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Que vienen curvas!

Por si éramos pocos, parió la abuela. Ya es que no sabe uno hacia dónde mirar, porque la gente se ha puesto de un radical que asusta. Y todo ello en tiempos en que habría que arrimar el hombro y formar una piña. Pero da igual, esto es Jauja, pues lo mismo te hablan de incrementar la potencia armamentística en América Latina que de hacer referéndums para sondear el independentismo catalán. Encima, Almunia dice que la crisis española será menos profunda pero más alargada que la del resto de los países de la UE, y yo con esto pelos.
En los años setenta, cuando estuvo tan de moda el horóscopo, que casi se tomaba como ciencia (no salgo contigo porque mi signo es incompatible con Aries), se decía que entraríamos en la Era de Acuario, un tiempo largo de varios siglos en los que reinaría la armonía, el entendimiento y la paz. Esta es la demostración clara de que el zodíaco es un cuento chino, porque, según mis cuentas, ya hemos entrado en esa era maravillosa, y ya ven cómo está el patio.
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(Puede pasar de todo, pues ya ha pasado. ¿Sabían que en 1911 se congelaron las Cataratas del Niágara? Pues eso)
La sensación que uno tiene es que vamos en una guagua, por una carretera de muchas curvas y el chófer está borracho. Uno piensa en el chófer suplente y se entera que está en el bar. ¿Cómo fiarse de quienes nos gobiernan si está constatado que están fuera de la realidad? Así que, agárrense, porque me parece que para seguir adelante vamos a tener que empezar a creer en los milagros. No es que sea pesimista, es que releí el viejo chiste de Mingote: «Un pesimista es un optimista bien informado». De ahí mi realismo, y eso que me falta mucha información, porque si la tuviese toda seguramente pasaría de pesimista a alarmisma.

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Agatha Christie y los transeúntes

Que hoy sea el 125 cumpleaños de Agatha Christie me viene a cuento la memoria que suele guardarse en Gran Canaria a viajeros o visitantes que estuvieron en la isla unos meses, unos días o incluso unas horas y esto les hace acreedores a una calle, como mínimo. Siempre he dicho que aquí hay que llegar con la vida medio vivida, porque si no lo que aguarda es el silencio. El listado de nombres que apenas rozaron nuestra isla es muy variado, desde el tenor italiano Stagno (que tiene una plazoleta a su nombre detrás del teatro Pérez Galdós) hasta Camilo Saint-Saens (con calle en Ciudad Jardín) pasado por Carusso, Eva Perón, Silvana Pampanini y un etcétera inabarcable en este espacio.
zmetropole.jpgPintorescos hay muchos, raros también, pero sobre todos me vienen a la memoria dos. El primero es Javier Bardem, que nació aquí circunstancialmente, se lo llevaron con cinco meses y hace años que lo hicieron hijo predilecto, título que por cierto no ha venido a recoger. La segunda es Agatha Christie, la escritora más leída de todos los tiempos, que pasaba temporadas invernales escribiendo en el viejo Hotel Metropole, y que tiene muchos récords en su haber, entre ellos el de ser autora de la obra teatral La ratonera (The Mousetrap), que es también la pieza más representada de la historia (35 años consecutivos en cartel en un teatro londinense, además de miles de funciones por todo el mundo). Son transeúntes que vienen, se van, nos olvidan y aquí les seguimos dando barniz.

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Protocolos de la gripe A en los colegios

Algunas administraciones públicas se cubren las espaldas sacando notas de prensa sobre los protocolos que se dan a los colegios para combatir la gripe A. Por papeles que no quede, se trata de mandar circulares a los centros y ahí se las apañen como puedan, que no pueden.
zgripe2.JPG¿Quienes conozcan lo que es un colegio por dentro, o simplemente tengan un ligera idea de lo que es un niño, saben que para aplicar un protocolo estricto en un centro harían falta tantos profesores como niños. Por ejemplo: ¿Cómo se puede controlar a 25 niños y niñas de 4 años para que se laven las manos cada vez que toquen un juguete colectivo? ¿Cuántos cuartos de baño hacen falta para este lavatorio constante? ¿Cómo se puede hacer recreo por turnos concitando los horarios rotativos de cada profesor especialista? Y eso es sólo la punta del iceberg.
Se dice también que hay que trabajar con grupo pequeños de niños. Ya me dirán cómo, pues harían falta tres o cuatro profesores por por cada grupo, y por supuesto el triple o el cuádruple de aulas, que no existen. Eso es directamente inviable. Y habría que ver si los padres están dispuestos a decir que su hijo tiene síntomas, o si calla y lo envía al colegio con moquera. Y si hubiera un colegio en el que fuera posible ese despliegue de medios, todo se iría al carajo con un simple estornudo fuera de control.
Han intentado en una clase evitar que se pasen un lápiz chupado, que respire un alumno sobre el otro o que no beba agua de la botella del compañero? Sencillamente NO SE PUEDE, los niños son controlables hasta cierto punto, pero es imposible hacer que cumplan unos protocolos que hasta para los adultos resultan engorrosos. Cada profesor debería tener 50 ojos, dos para cada escolar.
En resumidas cuentas, la prevención contra la gripe A en los colegios es una tarea ardua, y no se debe cargar toda la responsabilidad en el profesorado, porque es una quimera controlar el espacio vital de un niño en un radio de un metro a su alrededor, y si son 25 ya me dirán. Porque encima dicen que los pupitres tiene que estar separados, y hay aulas donde no hay metros cuadrados para hacerlo.