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Sira color de acuarela

sira11.jpgComo diría el poeta Miguel Hernández, en Gran Canaria, su isla y la mía, se me ha muerto como del rayo mi amiga la gran artista Sira Ascanio. Fue siempre una mujer singular, que vibraba escuchando Piensa en mí cantada por Luz Casal, metiéndose en las abstracciones de Kandinsky, que coleccionaba copas de cristal y amigos, que sufría por este país machadiano de charanga y pandereta, que en otra vida de ficción fue Ginebra en Camelot o decía que tal vez un pez o un delfín (yo creo que una sirena), esa mujer se ha ido dejando un rastro de luz que se le escapaba en todo lo que hacía. Por cronología, por postulados estéticos y por contenidos vitales, debiera figurar en la generación del setenta, pero entonces la vida personal la absorbía, asunto crónico por desgracia en las mujeres. Continuar leyendo «Sira color de acuarela»

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Pompeya y el amor sin adjetivos

Hay nuevos datos sobre los dos cuerpos entrelazados en la Pompeya arrasada por el Vesubio el año 79 de nuestra era. Cuando fueron descubiertos petrificados bajo toneladas de cenizas en el año 1922, en la Italia siempre tan dada al amor carnal se dio por hecho que en el momento en que los sorprendió el volcán estaban en pleno acto sexual, y por inercia del pensamiento único de la gente de orden, se decidió que era una pareja heterosexual. Para empezar, imaginar que era un encuentro sexual es una hipótesis aventurada, porque la posición del hallazgo no asegura sino que hay un cuerpo con la cabeza recostada en el lado derecho del torso del otro. Pero se trataba de la Italia roja y negra de Mussollini, la de la pasión, la Italia del mito de Romeo y Julieta, y más tarde de las canciones de Celentano y de los seductores papeles de Gassman y Mastroianni (Visconti y Pasolini molestan en el cuadro que quieren pintar); quedó establecido que era un acto sexual «de toda la vida» porque ya diría Rafaella Carrá que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Se llegó a especular más tarde que podrían ser una madre y una hija, o un padre y un hijo, aunque siempre se imponía el orgullo prepotente de la sensualidad latina: definitivamente, eran amantes.
pompeya.JPGPero la ciencia acaba poniendo tarde o temprano las cosas en su sitio, y las nuevas técnicas forenses, con los medios más avanzados a su alcance, han determinado que se trata de dos varones, ambos entre 18 y 20 años, por lo que todas las hipótesis anteriores quedan anuladas. Continuar leyendo «Pompeya y el amor sin adjetivos»

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Pepe Rivero cambió las reglas del juego

Hoy se ha ido Pepe Rivero. Aparte de su bonhomía y su generosidad -cosas muy corrientes pero poco frecuentes-, siempre hemos sabido que no era uno más. No fue un periodista más, no fue un activista social más, no fue un gestor cultural más. Era distinto, preciso, especial. Todo lo hizo de forma sutil, elegante y sin aspavientos. Tenía una presencia suave, a veces difuminada por propia voluntad, pero siempre se notaba que estaba ahí, que aun a pesar suyo, quedaba siempre su sello en todo lo que tocaba. Hoy es día para estar tristes, pero no puede decirse que lloramos su ausencia, porque esta no se ha producido. Esta idea es muy socorrida cuando alguien se va, pero en este caso es verdad, porque con su manera de hacer las cosas es posible que ni él mismo tuviera consciencia de que, después de él, nada sería lo mismo. Y no va a serlo, porque su trayectoria al frente de su gran proyecto personal que fue -y es- el Museo Poeta Domingo Rivero ha cambiado las reglas del juego. 6677Celajes.jpgLo llevó adelante de la forma que siempre hizo las cosas, discretamente, sin ruido pero con voz. Se hubiera dicho que el nieto de Domingo Rivero quiso homenajear a su abuelo, tal vez porque consideraba que su obra no había tenido la proyección que merecía. Continuar leyendo «Pepe Rivero cambió las reglas del juego»