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El gran debate nacional

Siempre nos habían dicho que los dirigentes solían poner cortinas de humo delante de los ciudadanos, para que se entretuvieran en lo accesorio y no dieran la tabarra con lo importante. Decían los rojetes que el fútbol era el opio del pueblo en tiempos del franquismo, pero 35 años después está más presente que nunca: Liga, Copa, Champion y Eurocopa a todas horas. 1110000.JPGEl fútbol fue una vergüenza intelectual hasta que se supo que Serrat y Vázquez-Montalbán eran culés y Joaquín Sabina un sufridor del Atlético de Madrid. Por lo tanto, el fútbol por lo visto ya no sirve, porque seguramente será considerado asunto vital, y hay que poner otros temas para distraer. Llevamos más de dos meses debatiendo en los medios, las cafeterías y la calle la nueva Ley del Tabaco, y cuando empieza a agotarse la alegría de unos y el cabreo de otros, nos dicen que hay que bajar la velocidad a 110 en las autovías y autopistas; nuevo gran debate, que inmediatamente es aderezado con otra medida, la de reducir al 50% el gasto en alumbrado en estas vías. Con esto el personal puede ir moliendo una temporadita, hasta que se les ocurra otra gran medida-estrella. Mientras tanto, las cajas de ahorro que son de todos acabarán siendo de unos pocos, y en la Sanidad pública seguirán recetando aspirinas contra el resfriado aunque luego se lo gasten doblado en neumonías y subirán la gasolina con la disculpa de lo de Libia, que aporta un irrelevante 3% de petróleo a la UE. Pero, oiga, lo de los 110 kilómetros por hora sí que es un debate digno de Voltaire.

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Planeta made in USA

Libia está en una situación que podríamos denominar claramente como guerra civil, asunto no muy raro porque en realidad nunca fue un estado sólido, ya que es un territorio tribal, que sólo ha sido Libia bajo el yugo de Italia o la dictadura feroz de Gadafi. 874zdg.JPGCon la caída de Gadafi ocurrirá algo similar a lo sucedido en Yugoslavia cuando murió Tito, que tenía bajo su puño de acero a media docena de comunidades muy diferenciadas que se enfrentaron inmediatamente. Pero Libia es otra cultura, unas gentes que provienen del Islam y que no han hecho su revolución burguesa; difícilmente van a entrar en el juego de la democracia como la conocemos en Occidente. La Comunidad internacional (o mejor dicho, los países poderosos) debieran ocuparse de que haya un tránsito pacífico, cosa muy complicada cuando antes les han puesto armas en las manos. Eso es lo único que saben hacer, como han hecho en Chad, Somalia, Mozambique, Angola… Y otra cuestión: en este planeta hay unos 200 estados, 192 de los cuales forman parte de la ONU, y eso sin contar territorios que pretenden serlo o que lo son de hecho. ¿Cómo es posible que sea uno solo de esos estados el que siempre intervenga aquí y allá? Estados Unidos ya está afilando sus armas para entrar en Libia, y nadie le dice lo contrario. La UE sigue con su yenka inútil de siempre, y Rusia y China dejan que los yanquis se metan, acaso con la esperanza de que tantos frentes abiertos los debilitarán. Si lo miramos despacio veremos que es un despropósito, es como si ahora al gobierno de Perú o de Nueva Zelanda se le ocurriera mandar tropas a Libia. Nadie lo entendería, y sin embargo se acepta como normal que lo haga Estados Unidos.

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Siempre la intolerancia

Impactado aún por la muerte de la actriz francesa Annie Girardot, que nos dio momentos cinematográficos inolvidables (Rocco y sus hermanos, Morir de amor…), me llega la noticia de que un grupo de intelectuales argentinos, encabezados por el Director de la Biblioteca Nacional Horacio González, quiere vetar la presencia y la palabra de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro de Buenos Aires que se celebrará en abril. girardott.JPGEs paradójico que quien ostenta el cargo que en su día ocupó Jorge Luis Borges encabece un movimiento que lo único que pretende es que no se oigan voces arrítmicas con el peronismo reinante. Con ese mismo baremo, Borges hoy no podría hablar en Argentina. No es de recibo que se niegue la palabra a nadie, y menos desde un sector que debiera defender a marchamartillo la libertad de expresión, pero es que, encima, no se la niegan a cualquiera, sino al único Premio Nobel vivo de nuestra lengua, que, además, es Premio Cervantes. Vargas Llosa es esencialmente un demócrata, y se puede discrepar de sus ideas, pero vetarlo tan descaradamente es una jugada política evidente, pues en Argentina están en vísperas de elecciones y los peronistas en el poder no quieren que nadie, y menos alguien con el predicamento de Vargas Llosa, vaya a colocar en la mesa un discurso diferente. Y es que cuando la literatura le hace el juego al poder mal vamos.