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¡Qué falta de sensibilidad!

Lo ocurrido con la propuesta de dar el nombre de José Vélez al Palacio de la Cultura de Telde es una muestra más de la falta de sensibilidad del consistorio. Utilizan el nombre de un artista para sus fines políticos, sin tener el menor cuidado en el daño que eso puede hacer a la imagen pública y a su propia autoestima, porque todo el mundo tiene su corazoncito. general[1].jpgEs sabido que la mayor parte de los acuerdos políticos se hacen antes de llegar a las sesiones oficiales, que es donde se escenifican. Que un ayuntamiento dé a una calle, una plaza o un edificio el nombre de alguien destacado es normal, pero cuando esa persona está viva no se puede estar jugando. La escena oficial ha de ser que se aprueba, y eso hay que saberlo antes. Cuando no hay acuerdo previo, no se lleva al pleno, porque resulta humillante para la persona homenajeada, para la gente que la quiere y para sus seguidores. Si hubo acuerdo anterior y alguien se rajó, malo; y si lo que sucede es que una fuerza política no tiene la seguridad del acuerdo y sigue adelante, peor. Pero claro, hay que sacar réditos políticos. No se puede humillar públicamente a un artista; si, en su derecho, este ahora se negara a que dieran su nombre a un edificio dirían que es un desagradecido. Yo lo entendería, es humano y han jugado con él. Aunque ahora digan salmos en latín, jugar políticamente con el nombre de José Vélez es una tremenda falta de sensibilidad cultural, política y humana.

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La bella infeliz

Con la trayectoria y la desaparición de Amparo Muñoz vuelve a repetirse el mito de la bella infeliz, que viene desde la clásica Helena de Troya y transita la realidad y la ficción durante toda la historia de la cultura. Amparo%20Muñoz[1].jpgAmparo Muñoz fue una malagueña bellísima, de esa línea racial que hay en el sur español en el que aparecen genes del norte de Europa, con ojos claros y tendencia al pelo rubio, aunque Amparo Muñoz no tenía la melena dorada de Marisol, pero parecía venir de ahí. Tuvo el mundo y los hombres a sus pies, pero nada la colmó, siempre siguió buscando en el amor, en las sensaciones y a veces donde no debía. La vida se confabuló contra ella, nadie sabe por culpa de quién, acaso también de ella, y la destruyó. En Canarias tenemos el mito de Mararía, la diabólicamente hermosa mujer de Lanzarote cuya belleza creaba desgracia a su alrededor y por ende la hacía desgraciada a ella. Es la historia que se repite una y otra vez en el mundo del espectáculo con Rita Hayworth, Ava Gardner, Gene Tierney, Jean Seberg y sobre todas Marilyn Monroe, un mito en sí misma. Tal vez nunca asumieron el inmenso poder que da la belleza y no supieron administrarlo. En Greta Garbo y Lady Di también hay algo de eso. Amparo Muñoz tuvo lo que millones de personas desean y que nunca tendrán porque la naturaleza y la fortuna se lo niegan, pero aún así nunca fue feliz. Descanse en paz.

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Un aniversario distinto de la RASD

Cada año, al finalizar febrero, se recuerda el aniversario de la fundación de la RASD, y van 35. Los elementos que se manejaban siempre eran fundamentalmente tres: Marruecos, Argelia y La ONU. Este año el asunto es bastante más complejo, porque no sabemos en qué medida van a afectar a los saharauis los acontecimientos que están sucediendo en el Norte de Africa y todo el mundo árabe, y en su caso si va a ser a favor o en contra. sahara[1].jpgLos saharauis viven en el desierto de Tinduf, que es territorio argelino, y los movimientos que están ahora mismo en ebullición podrían cambiar sustancialmente las líneas de conducta de los gobiernos implicados, así como las posiciones de las potencias europeas y Estados Unidos. Una cosa parece muy clara, y es que, pase lo que pase, Marruecos siempre reivindicará el territorio sahariano, haya el cambio que haya, si es que se produce. Siempre se ha dicho que en política lo que no sucede en décadas pasa en una semana. Lo vimos cuando cayó el Muro de Berlín y puede que esté pasando ahora en esta zona tan sensible. Por eso este aniversario de la RASD es muy particular, porque puede que en minutos cambien los interlocutores.