Estamos crispados y agotados
Ayer hubo temporal y fútbol, pero ya ni me acuerdo porque de un tiempo a esta parte, observo que la gente está cansada, incluso muchas personas son conscientes de ello y se quejan del cansancio. Esto puede ser debido a muchas causas, pero a primera vista parece que tiene que ver con al ambiente general de pesimismo ante la crisis económica. Unas causas son claramente psicológicas, porque estar todo el día recibiendo malas noticias y peores presagios, no saber quién está diciendo la verdad y mirar a un futuro en el que de momento no se vislumbra la luz al final del túnel crea estrés, y como consecuencia cansancio. La gente no duerme bien y esa es otra pesa que añadir a la balanza.
Por otra parte, estar en paro es angustioso, ser jubilado y estar todo el día escuchando el zumbido de este o aquel rumor no es plato de gusto, y la gente que está trabajando lo hace con sus salarios empequeñecidos y el miedo a perder el trabajo. Se ajustan las plantillas de las empresas y a menudo la misma tarea la tienen que hacer menos personas que antes, y calladitos no vaya a ser que pisen la acera. Eso es cansancio físico y psicológico, y encima hay cabreo porque vemos que los políticos siguen su ritmo de gasto personal de siempre: viajes, comidas, coches, dietas. Yo me pregunto por qué cobra dietas un parlamentario por ir al Parlamento si se supone que ya cobra un salario por ello. Hace unos días se publicaba que el turismo ha subido en Canarias un 16%, pero no veo que ello genere nuevos puestos de trabajo. El empresariado también debería ajustar su cuenta de resultados, porque la crisis siempre recae en los trabajadores (y no hablo de las PYMES, que ya tienen bastante).
Esta angustia generalizada genera crispación, y la gente está tensa como las cuerdas de un violín, salta a la mínima, o sin motivo alguno, y eso tampoco es bueno para las relaciones sociales. Creo que esta es una situación en la que todos tendríamos que hacer una piña y poner cada uno lo más que pueda, porque si la carga va ladeada -como es el caso- el barco se hunde.
La cuestión es que Kennedy no era más que otros, pero respondió a una demanda del pueblo americano. Fue la gran esperanza y la gente personificó en él sus ilusiones de cambio. Sin duda él respondió a las demandas, y aunque casi nos mete en una guerra nuclear impulsó la Ley de Derechos Civiles y acabó con 15 años de mccarthismo. Kennedy fue una necesidad, porque no era un santo, pero el sistema no estaba dispuesto a que imprimiera a aquella sociedad el cambio de rumbo que demandaba. Su hermano Robert quiso seguir su estela, pero ni siquiera lo dejaron pisar el despacho oval, no fuera a resucitar el entusiasmo que el pueblo depositó en JFK. Cuando mataron a Kennedy cambiaron el rumbo del mundo para los siguientes cien años, y eso lo sabe el inconsciente colectivo. Sus devaneos amorosos y sus juergas con el clan Sinatra son menudencias históricas para el papel couché. Lo importante fue que representaba un objetivo y con su muerte se abortó. Luego todo ha sido gris, manejado por los poderes económicos a los que él desafió y por eso se lo llevaron por delante.
Es decir, la OTAN va a estar aquí y allá, ahora sin límites definidos, como ya hizo en Serbia y como hace ahora en Afganistán. Es una manera elegante de extender la guerra, el gran negocio, pero con la justificación impresentable de que es la OTAN en misión de pacificación. Dios nos libre de los pacificadores, pues me acuerdo cuando se celebraban los 25 años de paz franquista. Que le pregunten por los pacificadores de la OTAN a los bombardeados habitantes de Belgrado o a los desheredados de Somalia, donde los Estados Unidos se hacen presentes bajo esa bandera internacional después de haber fracasado sus tropas en Mogadiscio (revisen si no la película Black Hawk Derribado de Ridley Scott). Lo acordado en Lisboa significa que los socios van a colaborar activamente en hacerle el trabajo sucio a Estados Unidos allá donde no es aconsejable hacerse presente con su propia bandera. O lo que es lo mismo, más guerras, más sufrimiento y un inmenso negocio para los tiburones de siempre. ¿Obama? Pues eso, otro presidente norteamericano más, igual que todos.