Con el final de la primavera, llegan las celebraciones y las lágrimas del deporte porque se determina quiénes alcanzan sus objetivos y los que sufren por perder la categoría, que en los deportes profesionales significa también un quebranto económico, cuando no una catástrofe. La mayoría de estos deportes, especialmente en el fútbol, el reparto de dividendos por derechos de imagen y televisión es escandalosamente desproporcionado, de manera que, quienes quedan muy alto en la tabla cobran mucho y los de abajo apenas alcanzan unas migajas, lo que significa que esas diferencias deportivas van a perpetuarse porque quienes más cobran más se refuerzan, y las ligas parten generalmente con una gran desigualdad.

No quiere esto decir que el dinero determine matemáticamente los resultados, porque hemos visto proyectos muy caros que no han alcanzado sus metas, pero, por lo general, salvo delirantes administraciones y errores caprichosos, las glorias serán para los más ricos y las penas para los más pobres. Hay equipos con estructuras muy diferenciadas, tanto en las sociedades a las que dicen representar como en el modo en que se administran y ante quien responden. En Canarias, la presencia de lo público en estos equipos es importante, desde el uso de un estadio de fútbol millonario, propiedad del cabildo de la isla hasta que ese mismo cabildo parta el bacalao en una entidad que tuvo su origen en el ya legendario Claret, que muchos hemos visto crecer hasta cimas nunca imaginadas en su prehistoria.
Quizás esta implicación pública es necesaria, dadas las dificultades añadidas por la insularidad y la lejanía, y la necesidad de que su presencia sea notoria por esa idea de que sus triunfos señalan a nuestras islas ante los ojos foráneos. Si está aceptado que se nota en distintos aspectos cuando un equipo nuestro está en la máxima categoría, no seré yo quien lo contradiga, porque debo suponer que quienes llevan la manija lo tendrán más que comprobado. Lo que he visto en la última década es que las cifras turísticas -que parece que son las únicas que interesan- han subido año tras años, independientemente de si los llamados equipos representativos jugaban en primera o incluso más abajo de la segunda división, como ha ocurrido esta última temporada con el CD Tenerife. Cuando los números bajaron, fue por otras razones, como problemas con turoperadores o la pandemia, pero no porque este o aquel equipo canario fuese goleado en Mendizorroza o llegara incluso a ganarle al Barça en su propia casa, como ocurrió con la UD Las Palmas la misma temporada que descendió. Pero si todo eso funciona, será así y doctores tiene la Iglesia, aunque yo no consiga relacionar causa-efecto. También pudiera ser que no se comunica bien o, vaya usted a saber, ni siquiera intentan explicarlo.
Sí es verdad que hay ilusión cuando las cosas van bien deportivamente, y que puede haber una decepción colectiva cuando las cosas van mal, aunque no sé en qué porcentaje de la población se hace notorio. Sé que hay personas muy entregadas a la UD Las Palmas, y otras que rozan el romanticismo por su apego al Granca de Baloncesto y que estos días están casi de duelo por el descenso, porque han sido muchos años siendo parte muy activa de una afición entusiasta. Pero no sé en qué medida y cómo incide en sus vidas que un equipo ascienda, sea campeón de su liga o, por el contrario, pierda la categoría.
Entiendo que soy un seguidor tibio, y cuando veo un partido quiero que ganen los que visten de amarillo y azul, pero cuando el árbitro pita el final de cada partido, da igual si ha sido una gran victoria, un partido bochornoso o uno de esos que ni fú ni fá; vuelvo a la realidad y agradezco el ratito de evasión que he pasado, pero es como cuando salgo del cine, mi vida no da un giro copernicano cuando veo una buena historia ni se hunde en la depresión si la película es un truño. Es verdad que hay cosas que no se olvidan, pero les aseguro que vi toda la magia que derrochó Germán Dévora, en el Estadio Insular y alguna vez en La Península. Eso es lo que obtuve como persona, complacencia ante una jugada bien realizada. El disgusto no me empujó a alistarme en la Legión Extranjera francesa, cuando, en los años ochenta, después de una quincena larga de años magníficos entre los mejores, la UD Las Palmas cumplió un ciclo y descendió a segunda. Ya vendrán tiempos mejores, me dije. Y vinieron, y se fueron y volvieron, porque la vida es una montaña rusa.
No es plato de gusto que haya descendido el Granca de baloncesto. Pero estas cosas suceden, sobre todo cuando no se está entre los de economía muy fuerte, aunque esos lo pasan peor, porque si no son campeones consideran que han fracasado. Estoy convencido de que, si el ya mítico Claret logró destacar durante más de tres décadas en España y en Europa, volverá a hacerlo, y tal vez entonces valoremos más lo ya conseguido. Somos muy injustos con otros deportes, porque esta misma semana el Rocasa de balonmano femenino, Las Guerreras, se ha proclamado campeón de liga, nada menos, triunfo que consigue por segunda vez en su historia; y el Guaguas de voleibol sigue su marcha triunfal, al ganar por cuarta vez consecutiva la liga de esta temporada, y acumula cinco títulos en seis temporadas, marca que generalmente solo está al alcance de los poderosos. Pues claro que hay triunfos deportivos para celebrar en las Sanjuaneras.
Y ahora a ver qué pasa con la liguilla de ascenso que va a jugar la UD Las Palmas, pero eso no lo sabremos hasta el día 20 de junio, si pasamos la primera ronda, porque si no es así ya tendremos respuesta el día 10. Menos mal que los resultados han jugado a favor. De haber alcanzado otros puestos en la clasificación, tendría que haber jugado el día 9 o 10 en Gran Canaria, lo que habría propiciado una carajera considerable y seguramente hasta un cambio de fechas, porque habría poco tiempo para montar con garantías la gran infraestructura que se ha diseñado para la misa del Papa el día 11 en el Estadio de Gran Canaria. Pero la UD juega contra el Málaga el día 7, y supongo que cuatro días es tiempo suficiente. Salvo que sean muy adictos, este verano va a haber fútbol hasta para huir de él, 104 partido del Mundial, algunos de madrugada. Y en agosto, otra vez la liga.



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.
En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.