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¿Elecciones anticipadas?

Hace unas semanas comentaba lo largo que es el proceso electoral en España, antes y después de las urnas. Algo que puede resolverse en la mitad de tiempo se sigue realizando como si hoy no existiesen medios casi instantáneos para corroborar un resultado. Si ya los previos a las elecciones son casi dos meses, lo posterior no se queda atrás, porque hay una serie de trámites que se realizan a paso de tortuga hasta que que constituye el Parlamento, y luego otro tramo hasta la investidura del nuevo Presidente del Gobierno. Si las elecciones son el 20 de noviembre, tendremos nuevo gobierno no antes de Navidad, y eso si no hay que hacer negociaciones complicadas. Por si ya los plazos no fueran exasperantes en una situación como la actual, en la que la sensación de provisionalidad no ayuda, Zapatero anuncia las elecciones dos meses antes de su convocatoria real. Es decir, vamos a estar cinco meses prácticamente en el limbo, y luego a ver cómo se adapta el nuevo gobierno.
zzxxxxDSCN3624.JPGTotal: medio año mirando hacia la luna de Valencia. Digo yo que, ya que Zapatero llevaba tanto tiempo remoloneando, tenía dos opciones: si pensaba en el 20-N, tendría que haberse estado calladito hasta el 26 de septiembre, y así no tendríamos una campaña agria e interminable que no va a beneficiar a nadie; la segunda opción era la de convocar ya y vernos en las urnas a finales de septiembre o primeros de octubre. Pero no, venga precampaña mareante, campaña horrible y postcampaña tremenda hablando de la herencia que deja Zapatero, si, como parece, gobierna el PP. Y mientras, esa abstracción que son los mercados, sacándonos la piel a tiras. Es que que hasta para retirarse hay que tener estilo.

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Noruega: pecado y penitencia

zzznoruega.JPGDesde que en los años veinte, Rudolf Hess ayudó a Hitler en la cárcel a escribir su maléfico libro Mein Kampf, muchos han sido los que han tratado de convertirse en guías visionarios de un nuevo orden. Esto siempre viene de la extrema derecha, y nace de ideas excluyentes, donde siempre la religión, la raza y la cultura de quien predica es lo que debe prevalecer a fuego y sangre. Después de la II Guerra Mundial esta ultraderecha se acobardó al quedar en evidencia con el Holocausto, pero poco a poco se ha ido envalentonando y ya es un verdedero peligro. Lo ocurrido en Noruega ha sido ejecutado por una persona, pero si lo tachamos de «loco» a las primeras de cambio estaremos cometiendo un error. No es un loco enajenado e ignorante como los hermanos de Puerto Hurraco, es algo mucho más serio. Se trata de la punta del iceberg de una ideología que lo justifica todo en aras de una Europa blanca, cristiana y ultraliberal en lo económico. Hay doctrinas que se extienden como la pólvora por Internet, y ya los medios tradicionales no sirven para prevenir esta ola terrible. Noruega era un blanco fácil, como en su día lo fue Suecia cuando asesinaron a Olof Palme. Pero ya nadie está a salvo, y lo más triste es que el poder va a usar a esto fanáticos como coartada para restringir libertades. De hecho, ya está ocurriendo en la UE. Los crímenes de Noruega son condenables, pero a la vez son el pitido del comienzo de otro partido, el que van a jugar con nosotros, ya no sólo son los islamistas, ahora también está el enemigo en casa. Y eso nos afectará a todos. Qué pena de siglo XXI.

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Para algunos la guerra ha empezado


zzzpack.JPGLo sucedido en Noruega ha puesto a funcionar todos los mecanismos extremistas. El horror producido por un hombre solo que sigue una ideología delirante está siendo aprovechado por la derecha supuestamente civilizada pero también extrema. Una muestra es el comentario que hace el periodista norteamericano Glenn Peck, comparando a los jóvenes asesinados en la la isla de Utoya con la juventudes hitlerianas. Entre otra cosas, se pregunta si es presentable que se haga un campamento político para los más jóvenes, lo que muchos podrían interpretar que, si la muchachada estaba convocada allí por el partido laborista, el acto tiene en cierto modo justificación, porque como dijo el terrorista en su declaración a la policía trataba de eliminar a los futuros dirigentes de la socialdemocracia noruega, que en su fanática mente es la depositaria del marxismo. Glenn Peck es un periodista que, según las agencias, financia al «Tea Party», el ala más extrema y radical del partido republicano. Hay otros comentarios que hubiera preferido no escuchar, incluidos algunos en España, pero hay que estar atentos, porque al final para la extrema derecha los noruegos son culpables porque entregan cada año el Premio Nobel de la Paz (aunque últimamente no han estado finos), y no hay que conciliar sino emplear mano dura. Estos comentarios se acercan a la apología del terrorismo, si es que no lo son directamente, y en ningún caso hay justificación para asesinar a sangre fría a más de setenta chicos y chicas. En cierto modo, la guerra ha comenzado para estos tipos.