Carrasco y el cura Hidalgo
Hoy se cumplen 200 años de la proclamación de independencia de Monterrey. Esto parece una anécdota, pero fue el comienzo real de la sucesión de guerras de independencia en el antiguo imperio español, recogiendo la antorcha que había encendido Francisco de Miranda. El coronel Carrasco hizo este acto apoyado por el cura Hidalgo, dos pioneros de aquel movimiento que alcanzará desde Río Bravo a Tierra de Fuego, con personajes como Bolívar, que están con letras grandes en la historia, mientras que el cura Hidalgo y el coronel Carrasco son poco renombrados, si bien en México se les tiene verdadera devoción. Después de tres siglos de dominio español, por medio de virreyes, capitanes generales, encomiendas, misiones y distintas alternativas, la Revolución Francesa caló en las clases altas criollas y ocasionó una reacción en cadena, aprovechando que España andaba muy ocupada luchando contra Napoleón. El espíritu de la Ilustración que encarnaba Miranda fue luego pisoteado por los caciques locales una vez lograda la independencia, y en realidad los pueblos americanos siguieron siendo dominados por un amo distinto, pero un amo. Para colmo, Francia, Inglaterra y Estados Unidos apoyaron a los independentistas previo compromiso de pago, con lo que las nuevas naciones nacieron endeudadas. Y así hasta hoy, pero es importante recordar que fueron el cura Hidaldo y el coronel Carrasco quienes comenzaron la rebelión, hace hoy dos siglos. Por supuesto, fueron fusilados, pero la inercia del movimiento ya no se pudo parar.
Tal vez supo elegir a la mujer adecuada para estar con él en las alturas, y es indudable que Jackie fue un factor imprescindible del lote Kennedy. La esposa del Presidente tenía instinto para la historia, y cuando asesinaron a su marido y su sangre manchó su espléndido Cocó Chanel rosa de lana australiana, se negó a quitárselo. «Que vean lo que han hecho» dijo cuando su ayudante le ofreció cambiarse. Y con ese vestido manchado de sangre subió al avión, asistió al juramento de Johnson y llegó a Washinton acompañando el cadáver de su marido. Ese vestido también es parte del mito.
Está claro que Kennedy tenía un carisma especial, que logró ilusionar incluso a quienes no lo votaron y que la gente sentía que se inauguraba una nueva era. Nunca sabremos qué habría pasado si hubiera completado dos mandatos, pero ahora sí sabemos que tenía el don de hacerse seguir, de crear una imagen nueva de Estados Unidos que hacía amigos, como cuando visitó Berlín y dijo aquello de «Yo también soy berlinés». Cincuenta años después, se sigue evocando aquella esperanza que se frustró. Fue uno de esos seres que sin duda tenían un gran talento para lo que hacían y que quedan en la memoria popular agrandados por la brevedad de su brillo y una muerte prematura, como James Dean, Marylin Monroe, Valentino, Jimmy Hendrix, Michael Jackson … Y hasta Billy «El Niño». Ocurre en todas partes, pero los norteamericanos tienen una tendencia especial para crear mitos contemporáneos -sólo los argentinos los igualan (Gardel, Evita, Ché Guevara, Maradona)-. Kennedy es uno de ellos, pero aún así, y a pesar de su fama de mujeriego impenitente y de haber llegado al poder con el apoyo de la Mafia, me quedo con su frase: «No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino lo que puedes hacer tú por tu país». Igualito que los políticos canarios…