Asesinato de Lumumba y postcolonialismo
El asesinato en enero de 1961 del líder africano del Congo Patrice Lumumba marca un hito en lo que sería el postcolonialismo en todo el continente africano. Lumumba es el símbolo que cómo los países europeos (y al fondo Estado Unidos) fueron cediendo la soberanía teórica a las antiguas colonias africanas (toda Africa en la práctica) pero siguieron controlando las materias primas y cercenando cualquier posibilidad de desarrollo. La muestra es que Bélgica, potencia colonial que hizo del Congo su finca privada (sobre todo en tiempos del rey Leopoldo II, como relata Vargas LLosa en su última novela El sueño del celta) concedió casi por sorpresa la independencia al Congo en 1960, con la condición de que el nuevo estado se hiciera cargo de la deuda de Bélgica. Esto suena a disparate, pero es que ni guardaron las formas, y así el Congo nació endeudado, a pesar de que sus materias primas -diamantes, madera, petróleo, coltán- producen millones cada año. Para mayor escarnio, los belgas y norteamericanos apoyaron la seseción de la provincia de Katanga, con lo que el estado naciente también empezaba con una guerra civil. Los intereses económicos primaban, y en plena Guerra Fría la URSS apoyó al gobierno legítimo de Lumumba, mientras que Europa y Estados Unidos hacían lo mismo con Katanga. Lumumba fue secuestrado y fusilado sin juicio el 17 de enero de 1961, y cuentan que en el acto de fusilamiento estaban presentas agentes belgas y personal de la CIA. Cincuenta años después, las cosas siguen igual, o peor.
Y la verdad es que el asunto en sí mismo es tan estúpido que casi no merece comentario, pero sí que da lugar a otras derivas. Una es que esto suceda en un país en el que Primer Ministro es el que es, hace lo que hace y nadie se escandaliza. La segunda es que me asombran dos cosas: que siga habiendo artistas y publicitarios que encuentran rompedor y modernísimo fotografiar, filmar, esculpir o pintar pubis, penes, nalgas y senos. Tuvo su gracia en los años sesenta pero ahora queda muy antiguo y resulta repetitivo y anodino. A estas alturas los desnudos tendrían que haberse normalizado. La otra cosa que me sorprende una y otra vez es que se monte tanto ruido cuando aparecen estas cosas. Tenía su punto de iconoclastia cuando en tiempos oscuros salía un desnudo en una revista o se colaba una teta en el cine, pero ahora suena a fariseismo impostado que alguien se eche las manos a la cabeza por algo que empieza a cansar de tanto verlo. Velázquez, Rubens y Goya pintaban senos, nalgas y pubis femeninos y no pasaba nada. Tenía la ilusión de que habíamos aprendido algo, pero no; ni los que lo hacen como gran novedad ni los que hipócritamente fingen escandalizarse. Qué pena.