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Beatles, pero menos

Para vender se buscan las razones más peregrinas. La última es «celebrar» los 40 años de la separación del ya legendario grupo de Liverpool. Con los Beatles ocurre como con todos los grandes mitos, que tienes que andar fino al hablar de ellos, porque si no sale una legión de fundamentalistas y ponen el grito en el cielo. Y es rara esa mitificación, porque normalmente los grupos tienen un líder y los demás se disuelven en el ruido. Pasa con Mick Jagger y los Rolling Stone, Kurt Kobain y Nirvana, John Fogerty y Credence, Jim Morrison y The Doors, Bono y U-2, y así muchos más. Pero en los Beatles se mitificó el conjunto, los cuatro de Liverpool, y probablemente sucedió porque se separaron en la cima del éxito.
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Es curioso cómo las cosas permanecen mientras hay un solo liderazgo, pero es que en los Beatles fue milagroso que aguantaran tanto juntos (otros pensarán que fue poco), porque aquello era cosa de dos, John y Paul. Georges era un buen cantante y compositor, pero no tenía el aliento de un líder, y Ringo pasaba por allí y se marchó en un submarino amarillo. No es posible Rolling con dos Jeaggers, ni U-2 con dos Bonos. Lennon y McCartney demostraron después que son dos grandes de la música «pop», aunque Harrison tuviese un importante éxito con My Sweet Lord quedó claro que la esencia de los Beatles estaba donde estaba. Y a lo mejor fue inteligente separarse en 1969, porque si no tal vez el mito se hubiese devorado a sí mismo.

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¡Vaya fauna! (Recortes)

El Juez Garzón, que trató de poner nombres a los muertos de las fosas comunes de la Guerra Civil y el franquismo, está imputado. ¿No les recuerda esto a los tribunales franquistas -militares o no-, que condenaban a los leales a la República por rebelión, cuando los rebeldes habían sido ellos?
El Tribunal Constitucional prepara la sentencia sobre la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña cuando han pasado tres años de su promulgación y ha sido desarrollado en buena parte. Si fallase a favor de los denunciantes se supone que quedarían invalidadas muchas leyes. Tengo la impresión de que, aunque sólo sea para no liarla más, se va a corroborar la validez del texto, y así evitar el caos jurídico que se formaría, con leyes que ya han sido aplicadas y que atañen a muchas personas e instituciones.
zbander4.JPGSi se anulasen las partes del estatuto catalán denunciadas, habría que revisar los de Valencia, Andalucía y las dos Castillas, que contienen artículos muy parecidos y que sin embargo no han sido denunciados por el PP.
El PP y el PSOE no llegan a un acuerdo mínimo para tratar de llegar a un pacto de Estado sobre Educación, y de este modo sigue cada comunidad por su lado y ¡Viva Cartagena! Nadie pone coto al poder destructivo de las televisiones, que incitan a situaciones como la de hace unos días en Pozuelo. Eso no es desobediencia civil ni cosa que se le parezca, es gamberrismo, kale borroka en castellano.
Y mientras, la Educación sigue dejada de la mano de Dios, descargando todo el peso en un profesorado al que previamente se le ha desarmado de la autoridad que es necesaria para impartir clases. Muchos profesores se tientan el cuerpo al salir del aula para cerciorarse de que han salido indemnes y con el pensamiento de «no me han dejado enseñarles, pero al menos no me han pegado, ¡que buenos chicos!» Pero nada, tranquilos, todo se va solucionar cuando el alumnado de 5º de Primaria tenga un ordenador portátil. La pregunta es para qué.
Estamos en guerra, no sólo porque nuestros soldados se la juegan en Afganistán, sino porque al entrar en combate y reforzar las bases con envío de más tropas nos ponemos en el punto de mira de los talibanes, de Al Qaeda y de cualquier terrorista. Y la guerra no se libra sólo en Afganistán. Tenemos triste advertencia de ello.
La crisis económica… El paro… Los impuestos… Bueno, bueno, bueno… Eso lo resolvemos mandando a pasear por las autonomías a los Príncipes de Asturias, que luego el debate se centra en si Letizia hizo o dejó de hacer, dijo o dejó de decir, o simplemente especulando sobre lo delgada que está o los zapatos que calza.
La verdad es que tiene que gustarte mucho el poder para querer ser ahora Presidente del Gobierno. O ser un iluminado que se cree con superpoderes. O ser un instrumento del dinero para tratar de que este siga donde siempre ha estado. Veremos un día de estos a Zapatero con los calzoncillos por fuera como Supermán y a Rajoy conduciendo el bat-móvil. No se extrañen, Aznar en las Azores se convirtió en el Capitán América. Cosas del cómic.
Y la gripe A? Qué quieren que les diga…

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Recordando se aprende

El 11 de septiembre es una fecha que debería estar marcada en negro en los calendarios, es la fecha del odio, la venganza y la sangre, siempre en una lucha del hombre por tener poder sobre otros hombres. Es el designio histórico de la Humanidad.
Recordamos el 11 de septiembre de 2001, cuando en Nueva York, la ciudad que parecía inexpugnable, fueron derribadas las Torres Gemelas, símbolo del capitalismo más voraz. Este atentado parece inexplicable, por su precisión geométrica, y la pregunta que todos nos hacemos es cómo fue posible burlar los sistemas de vigilancia de una de las áreas geográficas más controladas del planeta. La lección paralela que aprendemos es que la perfección no existe, y la muralla más rocosa puede tener una fisura tan leve que nadie es capaz de detectarla y sin embargo puede ser el origen de su destrucción.
Hay otro 11 de septiembre, cuando los sátrapas chilenos que dijera Neruda acabaron con la democracia a sangre y fuego. Luego llegaron la tortura, las desapariciones, los asesinatos, las fosas comunes y el exilio. Aquellas fechas son las del nacimiento de dos mitos: el de Salvador Allende, un hombre que llevó su conciencia política hasta sus últimas consecuencias, y Víctor Jara, un cantor que es un ejemplo para quienes amamos la libertad de expresión, esa libertad que a él le costó la vida.
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Septiembre es el mes de la sangre, y así ocurrió el 5 de septiembre de 1972 en Munich, cuando la organización palestina Septiembre Negro asesinó a 12 atletas israelíes, 12 como las tribus de Israel. Luego hubo venganza contra los terroristas, que fueron eliminados uno a uno (los hemos visto recientemente en la película Munich de Spielberg). Sangre, odio, venganza, sangre otra vez, es la rueda infernal de la intolerancia.
Hoy es 11 de septiembre, y los seres humanos debiéramos proponernos que no haya más expolios que generen odio en los países pobres contra los ricos, que no haya más bombardeos de los palacios de La Moneda que son el símbolo del poder nacido del pueblo, que cada cual pueda pensar y decir lo que quiera, sin que le rompan las manos como humillaron al cantor chileno en el Estadio Nacional. Ojalá algún día seamos capaces de borrar el negro del 11 de septiembre en los almanaques.
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(El ser humano es capaz de levantar ciudades extraordinarias y también de destruirlas)

Sin embargo, estamos subiendo la escalera de la violencia en Afganistán, donde a estas alturas hay un guerra, digan lo que digan, y España participa en ella. Es que no aprendemos.