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¿Operación Camello otra vez?

 

 

Convivimos con una moneda de dos caras, y de lo único que estamos seguros es de que es una moneda, porque es el dinero el que manda. Antaño se generaban movimientos políticos y sociales para buscar cierta racionalidad en el reparto de la riqueza; ahora es la riqueza -el dinero- el que mueve las piezas del ajedrez político, incluso las mayores, que pensamos que son las que deciden, pero ya sabemos también que damas, alfiles, caballos y torres suelen ser a menudo instrumentos de un rey ajedrecístico que apenas se mueve en el tablero, pero es el que lo decide todo. Eso sí, ese rey llamado dinero tiene muchas cabezas, con lo que viene a ser una especie de monstruo mítico como la Hidra de Lerna, o una Medusa diabólica que va por libre porque está visto que Perseo ya no tiene capacidad para cortarle esa cabeza laberíntica.

 

 

Vivimos tiempos complejos, porque esas dos caras de la moneda son la fiesta y la destrucción, a la vez o por turnos. Tampoco sirve ya el mandato loyoliano de que en tiempos de desolación no hacer mudanza. El mundo de desmorona y a la vez organiza galas para lo que sea, y ya nadie se plantea qué habrá al doblar la siguiente esquina. Arde Oriente Medio y seguimos en la fiesta de la ceguera y hasta dicen que Canarias y España van como un tiro. Será como un tiro en la sien, porque, entre el brillo de los drones de Quevedo, sigo viendo salarios de miseria alquileres imposibles y buitres sobrevolando lo que va quedando de lo que pudo haber sido y no fue, como en el bolero (perdón, que ahora los boleros son arqueología).

 

Es decir, el mundo va bien, aunque arrasen sin miramientos tierras y gentes, condenen a pueblos al sufrimiento porque quien mueve el tablero prepara un jaque mate, y aparecen tirados por todas partes los pedacitos de lo que debiera ser un mundo más justo, y ya van sin máscara los que se erigen en paladines de la democracia, la libertad y los Derechos Humanos. Como sé que van a decirme que los míos no se libran, diré que esos que otros suponen míos también son piezas de este ajedrez de locos. Solo un ejemplo para que quede claro: no hay equidistancia entre María Corina Alonso y Delcy Rodríguez o entre Zelenski y Putin. Todo es mentira. La Humanidad está perdiendo la guerra contra sí misma, y mientras tanto sigue de fiesta como la orquesta del Titanic.

 

De la televisión y las redes sociales, mejor ni hablo; del arte engañoso y truculento, tampoco. Ni siquiera merece la pena hablar de literatura, porque el dinero también ha llegado y puede comprarlo todo. La cosa se parcela entre los y las  estrellas que revolotean en lo que suelen llamar éxito y una multitud de llorones y mendigos que se sienten expoliados.  Tampoco aquí cabe la equidistancia, el arte y la literatura son otra cosa, pero eso ya no existe. Escasean quienes van algo más allá del umbraliano mantra de “he venido a hablar de mi libro”. Si fuera por mí, creaba cauces para la cultura, suprimía los premios Canarias, Cervantes y hasta el Nobel, porque escribir un gran libro es cosa de talento, y eso viene en el frasco, como tener los ojos azules. No creo que deban premiar a nadie por tener los ojos azules… o sí, porque a ver qué demonios es lo que premian cuando eligen misses, reinas del Carnaval y demás machangadas que ponen a la mujer el precio de la ternera lechal.

 

Y estoy tan confundido como un ya lejano alcalde tirajanero que se molestaba porque en Fitur se mezclara el “Sol y Playa” con los chorizos de Teror y los bizcochos de Moya . Y la confusión surge porque aquí cada cual hace la guerra por su cuenta, se embarullan las consejerías, los patronatos y las oficinas de Turismo con la promoción de Canarias. Son cosas distintas, y parece mentira que el destino turístico más visitado del planeta aún no sepa la diferencia entre una Sociedad de Promoción de un anuncio turístico. Tal vez tuviera razón el ya mentado ex alcalde al decir que una feria de turismo no es lugar para anunciar chorizos de Teror, que en una feria turística se venden instalaciones, clima y servicios.

 

Y en esta confusión, se busca siempre dinero en instituciones pública dedicadas al Turismo, sea para patrocinar un partido de fútbol, una película, un disco o una carrera de galgos. A nadie se le ha ocurrido que se cree una sociedad para promocionar Canarias, como tienen en Cataluña o Valencia, y ahí mostramos cultura, historia, gastronomía, ciencia y lo que haga falta. De manera, que todos y ninguno tienen razón, porque no hay quien reparta juego y ordene el partido. Esto no costaría más dinero, se trata de gastarlo bien.  ¿Es tan difícil de entender? Siempre estamos con la cantinela de que Canarias tiene otras cosas, además de sol, playa y clima, que fuera no se enteran, porque lo decimos donde no debemos, en las ferias turísticas. Una sociedad de promoción de Canarias vende imagen, cultura, plátanos y folclore. ¿Qué interés tiene un turista helado de frío por los huesos cromañones del Museo Canario? Quiere sol para calentarse sus propios huesos, y lo de las momias ya si eso; vamos, que le importan un carajo porque vendemos muy mal.

 

Pero si, fuera del mercado turístico puro y duro, decimos a los demás que Canarias existe, que hay eventos de gran envergadura con periodicidad constante y que serían punto de mira exterior, que hay afamados bizcochos en Moya, rapaduras en La Palma y cabras por un tubo en Fuerteventura, estaremos en los medios y crearemos imagen de la que se beneficiará el turismo, la agricultura, la artesanía y hasta los intelectuales mendicantes. Algo así intentó un grupo liderado en 1966 por Orlando Hernández (un escritor cuya interesantísima obra necesita una urgente revisión académica), y que llamaron “Operación Camello” porque al final tuvieron que conformarse con embarcar camellos hasta Cádiz y luego ir en caravana hasta Madrid. La cosa iba en serio, pues llevaron con ellos hasta una reproducción de la talla de La Virgen del Pino para dejarla en la entonces inacabada catedral de La Almudena. No sabemos mucho más, pero la idea era poner integralmente a Canarias en el mapa, y resultó que, incluso en Canarias, fue tomado como una humorada, con fotos diarias de aquellos aguerridos isleños en camello por la ardiente planicie de La Mancha hacia Madrid. Pues ahora sería lo mismo, pero con drones y móviles, como Quevedo. Es que no nos aclaramos, porque hay que mirar bien aquellas viejas fotos para saber si, en realidad, eran camellos o dromedarios.

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