Spanair o el resultado de la incompetencia
En el mundo del comercio y la empresa hay un concepto que se llama competencia desleal, y que se combate o acaba por romper el mercado. Ha pasado ante la impasibilidad de las administraciones públicas -cuando no con su aliento- con la proliferación de las grandes superficies, que se ha llevado por delante al pequeño comercio que creaba tantos puestos de trabajo y era una forma de estabilidad social y de atender los diversos gustos, porque ahora en cualquier superficie encuentras lo mismo cien veces repetido: franquicias.
Pasó cuando se pudo de moda el todo incluido en las instalaciones hoteleras, que empujaron al cierre a muchos pequeños negocios que vivían de lo que ya encuentran los clientes en el interior del hotel. Nadie hizo nada y más gente al paro, porque eso nunca significó que en el sector hotelero creciera el empleo en la misma medida que se destruía fuera. Y ha vuelto a pasar con Spanair, porque las líneas aéreas de bajo coste han roto el mercado y han obligado a las líneas de siempre a tirar los precios, con lo que a menudo no se cubrían los costes. Tanta pérdida acumulada lleva a la quiebra, y las administraciones lo único que hicieron fue subvencionar en parte esas pérdidas, pero nunca se atacó de raíz el problema. Y seguramente volverá a ocurrir en cualquier otro sector, porque todavía no he encontrado una opción política que tenga un programa serio, realista y encaminado a que la sociedad crezca equilibradamente. Sigo diciendo que para desempeñar determinados cargos políticos habría que acreditar una muy sólida y documentada preparación, además de una experiencia contrastada en el sector que se dirige. Y esa experiencia positiva, claro, no la haber sido un responsable del FMI ciego o inepto mientra se fraguaba el desatre, o formar parte de la cúpula del banco americano que desencadenó la crisis financiera. Es decir, nombran chef de cocina a quien echó a perder la paella. Pero aquí a los músicos los responsabilizan de la sanidad, a los pedagogos del comercio y a los médicos del transporte. Parece un chiste, pero es verdad.
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(El transporte aéreo en Canarias podría resolverse con un invento futurista que los técnicos llaman Dirigible y la gente Zeppelín)
En fin, que un secreto es muy difícil de guardar desde que lo conoce más de una persona. Y si el asunto lleva tanto tiempo, alguien tendría que haberse ido de la lengua, y entonces, además de los participantes en alguna de las secuencias, lo sabría mucha más gente. Pero nada, pasan años y ni un solo rumor, algo que indicara lo que ocurría. De repente, se levanta la liebre y empiezan a salir conejos de todas las madrigueras: facturas falsas, minutas estratosféricas, empresas interpuestas… Un rosario de cosas que hacen proyectar una imagen casi caricaturesca del yerno del Rey. Alguien que ha hecho tanto y siempre con tan mala fe no es un duque, es don Vito Corleone. Y esa saña que se ve alentada en todos los foros casi siempre por los mismos hace que uno se pare a pensar si todo eso es posible, porque, de ser cierto todo lo que se dice, el señor Urdangarín se habría pasado todos los días y muchas larguísimas noches dando instrucciones, reuniéndose con su «consigliere» y realizando otras tareas propias de un capomafia.