Liderazgo
En los momentos complicados de la historia, se necesitan liderazgos claros. No hay que entender mal su significado, pues no se trata de encontrar caudillos iluminados que conduzcan al pueblo en el paso del Mar Rojo, sino que tengan un proyecto claro y que sepan transmitirlo. A eso seguramente es a lo que llaman carisma, una persona que señale y ejemplifique la actitud colectiva, y que, como señala Maquiavelo, represente un estado de ánimo a menudo distinto al de los otros, para así transmitir que sabe la ruta sin titubeos. Y es precisamente eso lo que falta en los dos partidos que conforman el Gobierno de Canarias. Sus máximos representantes fueron candidatos únicos en los congresos que acaban de celebrar sus formaciones y en los dos casos obtuvieron poco más de la mitad de los votos de sus correligionarios. Formalmente es correcto, es democracia pura, la mitad más uno, y eso estaría bien si hay dos candidatos, pero habiendo solo uno y que la otra casi mitad vote en blanco tiene un significado muy rotundo: su liderazgo partidario está como mínimo en entredicho, y más si importantes figuras han escenificado su oposición. ¿Qué liderazgo social podemos esperar de dos políticos -ahora Presidente y Vicepresidente del Gobierno de Canarias- que ni siquiera son capaces de aunar voluntades en sus respectivos partidos? Seguramente hay demasiado intereses que no alcanzo a vislumbrar, pero en buena lógica, si yo fuese uno de esos políticos no aceptaría esa pírrica victoria, nombraría una gestora y convocaría una nuevas elecciones a las que, por supuesto, no concurriría? Me dirán que es cosa interna de los partidos; pues no, porque todo eso es un entramado democrático que tiene como fin el interés general de la sociedad, y con este paisaje no veo yo ningún faro que nos permita atisbar algo de ilusión y esperanza.
de ser una dictadura a convertirse en una monarquía parlamentaria. Y es verdad que fue así, lo que no está tan claro es que esa monarquía parlamentaria fuese todo lo democrática que debió ser. Como ocurre cuando se construye con malos materiales, el tiempo afecta al adificio, y eso es lo que le está pasando al sistema político español, que tiene aluminosis, y es ahora cuando revela los errores y las prisas, con los cuarteles vigilando qué se hacía en 1977. Esto pudo ser una disculpa entonces, pero han pasado 35 años durante los cuales se ha podido avanzar en la calidad democrática. Nada se ha hecho, y el descrédito del sistema, la sensación de una representatividad que no se corresponde con la realidad y la evidencia de que durante décadas hemos estado en manos de irresponsables aconsejan un cambio de rumbo urgente. Eso es lo que surge desde movimientos como el 15-M, pero los partidos políticos, instalados en una inercia egoísta y a la vez suicida, se niegan a verlo. Es verdad que la crisis económica no aconseja hacer olas demasiado grandes, pero la historia nos dice que los grandes cambios se producen en tiempos revueltos. Y hay otra constante histórica: lo que no se hace cuando es debido acaba imponiéndose por el peso de los hechos, y cosas que durante años no ocurren y que parece que necesitarían mucho tiempo suceden en una semana. Ojalá los dirigentes reflexionen y se pongan a trabajar en algo más que en garantizarse un puesto público o un cargo en su partido, porque hemos pasado de la libertad sin ira a estar iracundo e indignados, sin más.
Aunque todos los comentaristas especializados dan un voto de confianza a Del Bosque, yo creo que el seleccionador ha perdido una oportunidad de oro para llevar a Polonia y Ucrania lo mejor de este país. Ante la sensible baja de Puyol, yo habría seleccionado al entramado del caso Gürtel, bien cerradito atrás, y cuando procede, un zarpazo que mande a la caseta a cualquier Garzon que quiera colarse. En el centro del campo hay que dejarse de filigranas y poner a gente que «esconda» la pelota y sepa jugar sin balon, jugadores que sean capaces de hacer aeropuertos sin aviones y líneas de tren sin pasajeros, gente que no haga ruido y se lo lleve crudo, con experiencia en municipios turísticos. Para la delantera, no tengo dudas: llevaría al consejo de administración de Bankia, que marea la perdiz hasta que el árbitro acaba pitándole millones de penaltis a favor. Y como hinchada de animadores, detrás de Manolo el del Bombo pondría en doble fila a la plana mayor de los dos partidos mayoritarios, que animan siempre, pase lo que pase, y justifican errores y cualquier otra circunstancia no deseable. ¿Portero? Ninguno, con este equipazo el adversario no va a ver bola, y si es obligatorio alinearlo ponemos a cualquier tipo de estos que apenas sabe hablar y los periodistas lo llaman «maestro» porque mata muy bien los toros. Este sería un equipo invencible, el del pelotazo, y el que ha formado Del Bosque seguramente también lo es, pero tiene el inconveniente de que para ganar los partidos tiene que jugarlos. Y eso es muy cansado.