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Noruega: pecado y penitencia

zzznoruega.JPGDesde que en los años veinte, Rudolf Hess ayudó a Hitler en la cárcel a escribir su maléfico libro Mein Kampf, muchos han sido los que han tratado de convertirse en guías visionarios de un nuevo orden. Esto siempre viene de la extrema derecha, y nace de ideas excluyentes, donde siempre la religión, la raza y la cultura de quien predica es lo que debe prevalecer a fuego y sangre. Después de la II Guerra Mundial esta ultraderecha se acobardó al quedar en evidencia con el Holocausto, pero poco a poco se ha ido envalentonando y ya es un verdedero peligro. Lo ocurrido en Noruega ha sido ejecutado por una persona, pero si lo tachamos de «loco» a las primeras de cambio estaremos cometiendo un error. No es un loco enajenado e ignorante como los hermanos de Puerto Hurraco, es algo mucho más serio. Se trata de la punta del iceberg de una ideología que lo justifica todo en aras de una Europa blanca, cristiana y ultraliberal en lo económico. Hay doctrinas que se extienden como la pólvora por Internet, y ya los medios tradicionales no sirven para prevenir esta ola terrible. Noruega era un blanco fácil, como en su día lo fue Suecia cuando asesinaron a Olof Palme. Pero ya nadie está a salvo, y lo más triste es que el poder va a usar a esto fanáticos como coartada para restringir libertades. De hecho, ya está ocurriendo en la UE. Los crímenes de Noruega son condenables, pero a la vez son el pitido del comienzo de otro partido, el que van a jugar con nosotros, ya no sólo son los islamistas, ahora también está el enemigo en casa. Y eso nos afectará a todos. Qué pena de siglo XXI.

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Para algunos la guerra ha empezado


zzzpack.JPGLo sucedido en Noruega ha puesto a funcionar todos los mecanismos extremistas. El horror producido por un hombre solo que sigue una ideología delirante está siendo aprovechado por la derecha supuestamente civilizada pero también extrema. Una muestra es el comentario que hace el periodista norteamericano Glenn Peck, comparando a los jóvenes asesinados en la la isla de Utoya con la juventudes hitlerianas. Entre otra cosas, se pregunta si es presentable que se haga un campamento político para los más jóvenes, lo que muchos podrían interpretar que, si la muchachada estaba convocada allí por el partido laborista, el acto tiene en cierto modo justificación, porque como dijo el terrorista en su declaración a la policía trataba de eliminar a los futuros dirigentes de la socialdemocracia noruega, que en su fanática mente es la depositaria del marxismo. Glenn Peck es un periodista que, según las agencias, financia al «Tea Party», el ala más extrema y radical del partido republicano. Hay otros comentarios que hubiera preferido no escuchar, incluidos algunos en España, pero hay que estar atentos, porque al final para la extrema derecha los noruegos son culpables porque entregan cada año el Premio Nobel de la Paz (aunque últimamente no han estado finos), y no hay que conciliar sino emplear mano dura. Estos comentarios se acercan a la apología del terrorismo, si es que no lo son directamente, y en ningún caso hay justificación para asesinar a sangre fría a más de setenta chicos y chicas. En cierto modo, la guerra ha comenzado para estos tipos.

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A la salvación por el caos

La verdad es que los relevos en las responsabilidades políticas, sobrevenidos a causa de las elecciones del 22 de mayo, no invitan al optimismo. Por una parte, porque en muchos casos es más de los mismo y ya conocemos el andar de la perrita, y en otros porque no vemos que haya nada nuevo ni siquiera en los que llegan por primera vez a la poltrona. Se trata de sustituir al anterior y poco más. No hay un proyecto que implique a la sociedad en su conjunto, y se pierde el tiempo en litigios de parvulario o bien se dejan pasar burradas del tamaño de una catedral.
zzzcaos.JPGTodo esto viene a demostrar que en cierto modo funciona la teoría del caos (no la física, sino la sociológica) y que las cosas funcionan porque cada cual hace lo que le conviene y encaja en una totalidad que parece sistemática pero que no lo es. Los panaderos no quieren dar pan a la gente, sino crear un negocio, pero para ello han de dar pan; los profesores no quieren enseñar, pero han de hacerlo para cobrar un salario, y así los taxistas, los farmacéuticos y, por supuesto, los políticos. No espero a nadie en un caballo blanco, porque ya el mundo de la sideas queda subsumido por el de los intereses. Y como soy optimista (no tanto como Zapatero, ojo), espero que todo se vaya arreglando porque quienes tienen la capacidad de hacerlo moverán alguna ficha, no porque quieran salvar la situación colectiva, sino por salvarse ellos. Ya sé que eso es como disparar al Sol porque nos ciega, pero, conociendo el ganado que toreamos, esa es mi única esperanza de que todo esto no se vaya al carajo (pensaré si retiro o no lo de optimista)