Los idus de marzo aquí no funcionan
El ciego con el que tropezó Julio César cuando entraba en el Senado le había dicho muchas semanas antes que tuviera cuidado con los idus de marzo. La fecha venía a ser el 15 de ese mes, y cuando llegó ese día, César volvió al Senado; al entrar, le dijo al ciego que ya habían llegado los idus de marzo y nada había ocurrido; el ciego le contestó: «pero aún no han acabado». Minutos después Julio César era acuchillado por los senadores. Esta historia, mil veces contada y que seguramente es más leyenda que realidad, debía funcionar en los tiempos en que los actos de los políticos tenían consecuencias, aunque no sé si en el vasto territorio de Roma la provincia de Hispania se movía con parámetros distintos. Y es para creerlo, porque aquí los políticos pueden hacer lo que sea, y todo se resuelve con unas declaraciones que básicamente se resumen en tres palabras: «Y tú más». En un país democrático (incluso en la Roma antigua), Camps no podría ser candidato mientras estuviese encausado, un ministro como José Blanco tendría que haber dimitido por no haber resuelto de un vez la conflictividad del transporte aéreo, alcaldes imputados, concejales caciquiles y políticos inanes en general perderían la posibilidad, no ya de ser elegidos, sino de que sus partidos los presentaran como candidatos. Hay ayuntamientos endeudados por procesos judiciales ocasionados por la ineptitud (a veces por malas praxis deliberadas) de personas que, aunque ya no estén en esos cargos, siguen en la política a veces en escalones superiores. Está claro, los Idus de marzo no funcionan en la provincia romana de Hispania.
Mientras tanto, por aquí seguimos con tonterías y estupideces que ni siquiera resisten la lógica más básica. Se quejan algunos alcaldes tinerfeños de que es un sin Dios que los emigrantes canarios en Venezuela no puedan votar en las elecciones nuestras, y eso es algo que nunca he entendido. La demagogia de que «tienen sangre canaria» y todo eso es fácilmente rebatible. Si un canario está empadronado en cualquier municipio de La Península, podrá votar allí, pero no en Canarias, y sin embargo si vive en Venezuela parece tener un derecho sacrosanto. Pues los canarios que viven en Madrid o Castilla-León tienen esa misma sangre isleña, no votan y no pasa nada; eligen al alcalde de Ponferrada o al de Caracas, y cuando vivan en Canarias, como estarán empadronados, votarán en las elecciones de aquí. Digo yo.