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Mientras no vuelen no pasa nada

Gadafi sacó sus aviones para bombardear a la oposición, y ese fue el clavo al que se agarraron. Crear una zona de exclusión aérea ha sido una buena coartada para atacar las fuerzas del dictador. En Siria y en Yemen los muertos se cuentan por docenas, pero ya se cuidan de no utilizar la aviación. 0tomahawk-1[1].jpgGadafi les ha mostrado el camino, porque si no se puede argumentar la necesidad de una zona de exclusión aérea ¿qué razones va a dar el Consejo de Seguridad para usar la fuerza en esos otro países en los que hay tiranías como la de Libia? Ningún país quiere acciones terrestres, porque sería involucrarse mucho, y si se les ocurre atacar aquí y allá con aviación y misiles, medio mundo se va a incendiar. La guerra es cara, y no están los presupuestos para derrochar. Así que, los dirigentes de la OTAN están en un buen embolado, y tendrán críticas internas si actúan y si se quedan quietos. Como Gadafi resista en el poder y haya que alargar las operaciones se puede volver el asunto políticamente infumable. Pero no pueden atacarle. Mientras tanto, Siria, Yemen y Barhein mantendrán sus aviones en los hangares. Ah, el bloqueo… eso es momentáneo, porque si no se puede comerciar con armas se fastidia el negocio.

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La sucesión

Hay quien tiene buena mano para llevarse bien con sus ex, y dicen los especialistas que eso ocurre cuando la ruptura se produce antes de que se envenene la relación. El romance de los presidentes del Gobierno de España con el poder debe formar parte de otro negociado, porque todos acaban de mala manera. El único que se marchó discretamente fue Calvo-Sotelo, como transcurrió su presidencia, que uno dudaría si existió de no ser porque calladito nos metió en la OTAN. Suárez dimitió en medio de un remolino, Felipe González fue arrastrado por un rosario de hechos y Aznar, csl2886l[1].jpgque pudo irse más o menos bien, empezó a liarse casi al final con lo de la guerra de Irak y lo remachó con la mala gestión de la crisis del 11-M. Zapatero lo tiene muy mal, porque esta crisis de caballo se lleva por delante a cualquiera, y creo que está gestionando muy mal su marcha o su permanencia.
En mi opinión, si quiere hacerle un favor a su partido, debería presentarse y perder con la cabeza alta, para que luego un congreso elija a quien habrá de sucederle. Si se marcha, el sucesor o sucesora recibirá un regalo envenenado, porque puede comenzar su camino perdiendo unas elecciones que querrán castigar a Zapatero, que no es el candidato. Eso le ocurrió a Rajoy, y esa es mala cosa para alentar a un electorado. No quiero actuar de adivino, pero haciendo prolongación de los comportamientos de Zapatero, creo que se irá para poder decir que nunca perdió unas elecciones. Y si se va, debe hacerlo ya, anunciarlo antes de las locales de mayo, para quitar al PP la posibilidad de que las municipales y autonómicas se conviertan en un plebiscito. Sin Zapatero, los candidatos arrastrarán menos lastre. Pero a estas alturas no me es posible creer en la generosidad política, porque es costumbre que, mientras los empecinados caen al abismo, lo hagan gritando aquello de «¡Muera Sansón con todos los filisteos!» Y los filisteos son los de su propio partido. Eso hizo Aznar.

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(Las columnas que se quiebran no son las que derribó Sansón en el templo de los filisteos sino las que sostenía el santuario de la justicia social, el estado del bienestar y las conquistas ciudadanas de más de un siglo).

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Qué mal elegimos

La lógica nos dice que quienes dirigen grupos humanos (barrios, ciudades, naciones) debieran ser los más inteligentes y preparados, y de entre ellos los más honestos. Desde que el mundo es mundo, el poder se determinó por la fuerza, el que era más feroz en el combate, el que amedrentaba más a los enemigos, el más bestia. Y así tenemos la historia plagada de tiranías, que se suceden unas a otras.
pro_photo1300372171[1].jpgLa Revolución Francesa (o inglesa, o americana, la del siglo XVIII) estaba muy bien teóricamente, pero dio lugar a un dictador monstruoso como Napoleón, y de ahí en adelante volvió a ser la fuerza la que se impuso, y proyectos que sobre el papel eran ideales se vinieron abajo a causa de las luchas por conseguir el poder y por conservarlo a toda costa. Ahora mismo, las personas más preparadas no entran en política porque saben que van a estar atadas de manos (y más en España con las listas cerradas), y se dedican a lo suyo. En las portadas de los medios vemos que tampoco dirigen los más honestos. Y el resultado es torpeza tras torpeza, debates de parvulario y una sociedad que se conforma con las cosas no empeoren. Ni las estructuras por las que son elegidos los dirigentes son democráticas, ni el ciudadano puede decidir sobre las personas. Por eso vemos cómo sociólogos se dirigen Sanidad, ingenieros Educación, médicos Defensa, no titulados cualquier ministerio. Ya, me dicen que es que no entiendo de política, y es verdad, entiendo que eso que hacen no es política, es carrera personal. Con estos antecedentes, es casi un milagro que se mantenga el tinglado, porque quienes están en los mandos no saben conducir o quieren llevar el tren a la vía muerta que les interesa.