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El postcolonialismo


Que las grandes potencias descolonizaron mal no es ningún secreto; de ahí vienen todos los problemas que se han generado en todo el continente africano y en buena parte de Asia y América del Sur. Cuando Gran Bretaña y Francia descolonizaron la ribera sur del Mediterráneo y Oriente Medio trataron de mantener el control de la zona, y hasta ahora lo han conseguido, con la supervisión de Estados Unidos que, como protector de Israel, navega por el Mare Nostrum desde hace décadas. Las clases dirigentes de estos países han actuado como delegados del poder de las antiguas metrópolis, que cada vez están más representadas en las grandes corporaciones multinacionales que controlan las materias primas y el fluir del dinero. De alguna forma, era un modo diferido de colonialismo.
images[1].jpgLo que está sucediendo ahora no tiene precedentes. Túnez ha encendido la mecha y Egipto se ha convertido en el espejo en el que sin duda van a mirarse todos los países ribereños de Mediterráneo y más allá. La gran disculpa de los últimos años ha sido que había que detener el ascenso del fundamentalismo islámico. Ahora no sabemos qué va a pasar, porque, si se habla de «Revolución democrática», en unas elecciones libres los más organizados son precisamente los partidos islamistas. Claro que no podemos confundir un partido islamista con Al Qaeda, aunque la verdad es que democracia y teocracia casan muy mal, como se ha visto en Irán, después de la caída del Sha. En el río revuelto todos quieren pescar, pero lo cierto es que estamos ante unos momentos históricos. Hay quien dice que es ahora cuando comienza el postcolonialismo. Lo negativo de todo esto es que no veo a grandes políticos en el mundo que puedan manejar una situación de esta envergadura. Al final, los agentes que jugarán sus cartas serán Estados Unidos, Rusia y quien sabe si China, muy bien posicionada actualmente. La UE irá a remolque, como siempre, y heredará todos los daños de Estados Unidos y ninguno de su beneficios. Al tiempo.

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Europa capital: Berlín

Esto lo usaba yo como chiste hace veinte años, cuando Alemania imponía su ley a través de su Banco Central. Luego se hizo más patente cuando entramos en el euro, y ahora con la crisis ya es descarado. Merkel se comporta como si fuese la jefa de una federación en la que los 27 países de UE son sus provincias. Está claro que hace dos excepciones, una con Gran Bretaña para no incordiar al amigo de Estados Unidos que, además, no ha querido entrar en el euro, y otra con Francia, por el peso teórico del estado francés en la columna vertebral de la UE, y digo teórico porque tampoco es que Francia sea Jauja. Ahora ha venido a España a leernos la cartilla, y el PP se regodea diciendo que vienen de fuera a reprendernos. Merkel haría lo mismo si gobernase el PP, es la gran Alemania la que manda, que para eso ha pagado las facturas de la UE y nadie le ayudó a pagar la suya cuando la reunificación.
c9c14078dc62d7ae39c5bd9957734181[1].jpgEl poderío de Alemania es tremendo, y su capacidad de recuperación admirable, como ha demostrado después de las dos guerras mundiales. Tan sólo necesitó una década para estar otra vez en el liderazgo. Comparada con la destrucción de 1945, esta crisis es un juguete para los alemanes. No sé si eso es bueno o malo, pero es así: ni Comisión Europea, ni Presidente de la UE, ni Banco Central Europeo, ni Parlamento de Estrasburgo, ni gaitas desinfladas. Merkel actúa por encima del bien y del mal. Europa capital: Berlín.

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El baile de la silla

En vísperas de elecciones es normal el cruce de declaraciones. En tiempos de bonanza resulta hasta divertido, porque las elecciones en Canarias -sobre todo las autonómicas- son cosa de tres mientras no se demuestre lo contrario, y en ese caso hablaríamos de cuatro. Parece más probable la primera opción, porque aquí hace décadas que nada se mueve, aunque ya hemos visto que en política lo que no sucede en un cuarto de siglo se precipita en una semana.
sssillla.JPGLo cierto en que ya es tradición que en Canarias haya tres fuerzas políticas -CC, PSOE y PP- que fluctuarán sus resultados en unos porcentajes limitados, y aunque alguna arrasara no tendría escaños para gobernar sola, como le ocurrió al PSOE en 2007. Y se da la evidencia matemática de que sumando dos de estas fuerzas, aunque sean las de menor éxito electoral, se rebasan los 31 diputados que son mayoría parlamentaria. Es decir, las elecciones son un test, y finalmente la correlación de fuerzas depende más de lo hablen entre ellos el día después de las urnas. Y ahora se debate si se puede gobernar siendo mayoría y no tener la Presidencia. Se puede incluso no gobernar -ya lo hemos visto-, no parece que sea lógico, pero así es el parlamentarismo.
Y en eso, en conformar listas y puestos y en hacerse la puñeta unos a otros dentro del mismo partido se entretienen los políticos; no he escuchado una sola propuesta de choque para afrontar la situción actual, ni siquiera un gesto mínimo. Los mismos nombres, el mismo discurso vacío y nada nuevo. La verdad es que no se estimula así la ilusión de nuestra gente, que espera que en momentos como estos se planteen de verdad los problemas y se entre a saco en ellos. Pero, como dije ayer, lo único que vemos es el baile de la silla.