen responsabilidades políticas tienen que cercenar esas simientes del odio. Pero resulta que, como siempre, piensan que son cosa menor, y hasta les ceden espacios para que lancen sus proclamas (ya ha ocurrido en España). Hay que estar atentos, porque con discursos victimistas y culpabilizadores de los otros se le da muy pronto la vuelta a la tortilla. Acuérdense de Eva Perón.