Publicado el

Spanair o el resultado de la incompetencia

En el mundo del comercio y la empresa hay un concepto que se llama competencia desleal, y que se combate o acaba por romper el mercado. Ha pasado ante la impasibilidad de las administraciones públicas -cuando no con su aliento- con la proliferación de las grandes superficies, que se ha llevado por delante al pequeño comercio que creaba tantos puestos de trabajo y era una forma de estabilidad social y de atender los diversos gustos, porque ahora en cualquier superficie encuentras lo mismo cien veces repetido: franquicias.
z-eppelín+sobre+la+catedral+de+Las+Palmas[1].JPGPasó cuando se pudo de moda el todo incluido en las instalaciones hoteleras, que empujaron al cierre a muchos pequeños negocios que vivían de lo que ya encuentran los clientes en el interior del hotel. Nadie hizo nada y más gente al paro, porque eso nunca significó que en el sector hotelero creciera el empleo en la misma medida que se destruía fuera. Y ha vuelto a pasar con Spanair, porque las líneas aéreas de bajo coste han roto el mercado y han obligado a las líneas de siempre a tirar los precios, con lo que a menudo no se cubrían los costes. Tanta pérdida acumulada lleva a la quiebra, y las administraciones lo único que hicieron fue subvencionar en parte esas pérdidas, pero nunca se atacó de raíz el problema. Y seguramente volverá a ocurrir en cualquier otro sector, porque todavía no he encontrado una opción política que tenga un programa serio, realista y encaminado a que la sociedad crezca equilibradamente. Sigo diciendo que para desempeñar determinados cargos políticos habría que acreditar una muy sólida y documentada preparación, además de una experiencia contrastada en el sector que se dirige. Y esa experiencia positiva, claro, no la haber sido un responsable del FMI ciego o inepto mientra se fraguaba el desatre, o formar parte de la cúpula del banco americano que desencadenó la crisis financiera. Es decir, nombran chef de cocina a quien echó a perder la paella. Pero aquí a los músicos los responsabilizan de la sanidad, a los pedagogos del comercio y a los médicos del transporte. Parece un chiste, pero es verdad.
***
(El transporte aéreo en Canarias podría resolverse con un invento futurista que los técnicos llaman Dirigible y la gente Zeppelín)

Publicado el

¿Urdangarín o Corleone?

Que conste de entrada que cualquier tipo de corrupción debe sentarse en el banquillo y atenerse a lo que determinen los tribunales de justicia. Para mí, lo que sucede con el marido de la Infanta Cristina es un arcano, porque sale una corruptela aquí, una evasión de impuestos allá, un traslado de dinero a un paraíso fiscal acullá, y para que todo eso haya sucedido han tenido que intervenir docenas de personas, unos contratando, otros ocultando, otros gestionando.
z-padrino[6].jpgEn fin, que un secreto es muy difícil de guardar desde que lo conoce más de una persona. Y si el asunto lleva tanto tiempo, alguien tendría que haberse ido de la lengua, y entonces, además de los participantes en alguna de las secuencias, lo sabría mucha más gente. Pero nada, pasan años y ni un solo rumor, algo que indicara lo que ocurría. De repente, se levanta la liebre y empiezan a salir conejos de todas las madrigueras: facturas falsas, minutas estratosféricas, empresas interpuestas… Un rosario de cosas que hacen proyectar una imagen casi caricaturesca del yerno del Rey. Alguien que ha hecho tanto y siempre con tan mala fe no es un duque, es don Vito Corleone. Y esa saña que se ve alentada en todos los foros casi siempre por los mismos hace que uno se pare a pensar si todo eso es posible, porque, de ser cierto todo lo que se dice, el señor Urdangarín se habría pasado todos los días y muchas larguísimas noches dando instrucciones, reuniéndose con su «consigliere» y realizando otras tareas propias de un capomafia.
¿Pudiera ser que haya una movida que trate de dinamitar la monarquía, o al menos poner en entredicho la sucesión dinástica? Es que tanta furia me mosquea, y no digo que todo sea una gran conspiración de los que sueñan con una república a la francesa (ya dirán los tribunales), pero si lo que quieren es cambiar de régimen sería más fácil convocar un referéndum monarquía-república, y no nos estarían dando la murga. Es que cuando ves un telediario y hablan del tema, parece una reposición de El Padrino. O será que uno ha visto la película demasiadas veces (las tres partes).

Publicado el

La violencia como argumento

La sentencia dictada contra los tres chicos que dieron muerte al joven Iván Robaina vuelve a poner sobre la mesa el tema de la violencia que se enseñorea de nuestras calles y se ha convertido en la única respuesta que tienen algunos ante un conflicto. Y hay algo peor, cuando la violencia se practica por sí misma, sin que haya mediado palabra o diferencia alguna; me contaban hace unos días que ahora hay que tener cuidado hasta cómo se mira, porque hay pandillas de jóvenes que te pueden agredir porque no les ha gustado la forma en que los miras.
zzFoto0268.JPGEsta violencia está atizada por los juegos de consola y ordenador, que se basan casi siempre en la agresividad, y tampoco son buenos maestros los telediarios. Algo estamos haciendo mal, porque ya en los centros de enseñanza también hay que andarse con cuidado, y hemos visto en estos días imágenes de provocaciones o ridiculizaciones al profesorado, que son colgadas en Internet o enviadas por los muchos medios de que disponen los jóvenes. Todo esto incita a la violencia, y no sería mala medida que en las aulas de cualquier nivel estuviese prohibido el uso de estos artilugios móviles. Es más, no se deberían llevar a los colegios e institutos. No entiendo para qué quiere un móvil un niño de 12 años, y encima ahora pueden conectarlos a Internet. Hemos visto reportajes de las pandillas en Centroamérica y en las grandes urbes del planeta. Ya operan algunas por aquí, y si no se les pone coto acabaremos como en Guatemala y Belize, con nuestras ciudades convertidas en zonas de guerra. La violencia nunca ha resuelto nada, sólo impone la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. ¿Para eso tantos avances tecnológicos?